Sabado 28 de mayo 2022

Ahora falta otro laudo presidencial

Redacción 08/05/2022 - 00.51.hs

Aún resuenan los ecos de la última visita presidencial a La Pampa. Son ecos que se extienden hasta la mismísima Cordillera de los Andes. Es que la histórica decisión anunciada por Alberto Fernández, dándole la razón a quienes reclaman un nuevo estudio ambiental para Portezuelo del Viento, terminó por herir de muerte a la considerada como "la obra del siglo" para los cuyanos.

 

El presidente fue consecuente con lo que siempre dijo, y en ese sentido hay que reconocer que no faltó a su palabra y que cumplió con su promesa. Siempre se manifestó a favor del consenso para que todos los proyectos contaran con el acuerdo de todas las provincias de la cuenca. Y fue eso lo que hizo en este caso.

 

Obviamente, la situación no les hizo mucha gracia a los mendocinos, a pesar de que se la veían venir. Acostumbrados a vivir siempre muy cerca del poder, con presiones constantes, ahora sacaron a relucir un reclamo por regalías de Los Nihuiles. Y por si fuera poco, advierten que analizarán su salida de Coirco. Así parece que seguirán, batallando desde su mezquindad, para sacar la mejor tajada posible de cada gestión, sin pensar en el bienestar general.

 

Por eso mismo se apuraron en anunciar que no estaban de acuerdo con la propuesta de conformar un ente nacional para manejar la cuestión hídrica en forma centralizada. Fueron a Israel como parte de una delegación nacional a observar un sinfín de iniciativas de aprovechamiento del recurso, pero solo destacaron las que les convenían a ellos. El capítulo destinado a compartir el agua se lo saltearon por completo.

 

Más allá del anuncio del laudo que tanto molestó a los mendocinos, en su visita a General Pico el presidente también cumplió con otros compromisos para La Pampa, como lo es la obra de extensión del acueducto del Colorado hacia el norte provincial.

 

Y también cumplió con la promesa de traer a todo el gabinete nacional a reunirse en capitales alternas, entre las que se cuenta la ciudad del norte pampeano.

 

No hay nada que objetar en cuanto al cumplimiento de estos compromisos, y tampoco en lo referido a los fondos que se aportan desde Nación para encarar nuevos emprendimientos en territorio pampeano. Así se encargan de reconocerlo y manifestarlo en cuanta oportunidad tienen tanto los intendentes como los funcionarios provinciales, tras padecer en carne propia los cuatro años de postergaciones durante la gestión macrista.

 

Se acabaron las excusas.

 

El problema, claro está, no tiene que ver con los compromisos de Nación con las provincias. El inconveniente grave está en la propia gestión del Frente de Todos, atascada -al menos hasta ahora- en disputas internas.

 

Pero, luego de una preocupante escalada de acusaciones mutuas, por lo que general protagonizada por reputados "voceros" del "albertismo" y del "cristinismo", el último viernes se vivió una especie de desenlace con inusitada expectativa previa. Es que primero el presidente hablaba desde Tierra del Fuego y más tarde lo hacía la vice desde Chaco.

 

De uno y otro lado se habló de unidad y también de la ausencia de peleas. Las referencias fueron hacia el "debate de ideas" y la integración de un "proyecto colectivo" dentro del frente gobernante.

 

Pues bien, si se toman las palabras de uno y otro, los argentinos deberíamos quedarnos medianamente tranquilos. Quiere decir que de ahora en más se acabaron las excusas y que todos tienen en claro que hay que tirar para el mismo lado sin poner palos en las ruedas. Ya pasó la pandemia, ya se firmó un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para saldar la millonaria deuda que usaron los representantes del poder real para fugar capitales al exterior y ahora queda ocuparse en serio de la deuda más importante: la que debe saldar el gobierno con el pueblo.

 

Hasta ahora se dijo que primero había que resolver los otros temas y después que las disputas frenaban la gestión. Ahora que todos hablan -al menos públicamente- de una unidad que permitirá cumplir con esos objetivos, no queda más que hacerlo de una buena vez. Y si hay "algo o alguien que no funciona", habrá que cambiarlo.

 

La gente los votó para recuperar una calidad de vida que tuvo años atrás, con la posibilidad de progresar, llegar a la casa propia, pagar los estudios de sus hijos, cambiar el auto y salir de vacaciones, todo conseguido con un trabajo digno y bien remunerado. Hoy, los propios funcionarios admiten que hay trabajadores que terminan siendo pobres a pesar de tener ocupaciones formales, en una situación que en muy raras ocasiones se vivió en nuestro país. Y ni que hablar de nuestros jubilados.

 

El presidente, que ha demostrado que sabe laudar como se debe, ahora debe laudar a favor del pueblo. Nada más ni nada menos.

 

DANIEL ESPOSITO

 

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