Domingo 07 de agosto 2022

El lenguaje es un virus

Redacción 31/07/2022 - 12.21.hs

El otoño pasado, la periodista neoyorquina Amanda Morris viajaba en tren con su madre, con quien mantenía una conversación usando lenguaje de señas. Un hombre sentado cerca de ellas -también hijo de padres sordos- se unió a la conversación, y a poco de integrarse comenzó a bromear con Amanda, de que por su uso de las señas parecía alguien de mucha más edad, ya que muchas de sus signos estaban pasados de moda. Así fue como ella, que siempre había usado ese medio exclusivamente en casa, para comunicarse con sus padres, descubrió que al igual que los idiomas, ese lenguaje está cambiando permanentemente.

 

Cambios.

 

En un artículo de reciente publicación, Morris documenta los enormes cambios que está experimentando la lengua de los sordos. Muchos de eso cambios son el producto de la popularización de los teléfonos inteligentes y el video como medio de comunicación, gracias a los cuales hoy este grupo poblacional puede tener conversaciones telefónicas, hasta hace poco impensables. "En el pasado, el lenguaje de señas cambiaba lentamente, porque las conversaciones eran cara a cara: hoy una seña/palabra nueva se puede propagar como un incendio a través de TikTok, lo que no podría haber pasado nunca antes".

 

En la mayoría de los casos, estas nuevas señas son más compactas que las ampulosas señas tradicionales, lo que las hace más fáciles de captar en la pequeña pantalla de un celular. Otros cambios han permitido al lenguaje volverse más inclusivo y más preciso. Por ejemplo, el viejo signo para representar a Italia era una cruz, pero como en el presente la religión ha perdido peso cultural, la nueva señal intenta un dibujo de una bota, con la que se suele comparar la forma de esa península europea.

 

Así también han cambiado los signos para representar el concepto de la bisexualidad, o el de la diversidad (antes casi equivalía al de "desigualdad", en cambio ahora incluye el concepto de colores y de grandes grupos de gente). Así es como los jóvenes están abrazando esta verdadera revolución, que muchas veces implica humor y ambigüedad, mientras los sordos de generaciones anteriores los miran con suspicacia, temiendo que estos cambios terminen por contaminar ese precioso medio de comunicación. Bienvenidos a la posmodernidad.

 

Parentese.

 

Según otro reporte, tal parece que han descubierto un nuevo idioma, o quizá sería mejor usar el término que usaban los romanos, una "lingua franca": esto es, un conjunto de palabras y una gramática entendible en forma más o menos universal, al modo que, en su momento, se propuso el esperanto.

 

A falta de un nombre mejor, lo han bautizado "parentese" (en inglés: en español sería algo así como "padrés" o idioma de los padres y madres) y lo presentaron en un estudio muy ambicioso, transcultural, publicado en la revista Nature Human Behavior. El relevamiento abarcó a 50.000 personas de 187 países diferentes, y relevó la manera en que los seres humanos a lo largo del mundo nos comunicamos con los bebés. Los resultados, sorprendentes, son que ese idioma -que consiste en "hablar como bebés", pero también, en experimentar con el sonido de las vocales y con la melodía- es muy uniforme a través de las culturas.

 

Aunque nos avergüence reconocerlo, todos hemos incurrido en este territorio, que normalmente involucra afinar el tono de la voz, casi hasta llegar al agudo condescendiente de una empleada de boutique. El estudio no relevó la opinión de los bebés, para saber si el "parentese" es efectivo, pero no hay dudas de que está extendido en medios rurales y urbanos, aislados y sobrepoblados, desde cazadores recolectores en Tanzania hasta sofisticados habitantes de las ciudades más top de occidente.

 

Tal parece que esas voces agudas y esas canciones de cuna sirven un propósito que excede los marcos culturales: transmite emociones, inicia al infante en el lenguaje, y por sobre todas las cosas, lo ayuda a conectarse, ya que un bebé solitario tiende a tener dificultades para sobrevivir. Tal parece que ese tono de voz les facilita la comprensión, y que esas canciones de cuna tienen, efectivamente, un efecto analgésico y ansiolítico.

 

Fonemas.

 

No debería extrañarnos, la verdad. El lenguaje está construido de fonemas, y éstos exceden largamente las sílabas que construimos con nuestras vocales y consonantes. Los tonos de voz también tienen significados. Y las onomatopeyas, y la gran variedad de sonidos que pueden generarse con la boca y la garganta. De hecho, los lingüistas han detectado que, cuanto más "evolucionada" es un idioma -esto es, cuanto más lejano de las primeras lenguas africanas- paradójicamente su cantidad de fonemas -su riqueza- es menor.

 

Es muy fuerte la tentación de asumir que el lenguaje del que tanto presumimos los seres humanos, en realidad, nos fue "dado" en algún momento de la evolución, y desde entonces no hemos hecho más que empobrecerlo o contaminarlo. Algo de eso hay en aquella famosa frase de William Burroughs, "el lenguaje es un virus proveniente del espacio exterior", aunque al parecer esa formulación era más poética que otra cosa.

 

También, en el mito bíblico de la Torre de Babel, según el cual, la multiplicidad de idiomas, y las dificultades de comunicación que ésta nos acarrea, no sería más que un castigo divino para la soberbia humana, que como todos saben, empezó con una manzana en el jardín del Edén. Ese dato podría indicar que Adán y Eva escuchaban a Los Beatles, lo que explicaría su creatividad y su rebeldía para con el Padre.

 

Así que, Babel o no, hay un momento en que todos los humanos regresamos a ese lenguaje primigenio, y es cuando nos confrontamos con el milagro del nacimiento de un nuevo bebé. Después lo olvidamos, como lo olvidamos casi todo. Si no, sería imposible construir una carrera política.

 

PETRONIO

 

' '

¿Querés recibir notificaciones de alertas?