Jueves 30 de mayo 2024

"Barrio Sur", de Alfredo Zitarrosa

Redaccion Avances 24/03/2024 - 09.00.hs

¿Qué es una canción?, sino un aleteo mágico sobre nuestros sentidos. De repente, cuando nos suena, nos inunda de misteriosas vibraciones, que dan rienda suelta a la imaginación propia, a nostalgiar en silencio o simplemente desatar en nuestro corazón un singular: me gusta.

 

Ernesto del Viso *

 

Tal vez, esa expresión final, no encuentre en cada uno de nosotros, la certeza razonada. Sí la onda sonora. Lo tímbrico. La coloratura de la voz que expresa el texto. El texto mismo, que interpreta nuestro ser, que ocasionalmente no acierta con lo que el poeta o el letrista, quiso manifestar en él.

 

No refiero a ese “producto industrial”, comercial tal vez, acepción que al decir del poeta uruguayo Enrique Estrázulas, es “preparada para una legión de desprevenidos consumidores”. Sino aquella que labra aconteceres, suceder de históricos momentos en el alma de ser humano.

 

Aquel cántico que testimonia el devenir y el cómo acontecen los días de un pueblo, de una comarca. De la que formula ese paisaje con hombre y mujer, al pié de la existencia misma, con un arco iris de provocaciones que la esencia vital, nos derrama a nuestro paso.

 

La canción, también es un relato creíble de un tumulto de pezuñas que atraviesan en el día, a orillas de un fueguito preparatorio de asado campesino. Detrás de ese bramido que la tierra externa al paso del ganado, la figura presentada sobre el lomo de un caballo, se recorta la función de aquel hombre que está, ante los ojos del asador, como arriero o resero. La escena se representa en los Cerros Salteños de Anta. Año 1944, viaje de Raco del Tucumán rumbo a Jujuy. El que asa una corzuelita a orillas del río “El Espinillo” levanta la vista, interroga al arriero, lo invita a comer y ese joven Yupanqui del fogón, lo eternizará en su canción “El arriero”. La anécdota, tiene en su haber un sinnúmero de haberse dicho, que solo recortaré en la formulación del hombre del caballo, don Anto, que agradece el convite y acierta a decir: “Ajenas culpas pagando, ajenas vacas arriando”. Relato de Sergio Pujol (“En nombre del Folklore” – EMECÉ – 2008), y muchos más, que pronuncian aquel momento en que Yupanqui anota el refrán de don Anto, el que luego se reflejará en la canción “El Arriero” como: “Las penas son de nosotros / las vaquitas son ajenas”.

 

En este caso, el cuadro es perfecto, no da lugar a abstracciones de ningún tipo. Lo figurativo del momento y el instante son tan explícitos, que dicho encuentro entre don Anto y Yupanqui, mientras Ruiz Huidobro, compañero de Ata en la aventura observa la escena, no requieren al que da oídos, más que la escucha de la obra, del principio al fin.

 

La canción del Barrio.

 

En ocasiones, la canción otorgará la posibilidad de cantar al barrio donde uno, o mejor dicho el poeta, en cierto período de tiempo, pernoctó. Caso de Zitarrosa, que tomó prestado el texto de Estrázulas, al que musicalizó para cantar a su “Barrio Sur”, cuando vivía en la calle Yaguarón, casi frente al Cementerio Central, pues frente a su casa hay una plazoleta que ahora lleva su nombre.

 

Por el año 2005, si se me permite la digresión, andando por Montevideo, después de haber asistido a un nuevo “Encuentro de la Canción Infantil de Latinoamérica y el Caribe”, en Piriápolis , y una vez finalizado el encuentro, yo andaba conociendo Montevideo, caminando por la principal calle de esa ciudad, la Avda. 18 de julio.

 

De pronto me cruzo con la calle Yaguarón, detengo mi paso y doblo a la derecha. Camino unas cuadras hasta que diviso la fachada del Cementerio Central (“De tanto vivir cerca del Cementerio/no me asusta la muerte/ni sus misterios – A.Z.).

 

Estoy al 1021 de Yaguarón, donde Zitarrosa vivió por un tiempo de ocho años. A mi derecha, antigua casa de pensión de la madre de Alfredo; él vivía en una bohardilla del primer piso: enfrente, una plazoleta que con el tiempo llevará su nombre. Hoy esa calle Yaguarón, se llama, a partir de la Av. 18 de Julio, Dr.Aquiles R. Lanza, pero la historia es la misma.

 

Ha atardecido, cuasi anochecer y me paro en el 1021 y tal vez me quedo pensando que en el umbral de la entrada a la pensión, y con la luminaria del farol callejero, Alfredo leyó por primera vez al peruano César Vallejo, su libro “Trilce”(apuntes de Estrázulas leídos por el que escribe, muchos años antes de ese viaje a Montevideo).

 

Recuerdo, de aquel ya lejano 2005, que antes de llegar a Yaguarón 1021, perpendicularmente a Yaguarón, he cruzado la calle “Isla de Flores”. Allí, como en tropel, empiezo a entender el “Candombe del olvido”con música de Juan Descrescencio (uno de sus tantos guitarristas) de los años 70, grabado en marzo de 1976 en Buenos Aires, donde hay toda una revisión a ese muchacho que fue Alfredo, viviendo en el Barrio Sur y observando las épocas de los carnavales, con murga y candombe, frecuentador del viejo conventillo “Mediomundo” conocido como conventillo de Risso, construido por 1885, demolido en 1979 escribirá: (“Tiempo raudal, una luz cenital / cae a plomo en la fiesta de Momo. Tiempo torrente que fluye / por Isla de Flores / llegan los tambores”).

 

Esa estancia, en tan distinguido barrio, cuna de milongas, habaneras y candombes, cuna uruguaya del tango, del Barrio Reus (conventillo construido por el financiero catalán Emilio Reus, también parcialmente demolido en 1979, parte también del aglutinante Barrio Sur y su bendito Palermo, dejaron su marca en aquel joven con lentes, flaco, con incipiente “voz de otro”, como lo bautizara Manuel José Castilla en un Encuentro de Folklore Latinoamericano de Salta, donde Alfredo vino a conocer, a mediados de los años 60.

 

De todo esto, nacerán los candombes “Doña Soledad”, “Carta a doña Tomasa”, el menos conocido de todos, tal vez. También aquel “Romance para un negro Milonguero” grabado en 1972 para su primer disco para el sello Microfón de Argentina. Fuerte reminiscencias del Virreynato de la Plata en su letra - relato:

 

 

(Negro Milonguero , qué bien! buen tamborilero también, baila milonga para su mercé como milonga y como candomblé).

 

 

Esta obra “Romance para un negro milonguero”, con clara dedicatoria a uno de sus guitarristas de esos años, Vicente Correa, su interpretación en el “Festival de Agua dulce”, en el Perú (febrero de 1972) , le valió recibir a Zitarrosa, “Mención de honor” en la categoría “Gran premio al intérprete”. La ficha técnica del disco acierta a expresar que en este tema “Romance para un negro milonguero”, se destacan como músicos de sesión, dos que lo acompañaron mucho a Astor Piazzola en sus distintas formaciones, ellos son: Fernando Suárez Paz en violín y José Bragato en cello.

 

También fueron de la partida en la grabación de este tema, con el que Zitarrosa insinúa un Jazz del Sur “Yacumenza”, que concretará con las Melodías Larga I, II y III de los años 80 del siglo pasado, los músicos uruguayos Federico García Vigil y Federico Britos, en “la descarga”, como manifiesta Zitarrosa, en la contratapa del disco de 1972 para Microfón Argentina. Infaltables sus guitarristas de entonces: Nelson Olivera , Vicente Correa y Ciro Pérez.

 

Barrio del Cementerio”.

 

El paso, mi paso, por la calle Yaguarón 1021, ocasionalmente en octubre del 2005, ha quedado fijado en mi retina como para poder empezar a entender un poco más aquella obra poético musical “Barrio Sur”, que además de Zitarrosa, se la escuché cantar a Jorge Bustos y a Nelly Vázquez, entre otros.

 

“Barrio Sur”, con versos de Enrique Estrázulas, pretendió ser, en lo melódico de Alfredo, un tango puro, pero solo se quedó en una “vidalita tangueada”. Cuando presentaba en sus conciertos acertaba a decir lo siguiente, el cantor: “Lo que vamos a cantar a continuación es una vidalita que quiso ser tango. Fue escrita sobre un texto que arreglé, más bien destripé, con la aprobación del autor (Estrázulas), porque tengo el privilegio de ser su amigo. Pero se quedó en vidalita, tal vez porque yo en mi formación, soy del campo. El tango en cambio es un género ciudadano. Esta vidalita habla de un barrio de Montevideo donde yo viví algunos años, el Barrio Sur. La canción se llama “Barrio Sur”.

 

A propósito de que la obra al principio quiso ser un tango, quedó registro en lo que con el tiempo se conoció como “Archivo Zitarrosa”, que la revista uruguaya Posdata, editó hace unos cuantos años, y replicó en nuestras playas, el “Página 12”, de alguna versión primera de “Barrio Sur”, en forma de tango con un piano y una guitarra muy bien punteada, que dan el tono, tal vez justo, a una versión bien tanguera. La grabación es de octubre de 1969. Lo que no sabemos, es por qué Zitarrosa luego desechó esta versión.

 

También y en los mismos archivos –Zitarrosa grababa todo en cuanto a ensayo y creación se tratara– se puede apreciar una versión de “Barrio Sur”, pero más tirando a vidalita, cantada por Alfredo, con una sola guitarra y órgano. Pero tampoco satisfizo al cantor.

 

La grabación definitiva se dio en 1970 en los estudios de Odeón de Buenos Aires y la técnica del gran José Soler, (operador técnico de grabación, legendario del mencionado sello grabador), con una sola guitarra que en ciertos momentos se dobla para dar un tinte de melancolía profundo; y como dijera Estrázula, quedó como una “vidalita tangueada”. Forma parte del repertorio del disco “Milonga Madre”.

 

Recorriendo la discografía del cantor uruguayo, encontramos, en el disco denominado “Adiós Madrid” (México 1979), otra versión de “Barrio Sur”, cuya fecha de grabación es del 8 de noviembre de 1977, efectuada en Estudio Torres Sonido, Madrid. Tal vez en esta versión los guitarristas sean Dionildo “Dioni”, Velázquez y José Luis Peñamaría y tal vez el propio Zitarrosa.

 

En definitiva, tango o vidalita tangueada o canción, “Barrio Sur”, logra ser un retrato tan fiel de ese sitio de la ciudad, que al escucharlo, a uno lo incita a querer, de cierta manera, saber de ese “Barrio Sur” de Montevideo.

 

Originalmente fue un poema que está incluido en un libro de Estrázulas que por fines de los 60 ya había pasado un largo tiempo en que el poeta se lo había obsequiado a Zitarrosa. El momento de entrega, sucedió en una noche de carnaval, donde Alfredo actuaba en uno de esos clásicos tablados de Montevideo, donde protagonizan el canto las murgas, esos verdaderos Coros Barriales, que entonan la realidad nacional, con letras escritas sobre músicas ya existentes.

 

Una de esas noches carnestolendas, Estrázulas acudió a un barrio apartado del centro ciudadano, sitio más bien suburbano, al que acude el poeta con dos argentinos para que supieran del cantor uruguayo, que a esa altura del tiempo, ya resultaba famoso en la Banda Oriental.

 

Ambiente poblado por humildes espectadores que siguieron con suma atención el repertorio de quien en definitiva les cantaba y contaba su propia historia. Un público que aprobaba con cerrada ovación, cada una de las canciones cantadas por Zitarrosa.

 

Finalizada, la mencionada actuación de carnaval, Estrázulas le entregó a Zitarrosa uno de sus primeros poemarios editados, que con el correr de los años, el cantor halló la descripción del Barrio que por algún tiempo, lo tuvo como un vecino más.

 

 

Barrio del cementerio,

 

perros perdidos y silencio,

 

por tus faroles amarillos pasa,

 

recordándome tu amor…”

 

 

Adiós mi barrio.

 

Este no ha sido el único tema musical dedicado o inspirado en “Barrio Sur”. Hay uno de Los Olimareños, que graban en el exilio e incluyen en su disco “Donde arde nuestro sueño”, con ediciones en México (1978), en España (1979), en Argentina (1984).

 

Se trata de un candombe compuesto por Victor Soliño Seminario nacido en España, en Pontevedra – Galicia, radicado desde los 14 años en Uruguay (1897 – 1983) y música del pianista uruguayo Ramón “Loro” Collazo Patalagoiti (1901 – 1981)

 

Originalmente no fue un candombe sino un tango compuesto en el año 1930, por el mismo dúo que ya en 1928 había creado el famoso tango “Garufa” y el Foxtrot “Aquel Pierrot” (1926), siempre en la línea del carnaval.

 

Queda claro que “Adiós mi barrio” precede en más de 37 años a la creación de Estrázulas y Zitarrosa y expone de alguna manera lo que Aarón Lubelski en un artículo que aparecerá en el Número 31 del 15 de mayo 2022, de la Revista Annus Mirabilis, llamará “La piqueta fatal del progreso”, en clara alusión a uno de los versos escritos por Soliño, para esta obra; en esta nota es donde refiere a aquel impulso de modernización, que cambió algunos aspectos edilicios como así también en torno al arte y a la literatura en particular del Uruguay en la década de los años 20 del Siglo XX.

 

 

La piqueta fatal del progreso,

 

arrancó mil recuerdos queridos…”

 

 

“Adiós mi barrio” fue compuesta con motivo de la construcción de la rambla, modificando entonces el Barrio Sur. Por eso su letra:

 

 

Viejo Barrio que te vas

 

te doy mi último adiós,

 

ya no te veré más.

 

Con tu negro murallón,

 

desaparecerá toda una tradición.

 

Mi viejo Barrio Sur,

 

triste y sentimental.

 

La civilización, te clava su puñal.

 

En tus calles de ilusión

 

es donde se acunó

 

el tango compadrón”.

 

 

El tema se estrenó en febrero de 1930, frente a unas 5000 personas, en un tablado de Ciudadela y Maldonado, levantado con tablones y tanques de la compañía de gas. Ese día, de alguna manera la llovizna expresó la desaparición de una imagen del clásico barrio carnavalero, por otra que el “progreso” imponía (Libro “Desde 1811” de la prof. María Emilia Pérez Santarcieri).

 

Collazo sabía de ese Barrio Sur (el bajo de aquellos tiempos), donde había nacido en 1901 . Con Soliño (uno de los fundadores del Club Atenas), el letrista, de la obra que comentamos, junto a Alberto Vila, Roberto Fontaina, su hermano Juan Antonio Collazo, se iniciaron en 1922/23, integrando la “Troupe Estudiantil uruguaya Ateniense (del Club Atenas).

 

Hay otro tema musical, que grabaron hace muchos años, en 1981 exactamente, el dúo trío uruguayo “Pareceres”(Jorge Do Prado, Carlos Rodríguez y Yamandú Pérez), para el disco “Yo sé un camino hacia el sol”.

 

La obra está dedicada a exaltar las características de ese barrio de humildes, de murgueros, de alegres habitantes a pesar de su estrechez económica en la que han vivido. Se llama “Por si vuelvo” del integrante de Pareceres, Jorge Do Prado.

 

 

Barrio sur, casas pintadas

 

de colores diferentes,

 

hoy entré a un conventillo

 

donde habita tanta gente.

 

Alegría por doquier

 

aunque sé de la pobreza

 

con morenos de grandeza

 

que viven para sufrir.”

 

(Jorge Do Prado)

 

 

* Músico

 

 

Barrio Sur”

 

Letra: Enrique Estrázulas.

 

Música: Alfredo Zitarrosa.

 

 

Gorrión que arrulla un sueño,

 

Tarde que cae sobre los gatos,

 

humilde luz de altillo, viejo Barrio.

 

Crepúsculo de vino, patios gastados y dolor,

 

tenés a olor a río, Barrio Sur.

 

Sitio de mí que nadie ocupa,

 

malvón que brota en un zaguán,

 

nací de nuevo en cada niño tuyo,

 

Barrio Sur.

 

Agostos recovecos, rostro pintado

 

en una luna azul,

 

caminan murgas para siempre amándote

 

y redoblan para vos

 

Barrio del cementerio,

 

perros perdidos y silencio,

 

por tus faroles amarillos pasa,

 

recordándome tu amor.

 

Tus niños y tus muertos

 

Tus tristes yacumenzas,

 

noche a noche, mi pobre corazón.

 

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