Lunes 24 de junio 2024

Cómo se deben ganar las guerras

Redacción 09/06/2024 - 01.14.hs

Desde su columna en el New York Times, Bret Stephens es uno de los comentaristas más interesantes del arco conservador. Lejos de las teorías conspirativas o las noticias falsas de sus colegas más ultras, construye argumentos persuasivos, sin salirse jamás de los moldes de la democracia liberal clásica. Leer lo que tiene para decir por estos días, en que se conmemoró el 80 aniversario del desembarco aliado en Normandía, arroja luz sobre lo que se cocina en las usinas de la derecha clásica. Y lo que se escucha no deja de ser inquietante.

 

Europa.

 

En su columna del pasado 4 de junio, y desde el habitual pedestal atlético en el que suelen colocarse los norteamericanos, insta a Europa a prepararse mejor para lo que viene. Y lo hace en base a datos ciertos. Su baja de productividad, que cayó del 36% del producto bruto mundial en 1960 a apenas un 22% en 2020; su falta de innovación tecnológica ("¿Dónde está el equivalente europeo a Microsoft o OpenAI?"); su crecimiento demográfico negativo (hasta se permite señalar que ni Macron, ni Merkel tuvieron hijos); y, por cierto, su falta de compromiso con la defensa militar. "Si Rusia venciera a Ucrania y luego decidiera invadir alguno de los países bálticos, cuántos soldados españoles, alemanes o belgas estarían dispuestos a ir a morir en esa guerra?".

 

Desde luego, no deja de incluir en esta ecuación el problema de la creciente población musulmana -proveniente de la inmigración-, a la que percibe como un problema, no desde una postura explícitamente racista, sino en cuanto amenaza para la vigencia de los "valores europeos de tolerancia moral y liberalismo político".

 

Desde luego, aún desde la derecha, no deja de mostrar su preocupación por el ascenso de las fuerzas neofascistas europeas, y por las actitudes de Donald Trump hacia la OTAN, su identificación con líderes autoritarios, y su pasmosa ignorancia de la historia.

 

Guerra.

 

En un artículo anterior, escrito en una vena similar, Stephens cuestiona hacia adentro de los EEUU, y pregunta en qué momento su país "olvidó cómo es que se ganan las guerras". Concretamente sostiene que en los últimos años parecen haberse especializado en perder, como ocurrió con las humillantes retiradas de "Saigón en 1975, Beirut en 1984, Mogadishu en 1993 y Kabul en 2021".

 

Desde una postura imperial, desde luego, no se cuestiona si la guerra de Irak se basó en las mentiras acerca de las supuestas armas de destrucción masiva. O si los talibanes que volvieron al poder en Afganistán no fueron en realidad un producto de los propios EEUU, que los entrenaron y armaron para combatir contra la Unión Soviética, aún a sabiendas de que eran un grupo de fanáticos radicales islámicos.

 

Se consuela, sin embargo, reconociendo que todas esas guerras no eran "existenciales" para su país, como lo son las actuales guerras en Ucrania y Gaza para Kiev y Tel Aviv.

 

Recuerda en cambio cómo pelearon los norteamericanos cuando en la guerra en curso sí les iba su suerte como país. Y aquí es donde su relato se vuelve escabroso. Por ejemplo, recuerda la Guerra de Secesión, donde tuvo lugar el sitio de Vicksburg, y donde la hambruna de la población fue tal que hasta perros, gatos y ratas abandonaron la ciudad, sin que a nadie se le ocurriera hablar de "ayuda humanitaria".

 

WWII.

 

Luego recuerda cómo se combatió en la Segunda Guerra Mundial, donde los bombardeos aliados "mataron unos 10,000 civiles en los Países Bajos, 60,000 en Francia, 60,000 en Italia y cientos de miles de alemanes. Todo esto fue parte de una declarada política anglo-americana de minar 'la moral del pueblo alemán hasta el punto de que su capacidad de resistencia armada esté fatalmente debilitada'. La misma política que aplicamos en Japón, donde los bombardeos mataron cerca de un millón de civiles".

 

Stephens cree que Ucrania e Israel deberían combatir sus actuales guerras de la misma manera, ya que son para ellos -según su expresión- "guerras existenciales". Desde este punto de vista, la preocupación internacional por las muertes de civiles en Gaza sería una demostración de debilidad, de flojera, de parte de Occidente.

 

Pero hay un dato histórico que se pierde en su análisis: y es que, después de la Segunda Guerra Mundial, el hartazgo, la indignación de la humanidad contra toda aquella carnicería inútil, produjo el sistema internacional de Derechos Humanos que nos rige, aun cuando EEUU no se haya sometido a él. Ese sistema se aplica tanto a los niños palestinos asesinados con bombas norteamericanas dentro de una escuela, como a los ciudadanos negros asesinados todos los días por la policía en las calles de "América la hermosa".

 

De haber hablado con los europeos de a pie, sabría también por qué motivo después de 1945 declinó constantemente el crecimiento demográfico. Esa gente se resiste a traer hijos al mundo: "¿Para qué? ¿Para que los maten en la próxima guerra...?"

 

PETRONIO

 

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