Lunes 24 de junio 2024

Un gesto para los clientes

Redaccion Avances 08/06/2024 - 12.30.hs

Vender la carne hasta un 20% más barata es un esfuerzo que los clientes valoran. Es el caso de “El Niet@”, una carnicería donde suelen formarse filas de hasta 30 personas para comprar.

 

Hace algunos días una treintena de personas hacían cola frente al local de Cristian Verkeke (51). La escena es más usual cuando algún comercio o empresa publica un aviso en búsqueda de ocupar un empleo. Pero este no es el caso. ¿Y entonces, por qué esa cantidad de gente esperando turno para ingresar? Seguramente porque el lugar ofrece carnes de primera calidad y a precios “por lo menos un 20 % menos que en otros lugares”, reflexionó el dueño de ‘El Niet@’.

 

La carnicería, que también funciona como despensa –”vendiendo esa mercadería que se precisa en el día”, aclaró- tiene un incesante trajín con clientes que entran y salen todo el día. Y vale el recuerdo de una anécdota. Hace unos cinco años el mismo comercio lucía un cartel en el que advertía: “Pare, acá no dolarizamos. Somos argentinos, sólo pesos”. Eran tiempos de Mauricio Macri en la Casa Rosada y en plena corrida cambiaria esa fue la propuesta de la carnicería santarroseña.

 

En ese momento Verkeke se había hecho cargo del comercio que durante muchos años se ubicó en la esquina de Salta y Neuquén. Luego el local se corrió sólo unos metros, hasta Salta 735, y allí continúa funcionando con una importante clientela.

 

Pero además como su propietario -y sus hijos- es un emprendedor, en estas horas avanza para abrir una sucursal en otro lugar de la ciudad. “Aunque no sabemos si se va a llamar de la misma manera. Nosotros le decimos a Lucas (uno de sus hijos) que le ponga ‘El Niet@ 2’, o algo así, pero me parece que el quiere otro nombre. Vamos a ver…”, dice comprensivo Cristian.
Su familia se compone hoy de su pareja Analía Tripailao, que es contadora; y sus hijos son Lucas, Facundo y Franco, que trabajan junto a él.

 

Llegado junto a su familia desde la ciudad de Pergamino cuando era “un pibito” de 10 años, Cristian y sus hermanos Ariel (enfermero) y Claudio (ingeniero Mecánico Aeronáutico) se hicieron santarroseños. “Es así. Papá era plomero, pero nosotros agarramos para otro lado. En mi caso empecé a trabajar en el Frigorífico Toay con ‘El Gallego’ Gil, y durante un tiempo llevaba carne a Cipolletti y Neuquén. Por lo menos hasta que se instaló la barrera sanitaria que impide seguir llevando al sur”, explicó sobre esa medida que La Pampa considera “comercial” y sin justificativo para impedir el paso de asado de la provincia hacia la Patagonia.

 

Sin aumentos.

 

Al recordar ese cartel de hace unos años, Cristian resaltó que tomaron la decisión de no aumentar los precios a pesar de la difícil situación económica de ese momento. “Era una estrategia de negocios, el tema era ganar menos, comprar de buena calidad, pero mantenerme con los precios así y no sólo mantenernos sino también, de alguna manera, ayudar a la economía de las familias que venían a comprarnos. Aumentó todo de golpe, y recuerdo que la media res subió el doble. Fue un sogazo importante, pero la idea era que ganemos un poco menos, trabajemos más y que la gente compre”, sostuvo.

 

Cristian es un comerciante de vasta experiencia, y después de llevar carne para el sur un día decidió que tenía que estar más en su casa y empezó “a vender aquí por la zona. Incluso probamos con un local en cercanías del Casino (‘Costumbres Argentinas’) pero eran muchos costos y se hizo insostenible”, admitió.

 

Y no la pasó bien, pero como no le escatima al esfuerzo y es perseverante le pidió “a Gruber (dueño del local de Salta y Neuquén en ese entonces) que alquilara su carnicería. Hace de eso unos cuatro años. No estábamos bien y a veces no tenía ni para cigarrillos, pero le metimos para adelante. Había que pensar algo para vender y competir con los grandes y decidimos poner todo al mismo precio, como era antes que se vendía al corte, y eso tuvo aceptación con la gente”, sonríe satisfecho al rememorar lo que con el tiempo, finalmente, sería un acierto.

 

A la vista.
El arranque fue junto con su hijo Lucas. “La idea inicial era armarnos un sueldito. Y por suerte la gente nos respondió muy bien. Nosotros trabajamos todo novillito y vaquillona, picamos la carne adelante a la gente, hacemos todo a la vista, tratamos de mantener la limpieza”, destaca.

 

Y pese a las dificultades y a los aumentos permanentes, no aflojaron en la decisión de “no aumentar los precios” en ese momento. “Como me venía enojando con los proveedores empecé a decirles que no me dejaran la mercadería. Algunos vinieron a las dos semanas y me vendieron al mismo precio que estaba antes. Era una avivada”.

 

“¿Si acompaño de alguna manera a la gente con los precios? Sí, por supuesto… y además con la calidad de la carne. Trato de no engañar, de decirle a los clientes cuando es malo; y le pido a los chicos (sus hijos y empleados), que si no es buena la carne que nos quieren vender, no la bajemos. Y con los proveedores, tratamos de buscar precios, compramos directo en los frigoríficos, y el pollo lo traemos directo de Buenos Aires”, detalló.

 

“¿Por qué viene tanta gente? Pienso que mucho tiene que ver con el boca a boca, y la gente aprovecha. Por eso a veces se ven colas de 30 personas”, dice con humildad. “Otra cuestión puede ser porque la atendemos con buena onda, y por supuesto los precios tienen que ver, porque estamos casi el 20% más barato, y vendemos calidad; porque no estamos ofreciendo el envasado al vacío... hay que decir la verdad, el envasado al vacío es consumo, y puede venir vaca u otra cosa. Nosotros acá le ofrecemos y nos hacemos cargo de lo que le vendemos”.

 

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