La unión hace la fuerza

Lichi viaja a Córdoba a jugar al básquet, sale a cenar con los compañeros, hace trabajos prácticos en grupo, juega, se divierte, estudia. Tiene síndro-me de Down y a sus 13 años disfruta como cualquier chico de su edad.

“Lo que está bueno es que él la pasa bien, aprende, se divierte con las cosas que le decimos. Y le gusta el básquet”, dice Benjamín (11) mientras descansa del partido de entrenamiento. Le tocó hacer de “guía” de Lichi y junto al resto del equipo preparan al costado de la cancha algunas jugadas para el próximo “picadito” de los azules contra los amarillos.
Lichi es Lisandro Buffa. El sábado cumplió 13 años rodeado de sus compañeros y compañeras de la Escuela 143 Mariano Moreno y de sus amigos de básquet del club All Boys, con quienes mañana viajará hacia Carlos Paz para un torneo que dura tres días con equipos de todo el país.
“Está bueno que viaje con nosotros. Ya hace bastante tiempo que viene al club y entre todos lo ayudamos. Cuando jugamos contra otros clubes él siempre viene y nos hace caso, así que es positivo tenerlo en el equipo y se nota que a él le gusta estar”. Valentín (11) habla mientras Mateo (11), Lucio (11), Sebastián (11) e Iñaki (12) le hacen chistes y le indican a Lichi su lugar en la cancha.
“Franco, su hermano más grande, jugó de chico en el club. En casa tenemos un aro de básquet y a Lisandro siempre le gustó tirar. Nos parecía buena la idea de intentar algo grupal ya que Lichi es un poco tímido. Lo charlamos con su profe de la Escuela Deportiva a la que concurría (todos chicos con características similares) y nos dijo que iba a averiguar qué lugar podría adaptarse a él. Así llegamos al club All Boys con el profe Fede Larroudé que es un genio total. Los chicos son súper compañeros y este año tiene al profe Diego Dettoni que tiene un gran corazón y predisposición”, aseguró Laura García, la mamá de quien este año termina la etapa de la escuela primaria.
Hablar de discapacidad e inclusión es algo que tomó fuerza en los últimos años. Y son los niños los que, muchas veces frente a la mirada prejuiciosa o temerosa de los adultos, viven con naturalidad un día a día que deja de lado las diferencias. “Los niños no discriminan hasta que alguien les enseña”, se puede leer por ahí.
“Hicimos distintos trabajos prácticos en grupo y vamos a la casa de Lichi o viene él a la de alguien. En el último trabajo que hicimos él preparó una parte sobre deporte y básquet y lo expuso en clase, trabajamos re bien en equipo”, aseguró Máxima (11), una de las compañeras de Lichi desde el jardín de 5 años.
Hace pocos días los varones del grado salieron a cenar a una casa de comidas rápidas del centro de la ciudad. “Fuimos todos los del curso y Lichi anduvo bárbaro. La pasamos re bien, siempre va a los cumpleaños y a las cosas que se organizan”, apuntó Bautista (11).
“Creemos y apostamos a la inclusión porque incluir es natural, te da poder, te inspira, te fortalece, es una experiencia completa de pertenecer. Estamos convencidos de que la presencia de chicos con discapacidad en el aula garantiza, para los alumnos en general, aprender a valorar y a reconocer la diversidad humana, así como aceptar y lidiar con las propias limitaciones”, aseguró Laura, segura de que “la inclusión, funciona”.
“La escuela, en nuestro caso,no solo nos abrió sus puertas sino que nos dio la bienvenida, tanto docentes como directivos. Y por sobre todo las familias y sus hijos. Luchamos por una escuela para todos siendo cada uno diferente”.
Lichi lanza pelotas hechas con medias viejas y Josefina las ataja. Es la hora de Educación Física y un método tan antiguo en plena era de pantallas tecnológicas no deja a nadie afuera al momento de poner en práctica un derecho básico de la niñez: jugar.
“Lo que yo noto y me gusta resaltar es la predisposición que él tiene para trabajar. Y cómo sus compañeros lo tratan como un par, cómo están dispuestos a ayudarlo, a protegerlo y a guiarlo. Tienen naturalizado jugar con Lichi, no hace falta decirles nada y eso es lo más positivo. Además, cuando jugamos contra otros clubes los chicos también respetan sus tiempos y su lugar. Lo hacen partícipe”, resaltó el profe “Fideo” Dettoni que con su vozarrón incentiva a Lichi a que pruebe su puntería con la pelota naranja.
En el club o en la escuela Lisandro se siente cómodo. Participa y respeta consignas. Trabaja en equipo. “Cuando le toca jugar a Lichi el profe designa a uno de nosotros para que le haga de guía: lo acompañamos en la cancha para indicarle dónde ubicarse y para que esté cerca de la pelota. Los que hace más tiempo que venimos a básquet somos los que hacemos esa tarea, pero todos lo acompañan sin problemas”, detalló Valentín sobre una compañía que está en entrenamientos y en partidos. De local o cuando hay que viajar. Lichi siempre está.
“El año que viene entramos a la secundaria así que será una nueva etapa porque ya no vamos a estar los del grado juntos. Es un desafío para todos y para Lichi es lo mismo, habrá que adaptarse a lo nuevo”, anticipa Malena (12) sobre lo que se viene en pocos meses.
Víctor, su papá, Franco (23) y Martina (22) completan con Laura la familia que apostó por la inclusión. En el aula, en una cancha, con sus pares. Lichi sonríe, saluda y prueba otra vez un tiro al aro. Entre todos parecen empujar la pelota porque, cuando hay equipo, nadie duda de que la unión hace la fuerza.