Jueves 19 de mayo 2022

Pablo Giesenow, un canto a la vida

Redacción 05/01/2022 - 09.11.hs

"Los límites siempre son más mentales que físicos", expresa como si fuera simple. "Es que es así...", sonríe como diciendo "mirame a mí". Pablo Giesenow (44) -sin que él se lo proponga- es un ejemplo de resiliencia difícil de igualar. En un accidente de tránsito ocurrido en cercanías de Winifreda, allá por enero de 2015, perdió sus dos piernas, y cuando cualquiera podría imaginar que sería una valla insalvable para el resto de su vida, se tornó en un desafío que lo impulsó a verdaderas hazañas... Eso, un desafío para hacer todo lo que se le ocurra a pesar de la tremenda dificultad que el destino se ocupó de plantar en su camino. Aunque él lo vea simplemente como una prueba complicada que la vida le propuso.

 

La amistad con Ramón.

 

No hace mucho el enfermero Ramón Luna -en una nota que apareció en este diario y que titulamos "El héroe del Lucio Molas"- recordó aquellos días, y la amistad que inesperadamente surgió con el abogado cordobés.

 

Es que Ramón, un personaje singular, bromeaba en medio de la tragedia. "Pero claro... cómo no voy a estar agradecido a ese hombre, el querido Ramón... Él siempre con la cuota de humor, oportuna y sanadora...", lo evoca.

 

Y sigue Pablo: "Recuerdo que sus chistes dejaban a todos mirando, sorprendidos, como pensando '¡qué acaba de decir!'. Porque era un humor 'negro' particular... pero siempre con mucho respeto, que era música en mis oídos; era cargar energías de las buenas con una sonrisa que me duraba horas a pesar del dolor que sentía...", rememora.

 

"Fue sanador".

 

Lo cierto es que "mientras estaba internado en el Hospital Lucio Molas no veía las horas de que este nuevo amigo, que acababa de conocer en uno de los peores momentos de mi vida, entrara en esa habitación para escuchar alguna de sus ocurrencias... ¡Fue sanador, mágico...! Así lo recuerdo".

 

El accidente fue el 22 de enero de 2015 -en días se cumplirán 6 años-, "ya estando en Córdoba, en mi casa, recibí su visita... Y fue un reencuentro muy emotivo... Yo aún en mi silla de ruedas pero con una fuerza y unas ganas de salir adelante que contagiaban; y Ramón con la sonrisa de siempre, el cariño y el humor que lo caracteriza y que hace bien a cualquiera... Me digo que fui afortunado de conocerlo, a pesar de las circunstancias", reafirma.

 

"En el Molas, son los mejores".

 

Pero más allá de Ramón, el hombre también tiene "los mejores recuerdos del Hospital Lucio Molas: ¡Son los mejores!", sostiene sin eufemismos. Y sigue: "Mi condición era complicada luego de un accidente traumático, y siempre voy a estar agradecido, infinitamente a cada una de las personas del equipo de Salud que estuvo involucrada de alguna manera en esos momentos... Y también me quedó una gran amistad con el traumatólogo Franco de Turris, un gran especialista pero sobre todo una persona excepcional, que quiero mucho. También con él nos volvimos a ver en la ciudad de Córdoba y en alguna visita por La Pampa".

 

Al año de la tragedia estuvo en el cuartel de Bomberos de Winifreda -lo sacaron de entre los hierros retorcidos del auto-, y en especial a Sergio Ressler, el vecino que detuvo su camioneta para prestar el primer auxilio. "De alguna manera Sergio fue también una suerte de Ángel de la Guarda, porque pasó y paró ante el desastre y avisó para pedir ayuda", precisa.

 

Un hombre agradecido.

 

Pablo recuerda haber venido "a dar una charla en Carhué (provincia de Buenos Aires) y otra a Macachín, oportunidad que aproveché para pasar por Santa Rosa a darles un abrazo". Y así volvió al Lucio Molas "a saludar en una oportunidad", dice y destaca además "y en general, todo el equipo de salud de ese hospital: a la médica Natalia, y a cada enfermero o enfermera que me tomaban placas, me hacían análisis... a los kinesiólogos que me ayudaron en mi rehabilitación física; y en especial recuerdo a Lucre Giraudo, que me hacía saltar con mis prótesis en un mini tramp, mientras al mismo tiempo trabajaba coordinación con una pelota. Fue como una manera de meterme de nuevo en el deporte".

 

Un gran deportista.

 

Es que Pablo, abogado, hoy funcionario -es Director de Discapacidad de la Municipalidad de Córdoba- fue, es en realidad, un enorme deportista.

 

Todavía en el Hospital empezó a imaginar cómo sería lo que vendría, y su espíritu combativo, su optimismo se iba a manifestar acabadamente. En cada charla que lo invitan a dar Pablo esgrime una frase de Albert Eistein: "Existe una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad".

 

Y él la reafirma agregando que "tiene que estar acompañada del combustible humano: el respeto, el cariño, y un gran equipo como el que me acompañó hasta ahora para poder hacer todo lo que me toca. "Soy perseverante, y creo que la mejor terapia es el deporte y el trabajo... y en eso estoy".

 

Y vaya si hace esa tarea terapéutica: hoy practica fútbol, ciclismo, paddle, básquet, pedestrismo, trekking de montaña, y hasta intentó en 2018 hacer cumbre en el Aconcagua (6.692 metros), junto con un grupo -promocionaban los Juegos de la Juventud- que también integraban grandes deportistas como Fabricio Oberto, Paula Paretto, Silvio Vello y al que se sumó el conductor televisivo Julián Weich. "Yo no pude hacer cumbre, pero algunos de los integrantes lo consiguieron", dice a la distancia.

 

Siempre en positivo.

 

No se detuvo a lamentar lo que le sucedió, ni se permitió ingresar en el terreno de la depresión. Redobló sus esfuerzos y es feliz junto a la familia que integran con Angie, "a quien conocí luego del accidente, y con quien somos padres de una hermosa bebé, Matilda que tiene un añito... en el momento que pasó aquello yo era papá de Máximo (20) y Delfi (16)", relata.

 

Pablo, a pocos años de un suceso terrible sacó de sus entrañas una fuerza de voluntad que fue -como lo dice- el combustible para seguir viviendo... Ignorando ese "detalle" que hubiera demolido las energías de cualquier otra persona. Por eso, aunque el se niegue a pensarlo de esa manera es un ejemplo de resiliencia, por su capacidad para pensar siempre en positivo y dejar en claro que el ser humano tiene posibilidades infinitas... sólo hay que buscarlas dentro de uno mismo.

 

El accidente y lo que vino después.

 

Llovía esa noche oscura del 22 de enero de 2015. Pablo viajaba desde Córdoba a Las Heras, Santa Cruz a visitar a su padre. De pronto el auto, por el agua acumulada sobre la ruta 35, empezó a hacer trompos y se estrelló contra el guardarrail. La barrera metálica ingresó al vehículo y le amputó ambas piernas.

 

Un vecino de Winifreda, Sergio Ressler, fue el primero en acercarse, y luego los bomberos de la localidad. "Yo estaba lúcido, y me di cuenta que no tenía una pierna y la otra estaba atrapada entre los fierros... me enteré mientras me llevaban al hospital que había perdido las dos piernas. Fue cuando el médico le preguntó a un enfermero si habían traído los miembros".

 

Cuando se despertó luego de la intervención quirúrgica comprobó que las sábanas llegaban a la altura de sus rodillas. "Recién ahí me di cuenta que todo cambiaba... pero enseguida, a pesar de la tristeza, pensé como iba a hacer para volver a caminar lo antes posible", relata.

 

Pablo perdió casi cuatro litros de sangre y a pesar de eso resistió mientras lo sacaban del auto, el traslado al Lucio Molas y la posterior operación. "Todos me dicen que mi condición de deportista, soy un apasionado del fútbol amateur, incidió para salvar mi vida. Además siempre tuve una vida ordenada, nunca había fumado y bueno... la voluntad hizo el resto", afirma ahora.

 

Cuando ya en Córdoba pudo empezar a moverse con prótesis, apoyado por algunos amigos -Gustavo y Gastón, los menciona- empecé primero andando en bicicleta, después empecé a correr y así... hasta quise en una expedición grupal hacer cumbre en el Aconcagua, pero sólo llegué hasta los 5.000 metros. Igual fue una experiencia extraordinaria", relata.

 

En este momento, además de ser funcionario de la Municipalidad de la Docta, y de hacer todos los deportes posibles, da charlas motivacionales, y un par de veces estuvo en La Pampa para hacerlo. Pablo Giesenow... meta vivir nomás.

 

"¿Y las ojotas?"

 

Ramón Luna fue uno de tantos que estuvieron en la primera línea de la lucha contra el Covid. Preparaba su tesis para la Licenciatura en Enfermería. "Después que pasó el estrés postraumático rendí mi tesis, y con honores...", expresa ahora.

 

Tuvo aquella noche que trasladar al quirófano a Pablo y retirarlo a la habitación después. Y se permitió una broma -casi una locura- al preguntarle al paciente: mientras acomodaba sus cosas: "¿Loco... qué hacemos con las ojotas?". La médica, Natalia Fernández, lo quería matar...

 

"Yo había semblanteado el comportamiento de Pablo, y me di cuenta que había lugar para eso, porque compadecerse no iba a dar buen resultado. Y lo cierto es que él nunca se mostró consternado por lo que le pasó", completa.

 

Son amigos y se han reencontrado algunas veces. "Ramón fue mágico", lo reconoce Pablo.

 

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