Martes 27 de septiembre 2022

Nadar en frío para combatir la demencia

Redaccion Avances 14/08/2022 - 09.00.hs

La demencia es un síndrome complejo que afecta a la memoria y a la conducta de quienes la padecen. No existen curas, aunque los avances científicos siguen arrojando luz sobre posibles rutas terapéuticas.

 

Alejandro Villarreal *

 

El garage de casa, la casa donde me crié, guarda y acumula el frío de inviernos pasados. No importa si en julio hay sol y está lindo afuera. Adentro del garaje, helará. Se puede entrar para dejar o sacar algo, pero cuesta quedarse adentro más de unos minutos. Si la puerta que conecta el garaje con la casa queda abierta, el garaje absorberá todo el calor, como los agujeros negros absorben la luz del universo. Mi papá a veces trabaja ahí, lo que parecería una locura, pero puede que no esté tan errado. Lo mismo podría decir de mi hermano, quien se baña en los lagos de deshielo en la Patagonia como si fueran una pileta climatizada. Quizás también tenga la clave para combatir lo inevitable.

 

Con la vejez pasan cosas. Entre ellas, un aumento en la probabilidad de aparición de algún tipo de demencia como la enfermedad de Alzheimer que involucra la pérdida de memoria en forma progresiva, entre muchos otros cambios de conducta. Este tipo de patologías también se conocen como enfermedades neurodegenerativas porque hay muerte neuronal, que también ocurre en forma progresiva. Antes de perder las neuronas, también hay pérdida de sinapsis, es decir, se reducen las conexiones que hay entre las neuronas afectadas.

 

La enfermedad de Alzheimer puede tener un origen genético aunque en la mayoría de los casos aparece sin este correlato en el ADN. Independientemente de su origen, definitivamente está asociado a la edad de los pacientes y cada vez representa un problema mayor. Sobre todo, sabiendo que las poblaciones mundiales están envejeciendo en el sentido de que cada vez más se alcanzan edades más altas. Este pronóstico también alcanza a Latinoamérica.

 

Mecanismos que subyacen.

 

Los cambios en la conducta y la pérdida de memoria es lo que percibimos como consecuencia de un montón de cambios que ocurren en los órganos, los tejidos, las células y sus moléculas. Dicho de otra manera, la combinación de un montón de mecanismos moleculares que afectan a las células y a los tejidos que estas forman, terminan llevando a los problemas que podemos ver en las personas con demencia. Hoy se conocen muchos de esos mecanismos, pero no necesariamente deja de seguir siendo poco en relación a lo que hace falta para realmente encontrar curas o terapias dirigidas que realmente funcionen.

 

Como mencioné antes, uno de los fenómenos que ocurren en los momentos iniciales de la enfermedad de Alzheimer, por ejemplo, es la pérdida de sinapsis. Entonces, podemos plantearnos algún plan para restaurar esas sinapsis.

 

Obviamente, se han intentado muchas cosas pero cada tanto aparece alguien con una mirada particular del asunto que logra encontrar “puntas” interesantes como por ejemplo el uso del frío y mecanismos activados por el frío como terapia restauradora de sinapsis.

 

Animales que hibernan.

 

La Doctora Giovanna Mallucci, neuróloga e investigadora oriunda de Italia pero establecida en el Reino Unido, intenta desde hace muchos años encontrar esos mecanismos moleculares que fallan pero que, al arreglarlos, podrían ayudar a reestablecer las sinapsis perdidas. Buscando y buscando, decidió mirar hacia fuera del laboratorio, hacia la naturaleza, y encontró algo muy interesante. Como todo el mundo sabe, hay animales que hibernan. Se refugian entrando en una especie de sueño o letargo durante largos períodos de tiempo disminuyendo dramáticamente su metabolismo. No es simplemente una siesta larga y calentita. Es una actividad compleja que ayuda a soportar largos períodos de frío y escasez de alimento y es muy común en algunas especies de osos y otros animales. Uno de esos cambios es la pérdida de sinapsis que luego son restauradas al llegar la primavera. Esa pérdida y recuperación de sinapsis es un fenómeno de “plasticidad” y se dispara por el frío. Está demás decir que la memoria de esos animales sobrevive todos esos cambios.

 

El frío. 

 

Desde hace mucho tiempo que el frío ha mostrado protección a distintos tipos de daño. Pero nunca se supo en detalle cómo es que el frío protege. El frío activa mecanismos moleculares que llevan a que las células hagan cosas, por ejemplo, prepararse para el invierno en los animales que hibernan. Muchas veces, esos mecanismos pueden involucrar la activación de una o unas pocas proteínas que comienzan una reacción en cadena amplificando las señales que el frío dispara. Claro que encontrar cual es esa o esas pocas proteínas no es fácil, pero nuevas herramientas de biología molecular de uso en investigación y en la clínica permiten hacerlo relativamente rápido. Una vez encontradas, sigue un período de validación y estudios para terminar de demostrar que esa proteína es realmente la responsable. El grupo de la Doctora Mallucci, primero mostró que la hipotermia en ratones de laboratorio, que no hibernan, también lleva a esta plasticidad sináptica similar a los animales que sí hibernan. Y notaron que aumentaban los niveles de una proteína que se llama: RBM3. También mostraron, usando distintos modelos de demencia en ratones, donde también se ve pérdida de sinapsis, que el frío funcionaba como protector si y solo sí la proteína RBM3 participaba del asunto. Es decir, el frío protege porque activa esa proteína.

 

Luego, se intentó estudiar estos mecanismos en humanos. Por razones obvias (y éticas) esos experimentos no son posibles, pero sí fue posible encontrar un grupo de personas que, independientemente del estudio, hacían nado en invierno. Estas personas fueron voluntarias en estudios posteriores en los que se hicieron registros de la temperatura corporal mientras nadaban y de ciertas proteínas en sangre. El grupo dirigido por la Dra. Malluci encontró que, efectivamente, quienes nadaban en frío mostraban hipotermia. Pero más interesante, también encontró niveles elevados de la proteína RBM3 en la sangre de muchas de estas personas (la misma proteína que aumentaba en ratones). Los registros se hicieron durante los inviernos de 2016, 2017 y 2018, pero estos resultados aún no fueron publicados.

 

La pastilla.

 

Existen muchas terapias en la clínica que se conocen como no dirigidas. Estas terapias no dirigidas pueden ser la mejor opción durante un tiempo, pero puede haber efectos secundarios no deseados y mucha veces es conveniente entender que mecanismos moleculares activan para reemplazarla con terapias dirigidas. 

 

El agua fría, por ejemplo, puede ser peligrosa. Aumenta la frecuencia cardíaca y presión arterial lo que podría llegar a provocar infartos si existe una enfermedad subyacente. Si alguien tiene las ganas y coraje de nadar en frío, antes hacer una consulta médica. Además, mejor nadar en grupos con personas que conozcan el lugar. Entonces, el frío no necesariamente puede usarse como terapia. Pero los mecanismos activados por el frío, sí podrían serlo. Como siempre, haciendo los ensayos adecuados.

 

Personalmente, me cuesta el frío. Esquivo el garage de casa en invierno (verano también, pero porque se convierte en otra cosa) y apenas lograba sumergirme en los lagos helados del sur. Pero en una charla vi una foto del grupo de la Dra. Mallucci, quienes vieron estos resultados de primera mano, nadando en invierno (y sonriendo claro). El otoño pasado nos invitaron a la playa. Nos tocó un fin de semana lluvioso que estuvo casi siempre nublado. Yo era el único nadando.

 

* Investigador Adjunto CONICET. Instituto de Biología Celular y Neurociencias “Profesor Eduardo De Robertis”. Facultad de Medicina - UBA

 

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