Literatura e identidad
En Tuntún de pasa y grifería (1937), Luis Palés Matos consolida la función de la literatura como vehículo de identidad, capturando la esencia de las Antillas y de la población afrodescendiente en Puerto Rico.
Sergio De Matteo *
Al abordar la temática negra con un enfoque innovador, Palés Matos da origen a la poesía negrista. Esta corriente afroantillana se distingue como un movimiento de vanguardia que integra en el poema una nueva dimensión sensorial -ritmos, aromas y sabores- propia de la cultura negra.
José Luis González, en el ensayo Literatura e identidad nacional en Puerto Rico, subraya que la poesía de su coterráneo significa un descubrimiento señero y definitivo: la afro/antillanidad raigal de nuestra identidad de pueblo. Para Margot Arce de Vázquez, prologuista de Poesía Completa y prosa selecta (Biblioteca Ayacucho, 1978), Palés Matos fue de los primeros en nuestro hemisferio en reconocer la dignidad del negro, su identidad como hombre y creador de cultura.
Lo fantasmal.
El investigador Miguel Enguídanos, autor de un libro que aborda la poesía del poeta nacido en Guayama, sentencia que “La negrería de Palés es tan soñada, tan fantasmal, está tan más allá de las órbitas del tiempo, como el ‘tenebroso imperio de la noche’ o ‘la ciudad de las grandes torres negras’”. He ahí el poema “Pueblo Negro”: “Esta noche me obsede la remota/ visión de un pueblo negro…/ -Mussumba, Tombuctú, Farafangana-/ es pueblo de sueño,/ tumbado allá en mis brumas interiores/ a la sombra de claros cocoteros. […] Allá, entre palmeras,/ está tendido el pueblo…/ -Mussumba, Tomboctú, Farafangana-,/ caserío irreal de paz y sueño”.
La crítica literaria Alba Lía Barrios en el artículo “Ese negro fantasmal de Palés Matos” (Revista de literatura hispánica, 1989) nos indica que “en Palés se resumen los estereotipos míticos y burlescos de la tradición eurocentrista, más concretamente de la tradición española. Palés no escribe sobre un negro real histórico, sino sobre una imagen tipificada por la literatura, que bien puede llamarse, siguiendo a Enguídanos, fantasmal”.
Plantea el poeta y ensayista nicaraguense Moisés Elías Fuentes, respecto a esta temática, que “Con base en la voz afroantillana, Palés Matos desplegó una crítica demoledora de la sociedad puertorriqueña, que desde siempre ha pretendido blanquear la negritud, aunque esa negritud otorga carisma y plasticidad a la cultura isleña. Tal pretensión, que aún persiste, sostiene la división social en blancos, blanqueados y negros”. Pero también de acuerdo a las investigaciones de la Dra Sabina Reyes de las Casas, de la Universidad de Sevilla, indica y amplía la lectura sociocultural y política, antropológica y filosófica de Palés Matos: “Por otro lado, una parte central de la crítica que realiza Palés recae sobre los mulatos que quieren ‘blanquearse’ […] Estos mulatos se encuentran doblemente marginados: por un lado, no son aceptados por los aristócratas blancos, quienes destacan su componente africano; sin embargo, tampoco son incluidos por los negros dentro de su grupo, ya que estos últimos entienden que los mulatos que actúan de este modo están traicionando los valores propios de la raza”. El vate guayamés lo sintetiza simbólicamente en su “Preludio en boricua”: “Tuntún de pasa y grifería/ y otros parejeros tuntunes./ Bochinche de ñañiguería/ donde sus cálidos betunes/ funde la congada bravía.// Con cacareo de maraca/ y sordo gruñido de gongo,/el telón isleño destaca/ una aristocracia macaca/ a base de funche y mondongo.// Al solemne papalúa haitiano/ opone la rumba habanera/ sus esguinces de hombro y cadera,/ mientras el negrito cubano doma la mulata cerrera.// De su bachata por las pistas/ vuela Cuba, suelto el velamen,/ recogiendo en el caderamen/ su áureo niágara de turistas.// (Mañana serán accionistas/ de cualquier ingenio cañero/ y cargarán con el dinero...)// Y hacia un rincón -solar, bahía,/ malecón o siembre de cañas-/ bebe el negro su pena fría/ alelado en la melodía/ que le sale de las entrañas.// Jamaica, la gorda mandinga,/ reduce su lingo a gandinga./ Santo Domingo se endominga/ y en cívico gesto imponente/ su numen heroico respinga/ con cien odas al Presidente./ Con su batea de ajonjolí/ y sus blancos ojos de magia/ hacia el mercado viene Haití./ Las antillas barloventeras/ pasan tremendas desazones,/ espantándose los ciclones/ con matamoscas de palmeras.// ¿Y Puerto Rico? Mi isla ardiente,/ para ti todo ha terminado./ En el yermo de un continente,/ Puerto Rico, lúgubremente,/ bala como un cabro estofado.// Tuntún de pasa y grifería,/ este libro que va a tus manos/ con ingredientes antillanos/ compuse un día...// ... y en resumen, tiempo perdido,/ que me acaba en aburrimiento./ Algo entrevisto o presentido,/ poco realmente vivido/ y mucho de embuste y de cuento”.
Topos y Polis.
En este apartado se pondrá énfasis en dos textos que demarcan la territorialidad, lo larico, donde se halla presente la región de Palés Matos y su representación, enmarcadas en las poesías “Topografía” y “Pueblo”. Se verá que se encuentran las mismas indagaciones que se han hecho otros escritores y escritoras de nuestra Patria Grande, tanto en el contexto geopolítico, como también en la discusión sobre la regionalidad, centro y periferia, o la universalidad de una obra.
Palés Matos va a “dialogar con el yo íntimo de los afrodescendientes, al tiempo que reinventarse en la otredad de esa cultura, tildada de inferior por la élite local y el grueso de la comunidad intelectual, ávidas las dos de la aprobación de Estados Unidos, la nueva metrópoli. Pero sobre todo, el poeta descubrió la universalidad de la cultura afroantillana”, explica el investigador Moisés Elías Fuentes (“Luis Palés Matos y las otredades puertorriqueñas”, en revista Casa del Tiempo, 2019). El mismo poeta boricua explica en diciembre de 1926 a la revista puertorriqueña Poliedro: “Cuanto más expansión de universalidad tenga una obra de arte, más tiende a desprenderse de razas, fronteras y regiones”. Antes, Tolstói, había señalado que si “pintas tu aldea, pintarás el mundo”, es decir, ese universal que pregona Palés Matos coincide con la idea de la singularidad de lo propio que, al ser analizada y expresada con autenticidad, se vuelve universal y refleja la condición humana en su conjunto.
Esta postura la vamos a encontrar en los fundadores de la literatura pampeana, pero también de otras regiones, incluso, que exceden al propio país, y un ejemplo sería el poeta paraguayo Elvio Romero, que, además, podríamos asociar con nuestro Edgar Morisoli. En Tuntún de pasa y grifería (1937) Palés identificó que las tradiciones culturales afroantillanas se forman de la simbiosis de tres expresiones: la de los últimos vestigios de pueblos originarios, la de los esclavos africanos, y la española, conquistadora. Bustriazo Ortiz, Morisoli, Nervi, Herzel son un claro ejemplo que en sus obras también conjugan esos universos y esas distintas conformaciones culturales que quedaron expresas en sus propias escrituras, tal cual lo hace Palés Matos.
Moisés Elías Fuentes señala que “Con base en la voz afroantillana, Palés Matos desplegó una crítica demoledora de la sociedad puertorriqueña, que desde siempre ha pretendido blanquear la negritud, aunque esa negritud otorga carisma y plasticidad a la cultura isleña. Tal pretensión, que aún persiste, sostiene la división social en blancos, blanqueados y negros”. Deberíamos preguntarnos a nosotros mismos: ¿qué ha pasado con la herencia indígena en el país y en la provincia de La Pampa? Se sabe que estuvo invisibilizada durante mucho tiempo, pero antes hubo un intento de exterminio en la mal llamada Conquista del Desierto. La negación de lo indio, de lo negro, del mestizaje, es un debate todavía vigente y que diferentes investigaciones han dado por tierra, con datos, con fundamentos, con la resignificación de los aportes de dichas culturas y su presencia en la conformación real, simbólica e imaginaria de nuestra identidad.
Tramas americanas.
La palabra topografía proviene del griego: ‘topo’ (lugar) y ‘graphia’ (escritura o descripción), que significa “descripción de lugares” y se refiere a la ciencia que describe de forma detallada la superficie de un terreno, ya sea natural o artificial. Justamente, Edgar Morisoli, era agrimensor, y en muchas de las exploraciones topográficas lo acompañó Bustriazo Ortiz. Se lo cita porque se da otra conjunción descriptiva del espacio con la poética de Palés Matos, sumadas a las que se detallaron, pero que también coincide con Elvio Romero, de Paraguay. El poeta puertorriqueño nace en un pueblo que tiene raíces autóctonas, en Guayama, que fue un cacique taíno, y en lengua arahuaca el significando es “sitio grande” o “gran espacio abierto”, similar a Pampa, que en quechua significa “llanura” o “espacio plano”. Para fortalecer estas conexiones, la herencia taína es fundamental en la identidad de Guayama, reflejada en su toponimia, los hallazgos arqueológicos en la zona de piedra y la importancia histórica de sus ríos y costas.
El poeta paraguayo, Elvio Romero, que vivió gran parte de su vida exiliado, escribe en “Ya en el camino”, de Días roturados, del año 1947: “Con un estruendo seco,/ entre una geografía de súbito abandono,/ gastando cerraduras tenazmente/ en un trabajo frío,/ bajo un atardecer con furia agónica,/ haciendo girar goznes, desvencijando goznes, /se cerraron las puertas.// No queda adentro sino yermo,/ sino ruidos vagos y agoreros,/ sino hueco olvidado.// Lo real es ese pálido agujero,/esos campos sin hálitos, bosques sin leñadores,/ esa viuda enlutada por sus hijos,/ esa extensión que es patria de salmueras sangrientas,/ ese espacio que es patria de cenizas espesas/ y humaredas de tumbo en tumbo caídas”.
El poeta y ensayista pampeano Edgar Morisoli nos dirá en Tierra que sé (1972): “Porque este es el país que nadie nombra, el viejo/ pedral, la patria guacha que olvidó la república./ Raigosa de retamos. Alta de golondrinas./ Arrojada a durar entre sus pencas,/ labio de toda sed, cristo de toda sed cuya corona/ trenzan los chupasangres polvorientos,/ aquí todo comienza./ (Aquí, dolor, tendido/ sobre la trumagoza soledad de tus llanos,/ cuando la flor del pecho -su perfume, su más dulce/ cogollo-, se apachangan bajo el solazo de las travesías.// Aquí, verdor, donde te vuelves lástima”.
De alguna u otra forma, vivida, sentida, en la memoria tras el exilio, ocupada, vandalizada, está la tierra en que se ha nacido, ese paisaje, esa topografía de la que hablan Elvio Romero, Edgar Morisoli y Luis Palés Matos. Por eso en los tres emerge el canto, la poesía cantada, porque han sido musicalizados, con injerencia en esa cosmovisión antiimperialista.
Tanto “Topografía” como “Pueblo” encajan perfectamente en estos tiempos de globalizaciones, de reivindicaciones de los territorios y sus tradiciones, de la recuperación del pasado. En su poesía pone en evidencia los estereotipos dominantes sobre el negro, “estereotipos” que han echado fuertes raíces en nuestra cultura dominada por la raza blanca, y que, según los estudios del historiador cubano Manuel Moreno Fraginals, nacen de la violencia carcelaria de la plantación colonial. Aquí se tuvieron los campos de concentración de la Generación del ‘80, en la isla Martín García, Valcheta, las masacres de Pozo del Cuadril (San Luis, 1878), Apeleg (Chubut, 1884), Napalpí (Chaco, 1924), o Rincón Bomba (Formosa, 1947), o el segundo genocidio del ‘76 y las y los 30 mil desaparecidos. O sea, Palés Matos, en esta línea, nos ha legado una escritura de constante debate.
* Colaborador
“Topografía”
Esta es la tierra estéril y madrasta
en donde brota el cacto.
Salitral blanquecino que atraviesa
roto de sed el pájaro;
con marismas resecas espaciadas
a extensos intervalos,
y un cielo fijo, inalterable y mudo,
cubriendo todo el ámbito.
El sol calienta en las marismas rojas
el agua como un caldo,
y arranca al arenal caliginoso
un brillo seco y áspero.
La noche cierra pronto y en el lúgubre
silencio rompe el sapo
su grito de agua oculta que las sombras
absorben como tragos.
Miedo. Desolación. Asfixia. Todo
duerme aquí sofocado
bajo la línea muerta que recorta
el ras rígido y firme de los campos.
Algunas cabras amarillas medran
en el rastrojo escaso,
y en la distancia un buey rumia su sueño
turbio de soledad y de cansancio.
Esta es la tierra estéril y madrastra.
Cunde un tufo malsano
de cosa descompuesta en la marisma
por el fuego que baja de lo alto;
fermento tenebroso que en la noche
arroja el fuego fatuo,
y da esas largas formas fantasmales
que se arrastran sin ruido sobre el páramo.
Ésta es la tierra donde vine al mundo.
-Mi infancia ha ramoneado
como una cabra arisca por el yermo
rencoroso y misántropo-.
Esta es toda mi historia:
sal, aridez, cansancio,
una vaga tristeza indefinible,
una inmóvil fijeza de pantano,
y un grito, allá en el fondo,
como un hongo terrible y obstinado,
cuajándose entre fofas carnaciones
de inútiles deseos apagados.
“Pueblo”
¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo
donde mi pobre gente se morirá de nada!
Aquel viejo notario que se pasa los días
en su mínima y lenta preocupación de rata;
este alcalde adiposo de grande abdomen vacuo
chapoteando en su vida tal como en una salsa;
aquel comercio lento, igual, de hace diez siglos;
estas cabras que triscan el resol de la plaza;
algún mendigo, algún caballo que atraviesa
tiñoso, gris y flaco, por estas calles anchas;
la fría y atrofiante modorra del domingo
jugando en los casinos con billar y barajas;
todo, todo el rebaño tedioso de estas vidas
en este pueblo viejo donde no ocurre nada,
todo esto se muere, se cae, se desmorona,
a fuerza de ser cómodo y de estar a sus anchas.
¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo!
Sobre estas almas simples, desata algún canalla
que contra el agua muerta de sus vidas arroje
la piedra redentora de una insólita hazaña…
Algún ladrón que asalte ese banco en la noche,
algún Don Juan que viole esa doncella casta,
algún tahúr de oficio que se meta en el pueblo
y revuelva estas gentes honorables y mansas.
¡Piedad, Señor, piedad para mi pobre pueblo
donde mi pobre gente se morirá de nada!
* Interpretado por Alberto Cortez, grabado en el disco Soy un charlatán de feria (1976). Letra: Luis Palés Matos. Música: Alberto Carrión.
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