Un oasis histórico en el desierto de la desilusión
Uno mira las noticias y se cansa de leer malas nuevas a diario. Son como esas olas que no dejan de romper sobre la orilla del mar. Se va una y ya viene otra. No hay tiempo de reponerse ante el sacudón.
En nuestro país, la oleada de la ultraderecha trae reforma laboral, baja de imputabilidad a menores, represión, recesión, inflación y corrupción. Nos relatan una ficción por cualquier pantalla y cuando salimos a la calle la realidad nos golpea en pleno rostro.
Van dos años largos de gestión libertaria y la luz al final del túnel no se ve. Las promesas del bienestar futuro siempre se estiran un poco más pero nunca llegan. Nos corren el arco en todos los tiros. Y para colmo, el presidente saca unas cuentas insólitas, partiendo de un 17 mil por ciento de inflación que se avecinaba y que nadie sabe cómo calculó. Y su estimación concluye con una resta de un 2,5 de inflación internacional al actual número del cuestionado Indec, para sostener que en realidad el índice que tenemos con ese “sinceramiento” sería apenas de un insignificante “cero coma algo”. El problema es que el hombre que vive vestido con un mameluco de una empresa del mismo Estado al que quiere destruir no va nunca al supermercado como el resto de los mortales.
Una buena noticia.
En medio de este caos en el que estamos sumergidos, al menos los pampeanos tenemos una buena noticia. Se acaba de iniciar el dictado de la carrera de Medicina y tal vez todavía no tomamos la real dimensión de lo que significa. Sería de por sí un hecho histórico en cualquier momento de la vida de una provincia, como lo ha sido para el resto con cada una de sus facultades, pero que se haya concretado esta inauguración en esta situación nacional tan calamitosa lleva el suceso a la calificación de verdadera epopeya.
En medio de cierres, ajustes y fuga de cerebros hacia el sector privado o directamente hacia otros países, que un grupo de autoridades y docentes que no tienen el mejor de los salarios hayan puesto en marcha este sueño y lo hayan convertido en realidad es realmente admirable, solamente comprensible por la pasión, la vocación y el compromiso que ponen para realizar su trabajo . Y no hay que olvidar que el logro terminó de consolidarse con el decidido apoyo estratégico del gobierno provincial.
En esta realidad de tierra arrasada, de vivir en un reino del odio, con derechos vulnerados, cada paso vale doble. Por eso, crear una facultad tiene un enorme significado: genera arraigo, prestigio, creación de recurso humano con un perfil definido a una idiosincrasia, movilidad ascendente, movimiento económico indirecto y otro sinfín de beneficios. Aunque otros militen el ajuste y sostengan que las universidades públicas malgastan subsidios y generan pérdidas al Estado nacional, esta realidad es bien distinta. Es, ni más ni menos, que una arista más de una enorme batalla cultural que hay que seguir dando en todos los frentes: el político, el gremial, el legislativo y -sobre todo- el mediático.
Que la respuesta ante una nueva oferta académica haya sido una inscripción de más de 700 estudiantes habla por sí sola: muestra una demanda de jóvenes y no tan jóvenes que querían estudiar y no podían. Si hasta se ven padres e hijos cursando juntos, o pibes que decidieron ponerse al día y terminar de una vez el secundario para estar en condiciones de iniciar las clases en la universidad. Muestran, en definitiva, un montón de sueños que se hacen realidad.
Mensaje y ejemplo.
Hay un mensaje claro, el mismo que se transformó en consigna con “El eternauta”: nadie se salva solo. La Pampa le está mostrando un ejemplo al resto del país. Aún en el peor de los momentos, con determinación y con unidad se puede enfrentar un viento feroz en contra y avanzar hasta encontrar ese oasis de ilusión en medio de un desierto de desesperanza.
Habrá que aferrarse a estos ejemplos para seguir adelante y volver a creer que un futuro mejor es posible. Si todos aportamos pensando en que aún estamos a tiempo de frenar tanta destrucción, queda chance de reconstruir definitivamente un país en el que se pueda recuperar el bienestar general. Sabemos que se puede, porque alguna vez lo tuvimos. Solo queda recuperar nuestros sueños y tratar de que no nos lo vuelvan a arrebatar jamás.
A contramano de una realidad nacional de recortes, cierres, ajustes y despidos, los índices muestran que la provincia crece y la universidad también. Hay una esperanza en un futuro mejor. No es poca cosa en medio de un panorama desolador.
DANIEL ESPOSITO
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