Miércoles 03 de agosto 2022

Chávez no lo dice por prudente pero debe pensar: "es para Obama que lo mira por TV"

Redacción 17/02/2009 - 05.47.hs

El domingo deparó una gran victoria política del presidente de Venezuela, pues la mayoría del electorado respaldó su enmienda constitucional. Habrá Hugo Chávez para rato, si es que lo votan en 2012. Y eso es democracia.
EMILIO MARIN
En términos redondos, la propuesta chavista del SÍ tuvo 6 millones de votos, y la opositora del NO 5 millones. El 55 por ciento fue para la opción presidencial y el 45 por ciento para sus detractores.
A simple vista esos números dicen claramente quién ganó y quién perdió este 15 de febrero en una pulseada que se vino preparando democráticamente. En diciembre y enero la enmienda fue discutida y votada en la Asamblea Nacional (Parlamento), por una abrumadora mayoría de legisladores. Y fue respaldada desde la calle por 6 millones de firmas.
La consulta popular fue convocada legalmente por el Consejo Nacional Electoral, a cargo de Tibisay Lucena, y controlada por mil observadores nacionales e internacionales. En rigor, mil menos uno, porque el eurodiputado español del derechista Partido Popular, Luis Herrero, fue expulsado en la antevíspera de la votación luego de llamar "dictador" al presidente. Lo pusieron de patitas en el primer avión que salía rumbo a Brasil para que después fuera a contarle sus penas a su jefe político José María Aznar, que alentó junto a Estados Unidos el golpe de Estado en Caracas en abril de 2002. Ese acto de violencia depuso a Chávez por 48 horas pero no pudo impedir su reposición en el presidencial Palacio de Miraflores.
El jefe de Estado había proclamado en la semana previa al comicio que respetaría el resultado, cualquiera fuera, y pidió que la oposición tomara ese compromiso democrático. En diciembre de 2007, cuando Chávez perdió por apenas 1,4 puntos un referendo para un cambio de la Constitución, tardó menos de ocho horas en reconocer la victoria opositora.
Al momento de escribir esta nota brilla por su ausencia la admisión de la derrota por la mal perdedora oposición, representada por el partido socialdemócrata AD, el socialcristiano Copei y el también derechista Primero Justicia, más un variado arco social de los empresarios de Fedecámaras, los líderes estudiantiles y la cúpula eclesiástica del cardenal Jorge Urosa.
Detrás de ese conglomerado está en el comando una lista de dueños de medios de comunicación, especialmente Globovisión, y en última instancia la embajada norteamericana, aunque decapitada por la expulsión del embajador Patrick Duddy.
De ese conjunto de opositores no surgió hasta ahora una sola voz que dijera que habían perdido y que felicitaba al presidente por su inobjetable victoria. Podrían haber procedido lealmente, teniendo en cuenta que no hubo ninguna denuncia sobre algún incidente grave en los 11.000 centros de votación. Pero no hay caso. Los supuestos democráticos, que acusan a Chávez de totalitario, son tan energúmenos como en abril de 2002, cuando dieron el golpe de Estado.

 

Matemáticas extrañas.

 

Cualquier escolar primario dirá que 6 millones son más que 5 millones, y que el 55 por ciento es más que 45 por ciento. Sin embargo, en la mañana de ayer, el conductor de un programa de Radio Belgrano, "Cholo" Gómez Castañón y varias de sus panelistas, aseguraron que el resultado venezolano era "un empate". Que la diferencia "era de sólo 5 por ciento", que si ese 5 por ciento hubiera votado en contra de Chávez habría sido un empate.
Es notable cómo gente culta, pero desviada ideológicamente, no supera una prueba de aritmética de primer grado. No fueron 5 sino 10 puntos los que sacó el chavismo a sus opositores y esa ventaja amplia no se achicará porque desde el micrófono de radio Belgrano se diga lo contrario.
Las consultoras más conocidas de Venezuela, como Datanálisis, de Luis Vicente León, habían previsto un resultado más parejo, con una diferencia de 3 puntos a favor del gobierno. Y se quedó bastante corto.
Se puede decir que la población venezolana está "polarizada". Esto sí es verdad, pero no es cierto que se trate de dos mitades iguales. El segmento que acompaña la política bolivariana del presidente es mayoritario, por sobre la que expresa a la oposición.
Y esa correlación de fuerzas, que se nota en la calle, en lo que pueden movilizar uno y otro, también se verifica a nivel electoral. Desde la elección de diciembre de 1998, cuando el actual presidente ganó por primera vez, hasta la consulta popular de este domingo, transcurrieron algo más de diez años y hubo 15 comicios: presidenciales, regionales, referendos, etc.
De esas 15 compulsas, el chavismo ganó 14, con buen margen, y solamente resultó perdidoso en la reforma constitucional de diciembre de 2007.
Hay que ser justos, entonces, y decir que Chávez tiene la mayoría de la población del lado suyo. Una cosa tan simple no es entendida por la oposición, que acusa a aquél de "mono" y "dictador", pasando por todos los descalificativos.
Y cuando no tienen elementos para esas acusaciones, las inventan. El 31 de enero hubo un robo y actos de vandalismo en la principal sinagoga de Caracas. La dirigencia de la Asociación Israelita de Venezuela (AIV) declaró que eso era parte de una tendencia "antisemita" del gobierno y que "Venezuela no era un lugar seguro para los judíos". Los medios privados de comunicación sirvieron para montar esa provocación. Luego el gobierno detuvo a 11 personas, entre ellas varios policías, acusados de ser parte del grupo de delincuentes que perpetró el robo en la caja fuerte de la sinagoga. Resultó que el cabecilla había sido hasta hace poco jefe de la custodia del rabino de ese templo. Pero para la región y el mundo quedó Chávez como "antisemita".

 

Político inteligente.

 

Del triunfador del domingo se pueden decir muchas cosas en contra, menos que no sea democrático, sobre todo a partir de su salida de prisión en 1994, cuando empezó a organizar su Movimiento V República, antecedente del actual Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Las catorce victorias y una derrota admitida en esta década certifican que es un hombre que está donde está por el voto popular.
El Departamento de Estado norteamericano y Mariano Grondona sólo pudieron convencer en Argentina a Elisa Carrió y Mauricio Macri de la tesis de que Chávez tiene legitimidad de origen pero la fue perdiendo en el desarrollo de su gestión. La mayoría de los venezolanos no piensa de ese modo.
Tampoco se podrá acusar al mandatario de ser un político tonto. ¿Por qué precipitó la elección por esta enmienda de la Constitución, si venía de un traspié en la reforma de diciembre de 2007? No es que haya una sola respuesta, pero seguramente debe haber influido la lectura que el jefe de Estado hizo de la crisis económica internacional y sus probables consecuencias en lo doméstico. Si la mayor parte de 2008 el barril de petróleo cotizó a 97 dólares y en 2009 lo hacía a 37, era evidente que el Estado percibiría una cantidad de ingresos bastante menor al año pasado. Las dificultades económicas serían mayores y por más que el gobierno tenga políticas anticíclicas, sería difícil mostrar mejores resultados que en el ejercicio anterior a los ojos de la gente menos simpatizante con la revolución bolivariana. Mejor sería votar ahora, tal parece haber sido la conclusión del líder del PSUV.
Y estuvo bien que procediera de ese modo, luego de ganar en noviembre pasado en 17 de las 22 gobernaciones. Votar en una coyuntura más favorable al oficialismo, no significará un acto de oportunismo pues en lo que resta de mandato el presidente debe cumplir con su gente, de toda Venezuela. Sabe que en ello le va la vida. Si defraudara, entonces que ni sueñe con ganar otro mandato en 2012. Y aún si lo lograra, puede perderlo a mitad del mismo porque la Carta Magna habilita los referendos revocatorios.
Que la derecha venezolana y la derecha argentina no le den más vueltas al asunto. Ese presidente ganó porque, aún con muchas asignaturas pendientes, dio voz a la gente humilde, invirtió la renta petrolera en programas sociales, sacó a dos millones de indigentes de ese abismo, erradicó el analfabetismo en 2005 y dio agua potable al 90 por ciento de la población, entre otros tantos logros. Si sigue haciendo cosas como esas, la gente lo va a votar y si no lo hace habrá sellado su suerte para la siguiente elección.
Barack Obama tiene que tomar nota del comicio en Venezuela y saber que en sus cuatro años en la Casa Blanca, se las verá en Miraflores con un presidente al que no podrá llevar por delante. En la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, en abril, tendrá la oportunidad de retomar el diálogo con Venezuela o de persistir en las políticas de George Bus

 

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