Desocupado con suerte
El autor rememora en este relato un momento de su vida entre ladrillos, revoques y títeres. Era una época complicada, con la llegada de los militares al poder y el miedo continuo en las venas.
Juan Aldo Umazano *
En aquellos días me la pasaba caminando, buscando trabajo. Hasta hacía un tiempo, había alcanzado ladrillos en una obra en construcción, después aprendí a hacer la mezcla. En esa época se hacía a pala. Hasta que aprendí a colocar ladrillos y levantar paredes.
Un vecino cuando me vio de albañil, recordando que yo hacía títeres, me vino a buscar porque su hija cumplía años y el domingo lo festejaba. Le dije que sí. Como los domingos no trabajaba, le pregunté el día y la hora, y ahí estuve.
Terminada la función puso la mano en el bolsillo y me preguntó: ¿Cuánto es?. Lo miré y le dije: -Nada.
- ¿Cómo nada? Es tu trabajo-, y me puso el dinero en el bolsillo.
Subí el teatrillo y la valija con los muñecos a su auto, y me llevó a la casa que yo alquilaba. Nos saludamos y se fue.
Desde ese momento creo que fui otro.
Quiero aclarar que esto sucedió cuando gobernaban los militares.
En esos años no tenía auto. A los mandados los hacía caminando, y cuando me veían pasar, algunos pensaban “Algo habrás hecho”, y seguían sin mirarme; otros te esquivaban para que no se encontraran sus miedos con los míos. Pero los días no paraban de pasar. Había que esquivar esos momentos; esconderlos en aquel lugarcito donde habitaba el miedo esperando la suerte.
Después de ese cumpleaños, por comentarios de una madre que había estado esa tarde en la función, me vino a buscar otra.
De esa manera se fue difundiendo que hacía títeres a domicilio.
Una mañana, me encuentro con un señor, y como había escuchado que había animado algunos cumpleaños, me invitó a tomar un café. Apenas nos sentamos me dijo que podríamos regalarles a los hijos de sus clientes, una función de títeres para el día de su cumpleaños.
Estoy hablando de Jorge Gatti. Él puso el precio de las funciones y todo. Te las voy a pagar. Le dije que sí. Que me interesaba. Él sabía que yo necesitaba trabajar. La suma que me había ofrecido no era despreciable.
Entonces le encargó a Alta Propaganda, la agencia que le llevaba la publicidad, que dijera a sus clientes, el programa que había implementado. Recuerdo que la nota empezaba como si fuese un comentario: “Según nos ha contado un pajarito, queremos decirle a usted, señor cliente…”
De esa manera, los clientes supieron que tenían para el cumpleaños de sus hijos, una función de títeres a domicilio como regalo.
Escribí una obra de títeres donde el personaje central entraba llevando un zapatón tan grande como el muñeco, y lo dejaba en proscenio. En ese momento aparece un amigo y le preguntaba: -¿Dónde vas?
-Tengo que hacer una función de títeres.
-¿Y ese zapatón?
-A este zapatón, con todo lo que tiene adentro, me lo dio Calzados Noy, para que se lo regale al cumpleañero.
(El personaje saca del zapatón, un autito que hace rodar por el proscenio): -Runnnnnn, Runnnnn
Después, una ristra de caramelos, chupetines, y otras golosinas.
Al final, un alfajor de chocolate con forma de corazón. Vuelve a poner todo dentro del Zapatón, y se va diciendo: -Debo hacer una función y los chicos me están esperando.
Lo importante de este relato, es la originalidad del propietario de un negocio, la de regalar una función de títeres, a los hijos de sus clientes, cuando cumplen años.
Desde ese día no paré de hacer funciones. Incluso me atreví a escribir textos, que ya había intentado hacerlo en pequeñas obritas de teatro, y de esa manera pude ampliar el repertorio con los títeres. Fui presionado por las funciones porque el público infantil se repetía, las escribí y funcionaban dramáticamente.
Cada oficio tiene su tiempo de aprendizaje.
La práctica me demostró que hacer títeres era un problema técnico, y que sólo se aprende haciéndolo, y respetando algunas reglas básicas. Sin querer dar un curso para titiritero, les digo a los que quieren algún día hacer el montaje de una obrita; el títere que se mueve, es el que habla.
Me inclino y les digo chaucito.
* Titiritero, actor, escritor
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