Una oración para Doña Petrona
El arte de la payada se caracteriza no sólo por el tipo de rimas y versos, sino también por su atrevimiento a hablar de cualquier tema que se le presente al payador o payadora. Aquí nos referimos a un escrito dedicado al arte culinario de Doña Petrona.
Faustino Rucaneu *
La payada entre nosotros es una forma de canto que se suele denominar “repentista” porque responde a una improvisación momentánea, a veces sobre temas pedidos por los oyentes. Los payadores en Argentina tuvieron su auge hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX. Es un quehacer asociado a la cultura del gaucho, y se cultiva en Latinoamérica, principalmente en nuestro país y Uruguay. Varios de sus actores fueron el mítico Santos Vega, el famoso Gabino Ezeiza, Luis Acosta García, Higinio Cazón, Pablo Vázquez, José Betinotti, Martín Castro… Entre nosotros también los hubo (y los hay) recordamos particularmente a Cochengo Miranda, también protagonista de un notable filme de Jorge Prelorán.
Antes de entrar de lleno al tema que convoca esta nota es necesario dejar sentado que también hubo (y hay…) mujeres payadoras, algunas de notable condición y con vigencia hasta la actualidad.
Las improvisaciones de aquellos cantores de comienzos del siglo XX versaban sobre temas variados, pero muy a menudo relacionados con el medio político y social en que se desenvolvían; por el fondo algunos de esos temas sin duda hoy se considerarían como manifestaciones de la canción de izquierda. Por entonces se los definía como anarquistas.
A propósito de la perduración de esta manifestación artística algunos estudiosos quieren ver otra característica de la poesía o canción repentista en el rap, que tendría algún parentesco con la payada. El rap es un género de expresión que se caracteriza por un recitado rítmico de rimas sobre una base musical, que apareció en los Estados Unidos en los años sesenta del siglo pasado, con raíz en la cultura afroamericana. Su expansión hacia el sur del continente fue rápida y amplia y una prueba de ello puede ser la existencia de raperos en la capital pampeana.
Pero volviendo a la payada y sus manifestaciones en Argentina reiteramos que una de las características que ya mencionáramos era -es- que dentro de la variedad de temas que se tocan a menudo está orientada a pedidos de los presentes. Sin abundar sobre este punto digamos que al respecto es paradigmática la respuesta en octavillas que diera Gabino Ezeiza a una persona que le pidiera explicar con su canto sobre qué es un logaritmo.
Doña Petrona.
Petrona C. de Gandulfo no fue payadora pero sí una especie de creadora en materia culinaria, con vigencia en las cocineras argentinas durante más de 50 años. Su quehacer, popularizado por la radio y la televisión, también se manifestó en la edición de libros de recetas y suele decirse que la cantidad de sus libros vendidos superó en número a las de Jorge Luis Borges, y hasta las del Martín Fierro.
Este introito, es acaso un poco extenso pero justificado al entendimiento del lector. Apunta a justificar el hallazgo en una obra sobre el tema en la que, para sorpresa nuestra, aparece una suerte de oda o composición de índole payadoresca y asimilada a la oración del Padre Nuestro, dedicada a Doña Petrona C. de Gandulfo por el payador Tabaré de Paula; en versos originales y no exentos de sentimiento, escribió esta composición, que figura en las antologías del género poético-musical. Ignoramos si también en las de gastronomía.
* Colaborador
Oración a Doña Petrona
Doña Petrona que estás en los platos,
santificadas sean tus mayonesas
con precios baratos
y amor en las mesas.
Que en tu reino de la cocina
todas las manos sepan dónde están
la ternura y la harina
para amasar un pan.
Que se cumplan fielmente tus recetas
y el sabor no dependa de un salario,
que florezcan las fetas
de esperanza y peceto solidario.
Quiero que no hayan ollas
vacías de cariño,
que lloren las cebollas, que por hambre
no llore ningún niño.
Que perdonen las deudas, las demoras,
los que nos han fiado alguna vez;
nosotros perdonamos las auroras
que brillan solamente a fin de mes.
Quiero un mundo de azúcar impalpable
coronado de luz y vainilla,
donde ninguna mano miserable
ahogue la ilusión de una semilla.
Que no ganen batallas
el vinagre o la sal,
que el fuego cante en todas las hornallas
en llama fraternal.
Que un rocío de aceite generoso
impregne la lechuga, las almas, el tomate;
que el cuchillo que hiere el asado jugoso
no mate, nunca mate.
Déjanos caer en la tentación de la dulzura
de escurrir de los platos el dolor,
de levantar banderas de dicha y de verdura
y de servir a punto la sopa del amor.
Doña Petrona nuestra de cada día,
yo también
fabrico una receta de carne y poesía
para que todos coman. Gracias.
Y amén.
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