«El regreso del río» hecho zamba

Redaccion 02/10/2021 - 21.13.hs

El agua como inspiración para el artista. El agua como condición para vivir; en La Pampa y en el mundo todo. En este artículo conocemos la historia de «El regreso del río», de Carlos Rodrigo y Cacho Arenas.

 

Ernesto Del Viso *

 

El cancionero popular del mundo entero, ha encontrado una fluida fuente de inspiración, en los Recursos Hídricos. El elemento vital para la vida humana -animal y vegetal-, es material constante para el trabajo de poetas, músicos, artistas plásticos y también para aquellas voces anónimas que cierta vez echaron a rodar coplas o refranes.
«Del Agua viene la vida, de la vida la canción» (Alabanza del agua, E. Morisoli y L. Molina).
Canción y vida en eterna comunión para alabar a ese elemento infaltable no solo en el ser humano sino para todo el Reino viviente del universo.
Ella enciende nuestras alegrías y también ocasiona nuestras penas en la renuencia, en el atajo mezquino, en la incompleta resolución del «Ciclo del agua», suspendida de una nube que no llegó a tiempo a formarse.
Ella, el agua, nombra los parajes de nuestra Pampa por donde escurre y por donde no, también: Bañados del Atuel, Arroyo de la Barda, Agua del Chañar, Salto de la Puntilla, Cura-Co, entre tantos.
Ocasiones, fines del siglo XIX y principios del XX, señalaban el sitio exacto donde establecer el agua fresca, para alimentar el vientre sediento siempre, que cada 20 km expiraba en las viejas locomotoras a vapor en los inicios del ferrocarril. Uno de esos acontecimientos ocurrió en los inicios de Winifreda, la localidad ubicada a 45 km al norte de la Capital pampeana.
Decía por entonces, octubre de 1989, Daniel Pellegrino, en la Revista de la Fundación Chadileuvú, «Cauce» Nº 4: «El agua fue elegida. Ella fundó la última estación del Ferrocarril Sud, Oeste y Midland, y también fundó un pueblo que llevaría nombre de mujer: Winifreda». (1)
Calma al fuego cuando éste se embravece, contradictoriamente, en su ausencia.
Salada, empaña el milagro que propone la dulzura del médano y el río. Salitrosa enriquece el paisaje del sur santiagueño o de las nuestras «Salinas Grandes» de Atreucó o el Salar de Uyuni, en medio de los Andes, en el sur de Bolivia, el más grande del mundo.
La falta de agua o su exceso no son ajenas a nuestra provincia; para el primer caso, el ejemplo, uno de ellos, lo brinda la obra poético-musical que presentamos hoy y el exceso devastador, prepotente, agresivo, sin límites, revelado en el poema de Edgar Morisoli «El Bautista de la Rinconada», musicalizado por Lalo Molina, basado en el tristísimo acontecimiento, conocido como «La Crezca Grande», del 31 diciembre de 1914.
Allí el Río Colorado arrasó prósperas colonias y poblados, cobrándose a su paso, muchas vidas humanas, algunas de las cuales, como reza en el Archivo Salesiano de Bahía Blanca, legajo del R.P. Pedro Martinengo: «se hallarán el día del juicio» (2).
Es el mismo «Padre Colorado», que bautiza Morisoli, en el cual los pampeanos han depositado esperanzas como uno de los mecanismos de transformación económica-social a través de las múltiples utilidades que nos puede brindar. Por eso hoy en día preocupa su estado inverso al de 1914, su tan bajo nivel de agua.

 

Unos pocos.
El agua, su posesión, ha sido elemento de poder en otros tiempos, así nos lo refiere el poeta riojano Héctor David Gatica, en una de sus letras que componen «La Cantata Riojana» (1985), con música de Ramón Navarro, en el capítulo denominado «El reparto del agua»; allí nos habla del «derecho del agua», ese poder que detentaban el poder político y el económico, en la región. Esta condición los hacía «felices» poseedores de una mayor cantidad de «marcos de agua», muy a pesar de los desposeídos de siempre, que se tenían que conformar con una mínima cuota del líquido en cuestión y a veces solamente verla desbordar por las acequias y sembradíos de los acomodados: «Como contestó un chuqueño / está de turno don? / de
turno nomás / porque agua no hay».
De esta situación, la sabiduría popular expresa su sentir por la boca de un labriego de Sanagasta (La Rioja) y que alguna vez escuchó el citado vate Gatica: «Dénle marcos de agua al rico / que riega, vende o empeña. / El pobre con un jarrito / puede hacer brotar las peñas».

 

El río estaba de antes.
Dice Armando Tejada Gómez: «La tierra estaba de antes, señor» y nosotros los pampeanos, parafraseando a este mendocino, podríamos esgrimir: «el río estaba de antes», luego otros mendocinos lo cortaron, sin medir las consecuencias o mejor dicho, desoírlas, soslayarlas totalmente, las secuelas que padecerían, a partir de 1947, otros hermanos, con la falta de
agua.
Desde entonces, la vida por el oeste de La Pampa, se fue reduciendo lentamente a un puñado de pobladores que sobreviven al desierto decretado por Mendoza y que se iluminan de esperanzas, cuando ven crecer el río.
«Las ollas de la pobreza, Que lindo, se irán cantando. Se apaga la sed antigua. Fiestita puro milagro». (De la creciente – J.C. Bustriazo Ortiz – Guri Jáquez)
Es precisamente en los primeros años de la década del 70, del siglo pasado, en que se da este retorno fluvial y de lo que se hacen eco los diarios pampeanos La Arena y La Reforma.
La noticia conmueve a un vecino de Realicó, ajeno totalmente a la geografía que baña el Atuel, cuando la baña, no?. Pero no es extraño el sentimiento del hombre, esté donde esté. Hablo de Carlos Rodrigo, responsable autoral de la letra del tema «El Regreso del Río».

 

Vuelve a vivir el Salado.
Hace unos años, Rodrigo satisfaciendo mi pedido, me relató, el porqué de su letra, que luego musicalizará, con ritmo de zamba, Cacho Arenas: «Al leer la información, pensé, que para los ribereños, ésta no era solo una noticia, sino toda una transformación en sus vidas y costumbres, al retornar a cosas olvidadas por los habitantes más viejos y, seguramente desconocidas para la mayoría de las nuevas generaciones; cosas tales como: la pesca, la huerta, la navegación, la natación, solo por citar algunas.
Carlos continúa elaborando proyecciones de esta situación, del río otra vez en casa Pampa, y lo hace con esperanzado relato como si él fuera uno más de los habitantes de la ribera atueleña: «Fundamentalmente, me seducía pensar en la felicidad de la gente del lugar al ver llegar el río, que sin dudas le cambiaría el paisaje. Entonces imaginé la llegada de ese río, murmurando entre las piedras resecas, entre algún caldén muerto y los jagüeles mustios,
envejecidos de sequedad, de tanto esperar ese milagro, que por fin se realizaba».
«Confieso -concluye Carlos Rodrigo-, que pensarlo y escribirlo fue todo uno. Al no conocer el oeste, me documenté de la mejor manera posible con mapas, bibliografía pampa y de una fotografía que de una revista me facilitó la colega periodista Gladys Sago, del viejo puente de Santa Isabel era la foto. La calandria, a la que un día tendremos que declarar pájaro símbolo de La Pampa, no podía faltar en ese paisaje para poner el toque musical y casi mágico, que yo imaginaba. Con el tiempo, Cacho Arenas, le acercó una melodía en ritmo de zamba y que hoy muchos pampeanos, conocen y cantan».
«El Regreso del Río», otro aporte al Movimiento Popular Pampeano en defensa de la preocupación de otros pampeanos por el tema, incluida en la obra «Cancionero de los Ríos».

 

(1) Pellegrino: «Los inicios de Winifreda – El agua en la Estación». Santa Rosa (L.P.), Revista Cauce Nº 4 de la Fuchad, Octubre 1989.
(2) Nervi, Juan Ricardo: «El folklore en la regionalización de la enseñanza. Bs. As. Editorial Plus Ultra, 1987.

 

* Músico

 

El regreso del río (zamba)

 

Letra: Carlos Rodrigo
Música: Cacho Arenas

 

Entre las piedras resecas,
del curso de un río, que estuvo y se fue
vuelven las aguas oscuras,
que de vez en cuando nos manda el Atuel.

 

Vienen bajo el sol de agosto
bañando las ramas del viejo caldén,
aquel que esperando en vano
el rumor del agua, se murió de sed.

 

Vuelve a vivir el Salado,
su antiguo murmullo de arena y tonel,
y le cantan las calandrias
junto al viejo puente de Santa Isabel.

 

El Arroyo de la Barda
abre su garganta de jarilla y sal,
y ese milagro esperado,
pone mil matices en el pedregal.

 

Tornan los mustios jagüeles,
a llenar sus vientres secos de esperar.
donde de noche la luna
como en otro tiempos se vendrá a mirar.

 

Vuelve a vivir el Salado,
su antiguo murmullo de arena y tonel,
y le cantan las calandrias
junto al viejo puente de Santa Isabel.

 

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