Miércoles 29 de mayo 2024

El regreso de El Eternauta

Redaccion Avances 16/07/2023 - 06.00.hs

La historieta creada por Oesterheld en los sesenta llegará a las pantallas de todo el mundo y el actor Ricardo Darín le dará vida a Juan Salvo, el personaje principal.

 

Walter Cazenave *

 

Allá por los años sesenta del siglo pasado las historietas, así nominadas y no con el anglofilizado “comic” como se la suele denominar actualmente, eran el medio de cultura más popular, por sus esquemas y contenidos.

 

También por la jerarquía que le daban una serie de dibujantes y guionistas de gran calidad que frecuentemente abrevaban en la historia y literaturas “serias” promoviendo -sí que sintéticamente, dado el medio que se utilizaba- obras de autores clásicos y jerarquizados. Así, en esos días sin televisión y de escasa radio, los por entonces jóvenes accedíamos a autores trascendentes (especialmente del género aventuras) como Ridder Haggar, Salgari, Maupassant, Poe, Melville, Dumas, Hope…

 

Entre aquellos duetos de autores-dibujantes que habían asomado principalmente a través de la revista Misterix, de la Editorial Abril, se destacaban Oesterheld y Solano López, el primero de ellos, argumentista, curiosamente geólogo de profesión. Junto con otros destacados artistas y escritores (Pratt,Beccia, Roume, Freixas...) irrumpieron con dos revistas totalmente renovadoras: Hora Cero y Frontera.

 

En una de ellas -Hora Cero, 1957- apareció una historieta completamente distinta de lo habitual, tanto en lo local como en la producción extranjera: El Eternauta, una tira que ya desde el vamos intrigaba por la aplicación de un término nuevo, con reminiscencias del espacio cuya conquista se iniciaría cuatro años después con el vuelo de Yuri Gagarin.

 

Con gente común.

 

Aunque el núcleo de la narración era un tanto remanido (una invasión de extraterrestres) la acción central estaba precedida de una especie de nevada, mortal para los habitantes del planeta. Los ribetes del argumento eran originales, con sus protagonistas en distintos niveles de personalidad y que mostraban rasgos humanos en sus conductas. Además en el relato no campeaba ningún súper héroe, como eran comunes en las tiras de esos días sino que lo protagonizaban gentes comunes como las que cualquier lector conocía en su vida diaria. La heroicidad de los protagonistas deviene de su acción conjunta y en ese detalle se puede rastrear algo de la ideología política de Oesterheld, que confiaba en la potencia de los movimientos sociales colectivos.

 

Otra de las singularidades del relato estaba en la participación del propio guionista Oesterheld, en cuya casa, al comienzo de la historia, se materializa inexplicablemente el personaje central, navegante forzado del espacio-tiempo, de lo que deriva el nombre de la historieta.

 

La tira se destacaba básicamente por dos aspectos: por una parte difería de la síntesis violenta que, con excepciones, caracterizaba a la historieta norteamericana, que tenía buen dibujo generalmente; además, transcurría en Buenos Aires. Planteaba la referida invasión de alienígenas y el principal protagonista era Juan Salvo, un hombre común que al inicio de la historia aparece jugando al truco con unos amigos. “Este personaje, además de relatar una serie de eventos, expresa sus impresiones y análisis de los sucesos que tuvieron lugar”.

 

Lugares conocidos.

 

Los escenarios en los que transcurre la acción eran conocidos de los lectores: la avenida General Paz, el estadio de River Plate, las Barrancas de Belgrano, Plaza Italia… todos lugares de Buenos Aires, ciudad que es destruida por una bomba atómica. Una extensión del relato transcurre en el pueblo bonarense de Pergamino.

 

Hay otro detalle que podría considerarse como complementario de lo anterior, pero también altamente sugestivo y motivador para el lector común: los escenarios tenían pormenores reales de la vida diaria de ese tiempo, que le daban a la historieta un realismo no habitual, caso de las publicidades de YPF, los carteles murales que promovían el voto para Arturo Frondizi o algunos grafittis propios de la época que aparecían en un segundo o tercer plano del dibujo.

 

En un ejercicio literario de escasa frecuencia en el ámbito historietístico, el guionista Oesterheld aplicó ideas que surgían de su propia inventiva pero también armonizaban con la ciencia ficción, un género literario que comenzaba a popularizarse por esos años, caso de la presencia de razas ajenas a la humana, desenvolvimiento del transcurrir en varias dimensiones espacio-temporales, armas y medios de comunicación insólitas (que en algunos ejemplos prefiguraban los actuales…).

 

El metamensaje.

 

Algunos analistas de la “literatura dibujada” señalan con fundamentos nada desdeñables que el argumento conlleva disimulada en un segundo plano la narración de la vida político-social de aquellos días y anticipa las brutalidades de las dictaduras militares por venir.

 

Esos elementos argumentales –originales, concisos y bien narrados, con el respaldo visual de un muy buen dibujo a cargo de Francisco Solano López-, pasaron a tener difusión prácticamente mundial y se hicieron acreedores a muchas y jerarquizadas distinciones, y ya antes del año 2020 hubo intentos serios de llevarla a formas visuales en el cine y la TV.

 

Una idea cabal de la repercusión y trascendencia que tuvo la historieta de Oesterheld la dan las casi cuarenta ediciones (conocidas) que tuvo en todo el mundo y la cantidad de premios que recibió. De hecho fue calificada como la mejor tira aparecida en Argentina y Latinoamérica. Resulta asombroso comprobar cómo historieta y personaje calaron en distintas culturas y bajo formas diversas. Al margen de los premios que recibió la historieta por su misma condición, su originalidad también hizo que pronto fuera visualizada con la posibilidad de distintas artes. Así, y muchos años antes que el actual emprendimiento televisivo, hubo creaciones en torno a tema y personajes bajo formas teatrales, radiofónicas, cinematográficas… sorprendentemente también musicales, ya que algunos conjuntos de música moderna crearon temas específicamente relacionados con el relato.

 

El pensamiento y las convicciones políticas de Oesterheld asoman apoco que se analice la historieta. Las versiones iniciales –que contaron con los estupendos dibujos de Solano López primero y Breccia después- coincidieron con los golpes militares que asolaron al país, una circunstancia bien analizada en los trabajos sobre el tema que realizaran Juan Sasturain y Carlos Trillo. Además la censura comenzó a hacerse evidente, como cuando la revista Gente –una publicación francamente conservadora- decidió en 1969 dar fin a la serie que estaba publicando debido al rumbo que tomaba el argumento, que incluía una suerte de americanismo que quitaba protagonismo a las potencias europeas. Se dice que hasta el propio Juan Carlos Onganía, el dictador de turno, manifestó su disgusto por el rumbo del relato, y de allí la interrupción.

 

Por cierto que los políticos también percibieron tempranamente las ventajas que El Eternauta ofrecía a sus intereses. Al margen de las censuras que debió sufrir (y que epilogaron trágicamente en desapariciones familiares del autor) la historieta fue sugerida como lectura por las autoridades educacionales durante el gobierno de Mauricio Macri al frente de la ciudad de Buenos Aires; años después, con la anuencia de la viuda de Oesterheld, durante el gobierno de Nestor Kirchner, apareció un singular personaje historietístico –valga el neologismo- llamado “El Nestornauta”.

 

Es fácil advertir que en la consideración de El Eternauta caben tanto la imaginación, como la política, la aventura y alguna premonición que no deja de ser llamativa, y hasta inquietante. De allí que no nos parece impropio recordar la secuencia de la última página en la edición original, cuando el autor se propone a sí mismo publicar lo que Juan Salvo le había contado, en la esperanza de prevenir la invasión de 1963, terminando sus reflexiones con la pregunta “¿Será posible?”.

 

 

A la pantalla chica

 

Una realización con semejante éxito y esa cantidad de premios nacionales e internacionales recibidos, difícilmente hubiera pasado desapercibida para producciones del TV y el cine. Hubo varios intentos aquí y en el extranjero, postergados por causas diversas, al margen de que en lo artístico no resulta nada fácil trasmitir los sutiles metamensajes de la obra.

 

Los emprendimientos para llevar la trama de la historieta vienen desde hace al menos medio siglo. No se concretaban por circunstancias varias, caso de la pandemia que asoló al país, la forma argumental, la variación de los costos… En fin: el enfoque general que le corresponde a una obra de esa trascendencia.

 

El proyecto se reactivó en 2023 con el anuncio del rodaje de la serie, que fue “la materialización de un sueño para todo el equipo de producción”.

 

Ahora El Eternauta aparecerá por Internet como una serie de televisión de ciencia ficción argentina; en una adaptación de la clásica y celebrada historieta que tiene previsto su estreno para 2024. La fotografía principal de la serie se inició a mediados del año pasado en Buenos Aires y se prevé su concreción en seis episodios.

 

Se confirmó que Ricardo Darín protagonizará el papel de Juan Salvo, en tanto que el resto del elenco estará integrado por Carla Peterson, César Troncoso, Andrea Pietra, Ariel Staltari, Marcelo Subiotto, Claudio Martínez Bel, Orianna Cárdenas y Mora Fisz. El director de la serie -Bruno Stagnaro- advirtió que a través de esta versión intentará “ser fiel a ese niño lector que se asomó a la historia por primera vez”, tratando de reconstruir la emoción genuina de vivir una aventura en la esquina del barrio, de la mano de ese héroe argentino que es Juan Salvo. (Glosado de Internet)

 

 

La historieta y la realidad

 

Una de las tantas interpretaciones de El Eternauta podría ser la de una gran tragedia de nivel mundial; reduciendo la perspectiva y llevándola a hechos reales y cercanos también puede considerarse otra enorme tragedia: la que viviera Oesterheld a nivel personal, incluyéndolo a él mismo. El escritor nunca disimuló sus simpatías políticas, simpatías que fueron compartidas y que alcanzaron el grado de abierta militancia -y consiguiente clandestinidad- por sus cuatro hijas. La desventura familiar epilogó con la desaparición de las cuatro muchachas -dos de ellas embarazadas- junto con la del propio Oesterheld. Tras su detención nunca más se supo nada de ninguno de ellos.

 

* Colaborador de Caldenia

 

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