Las huellas de un arroyo

Redacción 05/02/2017 - 00.48.hs

Beatriz Dillon (*) - Al norte del departamento Lihuel Calel, un pequeño arroyo intermitente de 20 kilómetros nace en la divisoria de aguas de la planicie y se pierde en pequeños bajos salitrosos del valle Maracó Grande: el arroyo El Perdido.
Al sur del valle Argentino, nuevos valles adquieren forma entre las cotas superiores de la planicie de 300 metros sobre el nivel del mar, hasta alcanzar depresiones de algo más de 100 msnm. La ruptura de pendiente conforma desde abruptas barrancas, a suaves depresiones que dan lugar a escurrimientos superficiales que ocasionan -muchas veces- profundos barrancos y hasta escurrimientos semipermanentes en el fondo de valle.
Los valles de Maracó Chico y Maracó Grande se configuran como valles de menores proporciones que el gran Valle Argentino y aunque se reconocen en su fondo formaciones arenosas, las mismas no llegan a formar grandes cordones medanosos.
Al norte del departamento Lihuel Calel, un pequeño arroyo intermitente de 20 km. de recorrido nace en la divisoria de aguas de la planicie y se pierde en pequeños bajos salitrosos del fondo del valle de Maracó Grande: el arroyo El Perdido.
Junto a él, se ubica una estancia cuya historia y geografía se rescatan desde el momento mismo del proceso de conformación del Territorio Nacional de La Pampa luego de la envestida militar de 1879 que desarticuló el territorio indígena. La conformación del espacio en la Estancia El Perdido, refleja los procesos sociales que han modelado su geografía actual.
Su historia se encuentra materializada en una serie de objetos que aún permanecen y que dan cuenta de la construcción de multiterritorialidades en torno a explotaciones ganaderas extensivas y campos y cotos de caza que modifican las relaciones, y dan marco a un mundo de estrategias en el medio rural pampeano.
En El Perdido, la organización productiva se basa en la tradición familiar ganadera, la que ha permanecido por varias generaciones, las que se han ido adaptando a la situación de la economía mundial y nacional.

 

Maracó Grande.
La génesis y morfología del valle de Maracó Grande responde a la que se ha descripto de los demás valles centrales de La Pampa, aún con sus dudas y permanentes aportaciones sobre su origen. Sin embargo, la morfología es similar: planicies, pendientes y fondo de valle son visibles en su recorrido, evidenciando la dinámica del accionar hídrico y eólico. Con dirección sudoeste-noreste disecta las planicies del norte del departamento Lihuel Calel y el sudeste del departamento Utracán. En una zona de explotación ganadera de cría y recría, las condiciones de la vegetación dan cuenta de la intensificación del ambiente árido. Los restos del bosque de caldén alternan, ahora, con la formación del jarillal y de un conjunto arbustivo que da lugar a un monte sucio.

 

Los primeros dueños.
Los registros de mensuras de La Pampa, específicamente el expediente de fecha 26-10-1898, da cuenta que los Lotes 11 y 12 de la Fracción B, Sección X del Territorio Nacional de La Pampa fueron escriturados, inicialmente, a nombre de Juan Fernando Caillard, con un total de 20.000 hectáreas. Inmediatamente se tomó posesión de las tierras y el auge de la ganadería lanar puso en marcha la consolidación de una gran explotación ovina que, hacia 1901, contaba con un inmenso galpón de esquila y depósito de lana que aún permanece en pie en la Estancia El Perdido. Para la construcción del galpón, el casco de la estancia y las demás dependencias de servicio, los primeros propietarios tenían su propia elaboración de ladrillos ubicada a escasos metros de las nacientes del arroyo del mismo nombre; desde allí transportaban los ladrillos para la construcción de los edificios de la gran estancia de "los ingleses", como se la conocía en la época.
En el plano de 1922 la propiedad de la tierra había pasado a Adolfo Zuberbühler, un destacado productor ganadero bonaerense. A los pocos años, El Perdido fue adquirido por la firma Ruiz Pérez de General Acha quien la mantiene hasta los años '60. Posteriormente, Bertil Grahn compro 75.000 hectáreas en La Pampa; en ellas se erigían varias estancias y una de ellas era El Perdido.
Además de la producción ganadera vacuna y ovina, la familia Grahn se destacó por ser aficionada a la cría de caballos de polo, aunque su actividad principal siempre fue la cría y recría de vacunos.

 

La explotación de "karakul".
Hacia 1850 las pieles de neonato de raza karakul, el astracán, habían tomado gran auge en el mercado mundial peletero. Hacia 1911 se reconoce el primer arribo a Argentina, de 21 ovejas y 6 carneros puros de pedigree de la raza peletera karakul, donación del emperador Francisco José de Austria-Hungría. La cría de karakul en Argentina resultó exitosa en regiones de ambientes semidesérticos, semejante a su medio natural original en el continente asiático. Los primeros reproductores generaron una mestización con la raza criolla y la Lincoln para lograr el llamado puro por cruza Karakul Argentino.
El Censo Nacional Agropecuario del año 1937 arrojó un stock de 773 reproductores de pedigrée y 18.761 cabezas mestizas de karakul, cuya distribución espacial coincidía con los territorios patagónicos. Tras la segunda guerra mundial, el stock de karakul argentino registró un importante crecimiento, tanto en calidad como en calidad. El impulso fue dado por productores de origen europeo cuyo producto, el astracán, se encontraba entre los más selectos del consumo de las clases más acomodadas. Esta situación motivó que muchos productores locales comenzaran a adquirir reproductores de prestigiosas cabañas europeas y norteamericanas.
La cría de especies de raza karakul en Argentina estaba destinada a casi exclusiva producción de pieles enruladas de color negro, última moda en la Europa previa a la segunda contienda bélica. Para la década de los '70 y con un mejoramiento significativo de la raza, el país alcanzó a no menos de 500 establecimientos con majadas karakul y una zafra de más de 200.000 pieles comerciables.
Los cambios en las modas, el derrumbe de los precios para pieles y lanas y la intensificación de las campañas conservacionistas anti pieles naturales, entre otras, provocó hacia 1980 el derrumbe del mercado mundial del astracán. Dicho contexto provocó el fin de la producción en masa y el cierre de muchos de los establecimientos del rubro.

 

Situación actual.
El espacio geográfico de los valles pampeanos, sobre todo en su porción sur, presenta una organización productiva basada en la ganadería extensiva de cría y en algunos casos de recría. Las explotaciones ganaderas alternan con campos y cotos de caza que manifiestan un aumento de la actividad en los últimos años.
Tal organización productiva no altera, por lo menos a simple vista, la magnificencia del gran valle de Maracó Grande, donde dicho rosario de estancias alternan con bajos salinos, pronunciadas pendientes y planicies de más de 300 metros de altura. Por su parte, el arroyo El Perdido, de algo más de 20 kilómetros de extensión, registra caudales algo más permanente durante la época de lluvias torrenciales de los meses de verano, registrándose según los testimonios de los habitantes del lugar períodos de casi un mes de escurrimiento permanente durante los años más lluviosos. El resto del año se presenta como un cañadón salitroso donde la fauna del lugar, jabalíes y ciervos principalmente, se acercan a las zonas con presencia de agua.
El departamento Lihué Calel es el menos poblado de La Pampa y los tres últimos censos acreditan un decrecimiento poblacional progresivo de 582 habitantes para el año 1991, 547 en el año 2001 y 439 personas en 2010. La población es en su totalidad rural, aunque el 32 por ciento se localiza en la cabecera departamental, la localidad de Cuchillo Có. El resto de la población rural dispersa se localiza en grandes estancias ganaderas que alternan con campos y cotos de caza.

 

* Instituto de Geografía, UNLPam

 

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