Será la Psicóloga que vendía churros
Son estas épocas complicadas, con una economía que –cuando no-- nos ajusta todo el tiempo y nos condiciona. A los que ya hemos transitado buena parte del camino, y también a los que están en los inicios y aún les falta un largo trecho por recorrer en la vida.
Se sabe, no es fácil conseguir trabajos de calidad, con sueldos que estimulen y ayuden a estar mejor. Pero peor aún, están quienes no consiguen esa inserción laboral que les permita mínimas previsibilidades en el diario transcurrir. Los jóvenes que piensan en un futuro mejor se encuentran con obstáculos que no pocas veces le ponen un tabique a sus sueños. De estudiar, de capacitarse y trabajar para el día de mañana formar una familia, y subvenir las necesidades del futuro que pronto se les transformará en presente.
Hacer frente a los obstáculos.
En ese contexto hay quienes aceptan resignadamente lo que el destino les depara, pero también los que subsisten esperanzados que las cosas van a cambiar. Y es allí donde aparecen los decididos a enfrentar las adversidades que la vida les plantea. Estas personas que piensan, que imaginan, de qué manera hacer frente a la situación y salir adelante.
Jacquelina Frank y su novio Matías Urban son jóvenes dueños de un elogiable espíritu emprendedor, y se ilusionan conque vendrán tiempos mejores. Pero para que eso suceda ponen lo suyo pensando en forjarse un futuro.
Como quedó dicho no es fácil conseguir trabajo, si bien Matías pudo ingresar hace un tiempito a trabajar en el hotel UNIT de cocinero, y es ella la que se hizo cargo del “puesto” callejero que ya es un clásico de ese sector de la ciudad.
Luchar por los sueños.
En tanto Jackie –como la llaman-- continúa adelante con esa idea que germinó en ellos un día cuando se dijeron que no se rendirían, que lucharían por sus sueños. Y particularmente, en el caso de ella, de un día graduarse en la carrera de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba. “Me faltan unos finales, pero si Dios quiere voy a conseguir el título y entonces veremos como sigue todo…”, dice con una amplia sonrisa.
Jackie, la vendedora.
Cada tarde, sobre el cantero central donde la avenida Edison se junta con la calle México –en cercanías del monumento al Mate-- Jackie acomoda su mesita, una silla, y se apresta a la tarea de vender productos de panadería que exhibe al paso de la gente.
Y realmente llama la atención, porque los churros, tortas fritas y rosquitas lucen como sumamente apetitosas. Una verdadera tentación para quienes circulan por allí.
Clientes fijos.
Jackie es simpática, amable, y se advierte que en algunos casos tiene un trato de cierta familiaridad con las y los automovilistas que se detienen a comprar. “Es así… tengo como clientes fijos, que pasan todos los días; y otros ocasionales que me ven y compran. Les llama la atención las tortas fritas gigantes, y los churros con dulce de leche… ¿Cuántos días vengo? Lo hago por las tardes, salvo los jueves que me los tomo, y los domingos”, contesta.
Varias horas.
Se sabe, los vendedores en las calles forman parte del mercado informal –a veces con tareas de extensas jornadas--, y ofrecen sus mercaderías para con el producido subvenir sus necesidades, y como en este caso para bancarse los estudios.
Y explica la joven: “Sí, es bastante actividad porque no es sólo la cuestión de la venta, porque hay que hacer un trabajo previo. Por las mañanas me toca cocinar y cuando vuelvo de vender seguir en mi casa limpiando todo lo que quedó desordenado… Pero no me quejo, porque la verdad es que vendo muy bien. Estoy muy contenta con lo que hago y siento que es como que alguna gente nos adoptó”, explica.
Una jornada.
“Vengo generalmente 4 y media 5 de la tarde, salvo que sea un día de mucho calor. Y entonces si el sol pega muy fuerte me refugio en esa esquina (la señala) donde las chicas de la fotocopiadora que trabajan ahí me ‘prestan’ un poco de sombra. Y lo mismo los días de lluvia o viento”, cuenta,
Y precisa: “Ya ven, tengo estas tortas fritas gigantes, tenemos churros con dulce de leche y rosquitas. Tenía mini churros también, pero ahora ya no. Vengo todos los días menos jueves que me los tomo y los domingos tampoco trabajo, pero siempre trato de avisar en mis redes los días que estoy”.
La estudiante.
Jackie hace un sacrificio estudiando Psicología en Córdoba. Me faltan algunos finales, pero vengo bien. ¿Si voy a ser la Psicóloga que vende churros? Ojalá… querría decir que me recibí, pero demás me gusta esto que hago de vender un poco de dulzura”, apunta.
De todos modos expresa que lo que más le gusta es la carrera que lleva de buena manera en la Universidad Nacional de Córdoba. “Pero a esto que hago le tomé mucho cariño… ¿Si el día de mañana podríamos abrir un local de venta de lo que ahora ofrecemos en la calle? Sería una posibilidad, por qué no. Acá me va bien, es una buena ubicación porque la gente pasa y por ahi se tienta y se lleva algo”.
Lo que viene.
Jacquelina es hija de Luis y de Graciela, y tiene una hermana (Martina) que también trabaja en un hotel. “Y después está la abuela de Matías, Marta, que también nos da una mano. Tenemos nuestro instagram donde nos pueden encargar lo que endemos… es ‘Agu.Herminda’, que era el nombre de la bisabuela de mi novio… como una suerte de homenaje a ella”, concluye.
Jacquelina, dentro de algunos meses, mirando atrás podrá recordar el sacrificio que hizo para estudiar y recibirse. Y entonces podrá decirse a sí mismas: “Sí, soy la psicóloga que vendía churros en las calles de Santa Rosa…”.
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