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Domingo 15 de febrero 2026

Ciudad de sombras

Redaccion Avances 15/02/2026 - 15.00.hs

Compartimos una reseña sobre esta miniserie de thriller policíaco español de Netflix que narra la investigación de un inspector suspendido y una subinspectora en Barcelona. Secretos, venganza y corrupción en una trama ambientada en edificios de Gaudí.

 

Gisela Colombo *

 

Hay series que narran un caso. Y hay otras que narran una ciudad.

 

Ciudad de sombras es un thriller español estrenado en Netflix el 12 de diciembre de 2025. Compuesto por seis episodios, el relato no se limita a construir una intriga criminal: convierte a Barcelona en un cuerpo vivo, atravesado por capas de belleza y violencia, por el esplendor modernista y la oscuridad contemporánea. La serie está basada en la novela El verdugo de Gaudí, de Aro Sáinz de la Maza, y desde allí toma su pulso: una investigación policial que avanza como un descenso, hacia un pozo oscuro en el que aún se puede vislumbrar la verdad.

 

El punto de partida es una imagen abrumadora. Literalmente feroz, pero crudamente simbólica también. Un cuerpo calcinado expuesto en la fachada de La Pedrera. No se trata solo de un crimen: es una puesta en escena. Un mensaje escrito con fuego en el corazón de una ciudad que presume de arte. Y esa elección no es casual: Ciudad de sombras utiliza la arquitectura de Antoni Gaudí no como decorado, sino como estructura narrativa, casi como un mapa de pistas, obsesiones y memorias.

 

Dirección y puesta en escena.

 

La serie está dirigida por Jorge Torregrossa, un director cuyo estilo, a esta altura, bien definido , muestra la acción sostenida en la opresión y la insistencia opresiva. La cámara no “describe”, acecha.

 

La elección de rodaje refuerza ese efecto: se filmó en Barcelona y también en Castelldefels, en exteriores reconocibles, con el peso casi narrativo del espacio real. Hay series que inventan ciudades; esta serie se apoya en la ciudad como una evidencia: piedra, humedad, ruido, pasillos, sombras.

 

Guion, origen y producción.

 

El guion nace de una adaptación literaria de fuerte anclaje local (la saga del inspector Milo Malart), y la producción está a cargo de Arcadia Motion Pictures para Netflix, lo que se percibe en una factura cuidada: ritmo sólido, escenas bien armadas, y una estética que no se siente genérica. El proyecto fue anunciado con inicio de rodaje en noviembre de 2024, con un proceso que apostó a sostener el thriller clásico con identidad catalana y referencias urbanas concretas.

 

Actuaciones.

 

El corazón humano del relato está en el dúo protagónico: Isak Férriz interpreta a Milo Malart, inspector suspendido, que regresa por pedido de una jueza, con la que tiene amistad.

 

Como contrapunto, Verónica Echegui, fallecida recientemente, encarna a Rebeca Garrido, policía importada de Madrid con una conducta y método contrarios a los de Malart. La serie adquiere otra dimensión cuando se recuerda que éste fue uno de sus últimos papeles antes de su fallecimiento en agosto de 2025, y esa información inevitablemente resignifica cada escena: no por sentimentalismo, sino porque la presencia de Echegui queda como una marca.

 

El elenco secundario es notable y acompaña con oficio (Ana Wagener, Manolo Solo, Irene Montalà, entre otros), aportando espesor institucional y social al entramado del caso.

 

Barcelona como personaje”.

 

Más que sets, hay espacios con memoria: interiores que parecen conservar lo que ocurrió, escaleras que conducen siempre a otra sombra, edificios que respiran historia. La serie se apoya en locaciones emblemáticas. La luz es la misma que caracteriza a las ficciones del Cantábrico que han poblado el streaming de los últimos años. Oscuro, sin sol, umbroso…

 

Ciudad de sombras no es una serie para ver distraídamente. Es un thriller que pide atención porque su misterio no es solo el “quién” o el “por qué”, sino la manera en que el poder se vuelve costumbre, la forma en que la belleza puede convivir con el horror sin inmutarse. El crimen aquí no es una excepción: es un síntoma.

 

Más sería espoilear. Al final, lo que queda no es solo la resolución del caso. Queda la ciudad. Y queda esa idea inquietante: de que la naturaleza del mundo determina que la maldad y la belleza, que la paja y el trigo, estén igualmente sembrados en nuestras realidades.

 

* Docente y escritora

 

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