Domingo 26 de mayo 2024

Un aporte a la salud

Redacción 04/03/2023 - 00.18.hs

Desde hace 35 años Jorge Lluch prepara equipos que realizan el tratamiento de ósmosis inversa para el agua potable, herramienta que permite erradicar el arsénico y la salinización de ese vital recurso. Un emprendedor que proveyó máquinas a toda la provincia.

 

La dentadura moteada es una característica de personas que convivieron en lugares donde el agua que consumían contenía arsénico. En Santa Rosa -y en otras localidades-, la presencia de ese elemento ha sido un enemigo invisible para la salud. Porque si una familia vivía en determinadas zonas era probable que los dientes de sus integrantes evidenciaran las consecuencias de aquella presencia dañina.

 

El arsénico es una de las diez sustancias químicas que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera más preocupantes para la salud pública. Durante mucho tiempo buena parte de la provincia tuvo un problema insoluble para la población: el agua salina y con arsénico. Muchas generaciones de pampeanos crecieron en ese escenario. Y fue en ese contexto, a principios de los '80, que el Gobierno provincial contrató a una empresa estadounidense para realizar la primera experiencia en el país de generar agua desalinizada mediante la tecnología llamada ósmosis inversa. Con ese sistema se abasteció agua de alta calidad a los tanques elevados de distribución de todas las localidades.

 

"Hoy siento orgullo por la especialidad laboral que pude desarrollar porque gracias a ella, desde 1997, miles de pampeanos dejaron de tomar el agua de red bacteriológicamente apta pero fisicoquímicamente con problemas. Con la ósmosis inversa se pudo tener una solución", resaltó Jorge Lluch, un técnico tornero mecánico nacional egresado de la ex ENET de Santa Rosa a quien le tocó la tarea de actuar como representante del gobierno pampeano. "Tuvimos que aprender y colaborábamos con todo lo que los ingenieros de la empresa extranjera necesitaban".

 

La experiencia duró seis meses y gracias a su éxito se adquirieron "dos equipos muy importantes en tamaño y producción que se instalaron en Embajador Martini y Metileo. Estas máquinas funcionaron correctamente durante el período de garantía. Cuando ese tiempo se cumplió y se les entregaron a los intendentes solo funcionaron unos meses dado que su mantenimiento era tan costoso en energía eléctrica (tenían motores eléctricos de 50 HP) y también en insumos que ninguna de las dos localidades pudo mantenerlos. También se adquirieron equipos más pequeños que instalamos en Mauricio Mayer, Algarrobo del Aguila, La Humada y Limay Mahuida", recordó.

 

Por eso fue que Lluch presentó un proyecto a la Administración Provincial del Agua (APA) "en el cual explicaba que se podían fabricar equipos mucho más económicos y muy confiables. Personalmente me sentía capacitado para fabricar equipos de tamaño chico y mediano, según la cantidad de habitantes, e instalarlos en las localidades".

 

Esfuerzo.

 

Lluch terminó su cursada en el colegio industrial en 1972. "Al año siguiente comencé la carrera de Ingeniería en la Universidad Tecnológica de General Pico y también trabajaba porque vengo de una familia humilde y ayudaba a mis padres a costear mis gastos. Comencé haciendo changas, fui tornero, trabajé en una fábrica de muebles, enfardando cartones, como peón de albañil, y hasta movilero en un escuchado programa mañanero que se emitía por Radio 37 AM 980 conducido por el periodista Hugo Ferraris".

 

También jugaba al fútbol en Independiente de Pico y a fines del '74 fue preceptor en una Escuela Hogar. Sin embargo, en 1977 una desgracia familiar (falleció su único hermano a los 18 años) lo llevó a dejar todo: "Renuncié a mi trabajo y volví a Santa Rosa para acompañar a mis padres en esos momentos tan difíciles".

 

Trabajó en distintos lugares hasta que ingresó como técnico en la APA. "Tres veces al año visitaba todos los servicios de agua potable de la provincia recogiendo muestras para que fueran analizadas en el laboratorio. Y en forma paralela también me encomendaron la tarea de reparar los inconvenientes eléctricos que pudieran surgir en los servicios, controlar los tableros eléctricos en aquella época con sus transformadores de intensidad, voltímetros, contactores, relevos térmicos. Eso, para técnicos de muchos de nuestros pueblos, era chino básico", apunta con una sonrisa.

 

"La idea no era abastecer los tanques elevados sino que la gente buscara el agua desalinizada para consumo con sus propios recipientes. En principio se puso en duda si la población se iba a tomar esa molestia... yo entendía que el sistema funcionaría con un cierto parecido al sistema que tiene Salud Pública con las vacunaciones: el Estado ofrece en forma gratuita vacunar -no lo hace casa por casa-, y en este caso era ofrecer la posibilidad de consumir agua de calidad. Es decir, dependía de la responsabilidad de cada uno retirarla o no".

 

El ministro de Obras Públicas de ese tiempo, Carlos Arenzo, consideró viable la propuesta y el inicio fue en Eduardo Castex, con anuencia de la cooperativa que prestaba el servicio. "Cuando estaba instalando el equipo se presentó un señor mayor diciéndome que era Piombi, uno de los médicos más antiguos de Castex, y me sorprendió porque me dio un fuerte abrazo y me agradeció: 'quizá no tengas dimensión de lo que significa que los habitantes de esta ciudad podamos tomar agua de calidad', me dijo".

 

La demanda de los pueblos fue tanta -desmintiendo la idea de que los pobladores no irían a buscar el agua que se les ofrecía-, que "la capacidad de fabricación no podía satisfacer con rapidez los pedidos de los municipios o cooperativas". La APA le pidió a Lluch que según la calidad del agua redactara un proyecto con los datos técnicos que considerara importantes para así licitar la compra de equipos a empresas privadas.

 

"Meses antes de jubilarme -en noviembre de 2018- el administrador de la APA de ese entonces, Julio Rojo, me pidió que hiciera un recorrido por todas las localidades con equipos de ósmosis inversa y le trajera un detalle con todo lo que creyera importante. Entre otras cuestiones técnicas que controlamos, a todos los operadores les preguntamos cuántos litros de agua entregaban por día, y el informe final sorprendió: máximos de 300 mil por día, con mínimos de hasta 15 mil litros".

 

Satisfacciones.

 

Otro ejemplo de la satisfacción que siente Lluch por su aporte es lo que sucedió en General Campos, cuando una mujer le preguntó para qué servía la máquina. "Le conté que entre otras virtudes eliminaba el flúor y el arsénico y se puso muy contenta porque tenía hijos pequeños: '¡Qué bueno! A mí y a mi esposo que tenemos los dientes manchados nos dicen cuando viajamos de vacaciones 'ustedes por las manchas en su dentadura son de La Pampa'".

 

"Hoy hay varias fábricas de equipos provinciales y nacionales, pero nadie me quita la satisfacción personal de haber sido uno de los primeros en La Pampa. Desde mi trabajo y con un sueldo de empleado público puedo decir que contribuí fuertemente con la salud de mis comprovincianos", se enorgullece Lluch mientras muestra el proceso de trabajo que hoy sigue vigente, el de entregar agua "limpia" y de calidad.

 

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