Demasiado larga la espera de un milagro para la Sala

Señor Director:
Si mal no recuerdo, no he hablado del caso Milagro Sala.
De ser así, puedo explicarlo por haber esperado la pronta resolución de los reclamos por su libertad. Me ha parecido absurdo alargar una detención que pudo atribuirse inicialmente al propósito de advertir que el nuevo encuadre político incluía un cambio de actitud ante la posición militante de sectores de la población que han vivido subordinados socialmente. Los Túpac Amaru son mayoritariamente, sino totalmente, descendientes de etnias aborígenes precolombinas. Han ocupado el nivel social y humano más bajo desde la irrupción europea, sin que su situación se haya modificado de manera significativa con la independencia ya bicentenaria.
Por conocer la rígida estratificación social de ese sector del territorio nacional supuse que ante el intento de levantar cabeza de la Túpac Amaru podría ser esperable una reacción enfadada de los sectores tradicionales nunca dispuestos a aceptar un cambio que supusiera que los aborígenes pudiesen iniciar un avance en el reconocimiento de derechos, como se les hizo posible durante el proceso político nacional iniciado por Néstor Kirchner en 2003. La Túpac abrazaba una ideología que no coincide enteramente con esta propuesta, pero halló en ella la oportunidad para demostrar su aptitud para organizarse y operar colectivamente a fin de asumir una suerte de empresa cooperativa, que comprometía al conjunto en el empeño por empezar por el Techo de la trilogía (integrada además por Trabajo y Tierra) el demorado camino hacia la igualdad de oportunidades. Supuse que en ese empeño pudieron haber cometido errores que dieran pretexto para tratar de “bajarles el copete” y devolverlos a ese nivel de desigualdad y abatimiento que Moreno ya había considerado obsoleto en los escritos revolucionarios de este numen de Mayo (“condenados a vegetar en la oscuridad y el abatimiento”).
Creí y esperé que el nuevo gobierno nacional no tardaría en quitar respaldo a esa actitud abusiva, ya porque la leyese como tal (como abuso) ya porque la estimase como un factor inconveniente en el comienzo de su gestión. Es sabido que el derecho de las comunidades precolombinas está claramente reconocido en las resoluciones que se han venido adoptando en las Naciones Unidas y que constituyen actualmente un cuerpo doctrinario y legal (incorporado por las naciones miembros) que actualiza y amplía el enunciado de los históricos Derechos del Hombre, centrados en el reconocimiento de la diversidad de formas
culturales que se han dado durante el largo proceso histórico y, en particular, el principio de igualdad. Me refiero a lo existente en el orden legal y en lo declarativo, que parte de la igualdad natural de los individuos de nuestra especie. Esta declaración no determina una igualdad operante, pues no hay manera de imponer cambios de efecto instantáneo en las costumbres y en las valoraciones dominantes. Quiero decir que la igualdad, si bien es un derecho, queda propuesta como objetivo a concretar en un proceso de transformaciones que variará, en su duración, de conformidad con la diversidad de puntos de partida. La igualdad, como la libertad, como la democracia, son proyectos que probablemente nunca tendrán realización plena, ni menos aún en un plazo determinable.
Esperaba que la prisión de Milagro Sala no durara por la inexistencia de cargos justificativos de la prolongada prisión a que se somete a esta conductora de los tupaqueros (militantes de Túpac). No hago estas consideraciones desde la posición de un iluso que desconoce la realidad social y política, sino desde lo que hay de realista en mi modo de entender los procesos culturales. ¿Acaso el neoliberalismo necesita hacer escarmientos particulares, cuando ha podido acrecentar la desigualdad en todo el mundo hasta el extremo inconcebible de nuestros días?
Atentamente:
Jotavé

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