Una propuesta modesta
Dio un poco de vergüenza ajena el entusiasmo con que casi 150 diputados dieron media sanción a la propuesta oficialista de bajar a 14 años la edad de imputabilidad penal. Contra la opinión casi unánime de quienes se dedican a, y estudian, estos temas, dolía sobre todo ver a los amigos radicales concediéndole a la derecha rancia su sueño húmedo de encarcelar a los jóvenes marginados por sus propias políticas económicas. Cada vez parecen menos radicales. Y, ciertamente, no se comportan como amigos.
Niñez.
Para el gobierno no fue sino un gesto de coherencia con su política de mano dura. El propio presidente, con su pasado de niño apaleado, le ha dedicado especial atención a los menores, para desgracia de éstos. Como cuando comparó al Estado (entidad que él comanda) con "un pedófilo entrando a un jardín de infantes con los chicos encadenados y envaselinados", una imagen que sólo puede provenir de una mente perversa.
Se recuerda también aquel discurso en una escuela secundaria, en el que luego de criticar el "mecanismo de lavado de cerebro que es la educación pública" se despachó con otra frase inmortal: "El burro tiene éxito por insistidor, no por lo otro... ¿Se entendió, no?". La jornada coronó cuando un alumno se desmayó detrás suyo, y en lugar de asistirlo o preocuparse aprovechó para burlarse.
Quién sabe, si después de este "triunfo" en contra del humanismo, no dará rienda suelta a su programa libertario, que incluye entre otras cosas la posibilidad de vender a los propios hijos, sea para adopción, o para ingresar a un desarmadero de órganos.
Swift.
Esta última propuesta suya recuerda un poco a aquel ensayo satírico de Jonathan Swift -el autor de "Los viajes de Gulliver"- referido a la situación del hambre en la Irlanda colonizada por los ingleses (1762), "Una modesta propuesta para evitar que los niños de la gente pobre se transformen en una carga para sus padres y para el país, y hacerlos útiles para el público".
En la hipérbole del genial escritor irlandés, la "propuesta" consistía en permitir que los pobres puedan vender a sus hijos para ser utilizados como alimento. Y es que, en una frase que bien podría suscribir el presidente argentino, "un niño sano y bien nutrido de un año de edad es la más deliciosa, nutritiva y satisfactoria comida, sea guisado, asado, horneado o hervido; y sin dudas quedaría muy bien en un fricassee o en un ragout". Hay que decir que para su época, Swift tenía un conocimiento sorprendente de la gastronomía francesa.
Dentro de su ironía, se empeña en rechazar las propuestas que en realidad apoyaría, como por ejemplo, que los irlandeses no usen ni ropa ni muebles producidos en el extranjero, que rechacen los bienes lujosos, que cultiven la parsimonia, la prudencia y la templanza, que aprendan a amar a su tierra, abandonando animosidades y facciones, que eviten vender a su país y sus conciencias a cambio de nada, y que se enseñe a los terratenientes a tener un mínimo de piedad para con sus obreros.
En resumidas cuentas, propone abandonar la mentalidad de colonia resignada, una propuesta tan válida en la Irlanda del siglo XVIII como en la Argentina de hoy.
Crimen.
Edmund Wilson sostiene que la lógica de "Una modesta propuesta" podría compararse a la irónica justificación del crimen (erróneamente atribuida a Marx) según la cual los criminales contribuirían a controlar la explosión demográfica.
Lo cual nos trae de vuelta al tema inicial, que es básicamente la política criminal. Hay una cierta esquizofrenia en un gobierno que, por un lado, propone la mano dura, el "ojo por ojo" y "el que las hace las paga", y al mismo tiempo, desde el discurso presidencial, ensalza al delito y a los delincuentes. El presidente lo ha dicho no una, sino muchas veces: él está más cómodo con la mafia o los narcotraficantes que con el Estado, esa expresión de la civilización humana a la que él rechaza (aunque medre con él).
La verdad es que, muy lejos de erosionar o de combatir al Estado -como pregona- este gobierno responde casi como un manual a la teoría marxista, según la cual el sistema legal no hace otra cosa que perpetuar la estructura de clases. Y sus jueces, policías y prisiones, con la persecución selectiva de los pobres, sirven para mantener la "estabilidad" del capitalismo y suprimir el disenso. Que lo digan si no los manifestantes que esta semana fueron a protestar al Congreso.
Siguiendo con ese esquema teórico, la supuesta "criminalidad", lejos de ser una expresión del vicio o falla moral, se erige como una respuesta racional a un sistema injusto. Un sistema que ensalza el egoísmo, debilita los vínculos sociales, y por ende promueve el delito. Salvo, claro está, que ese delito será perseguido sólo si el transgresor está en el estrato social más bajo. Los mega-canjes de deuda externa, la toma de deuda a cien años, la fuga de capitales, los préstamos fraudulentos de bancos estatales a empresas estafadoras, las coimas a funcionarios en la obra pública y el espionaje generalizado con fondos del Estado (incluyendo a los propios familiares) pueden dormir el sueño de los justos. Eso, sólo para limitarnos a ejemplos cercanos, y no ingresar en la formidable red de pedofilia que se ha develado en el Norte, cuyo único vector, sin discriminar demócratas, republicanos, académicos o empresarios, era la impunidad de la clase privilegiada.
Desde esta perspectiva, el gobierno se quedó corto, la suya fue una “propuesta modesta”: ¿Por qué parar a los 14 años? ¿O a los 13, como expresaba el proyecto original? Ya que tanto les gusta la sinceridad y lo disruptivo, que declaren de una vez que los niños pobres interesan sólo como fuentes de proteína. Fin.
PETRONIO
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