Martes 28 de mayo 2024

Con la mejor pisada

Redacción 08/04/2023 - 00.34.hs

La zapatería "La Villa" está cerca de cumplir 50 años con las puertas abiertas. Daniel De la Arada lidera un negocio que tiene dos locales en Santa Rosa y da empleo a seis personas. Calidad, buenos precios y gran atención es la fórmula de una minipyme siempre bien calzada.

 

Daniel habla pausado y elige cada palabra para contar, explicar, recordar y también proyectar. Tiene una extensísima experiencia como comerciante y como se dice habitualmente, "las pasó todas". Pero esa tranquilidad que transmite es seguramente la de quien tiene la satisfacción de haber transitado el camino que le permitió mantenerse durante 47 años al frente de "La Villa", una de las zapaterías más tradicionales de la ciudad que renueva su vigencia gracias a una fórmula que siempre da rédito.

 

"Desde que abrimos, hace ya casi 50 años, hemos trabajado con el mismo estilo. La Villa se identifica por la calidad, por trabajar con buenas marcas, con mucho calzado de cuero y además porque tenemos una oferta para toda la familia, como se dice 'para la dama, el caballero, el niño, todos'. Hay calzado para ir a trabajar, para ir a la escuela, para salir de noche, para ir a jugar al fútbol. Líneas como Grimoldi o Kicker siempre las tuvimos y eso la gente lo valora, porque pueden venir todos y salir con lo que buscan", destaca Daniel de la Arada, un santarroseño que a sus 66 años sigue en ese negocio que mantiene dos direcciones: en la esquina de Bartolomé Mitre y O'Higgins, y en Roque Sáenz Peña 1265.

 

"Empecé a trabajar a los 14 años y hasta los 20 lo hice como mensajero en el Correo, es un lugar que me formó muy bien y al que estaré agradecido toda la vida. A los 17 también arranqué un poco en este rubro por un cuñado que me llamó porque trabajaba en Calzados Nemesio, así que fui haciendo mis primeras armas ahí y a los 20 me fui del Correo y ya arranqué solo. No tenía experiencia así que fue medio a los ponchazos hasta que me fui acomodando. Toda la vida laburé, hacía otras cosas y cuando tuve más o menos una base abrí el primer local en Roque Sáenz Peña 1258, en plena Villa Santillán y por eso se llama 'La Villa'. Al tiempo me mudé al número 983 de esa misma calle y después abrí una sucursal en Hilario Lagos casi Gil, de ahí lo cambié a Avellaneda 256, en pleno centro", recuerda con precisión de cirujano, la misma que utiliza a la hora de recomendar un calzado para cada necesidad.

 

Al negocio le iba cada vez mejor y Daniel pudo tener su primer local propio. "Compré en esta esquina de Mitre y O'Higgins, y también en Roque Sáenz Peña, me pude cambiar enfrente donde al tiempo también compré el lugar que era una casa almacén muy tradicional, de Humberto Vitale Capello. Siempre me gustó el comercio, lo de tener zapatería fue un poco fortuito pero el único secreto es meterle muchas horas, no queda otra. De hecho fui uno de los primeros en abrir los sábados a la tarde, estaba la casa 'Mundial', en el Butaló, que también abría los sábados y nada más. Y en esa época el Parque Industrial funcionaba a pleno, con muchas empresas y les pagaban los sábados a los empleados, entonces salían de trabajar a las 2 de la tarde y querían ir a comprar y no había nada abierto. En esos años no se abría pero yo decidí hacerlo, también empecé a laburar los feriados", recuerda De la Arada.

 

Empleo.

 

Daniel tiene dos hijos mayores pero ninguno de los dos se vinculó al negocio de los zapatos. "Uno es ingeniero electrónico y vive en Santa Rosa y el otro es ingeniero industrial y se quedó en Córdoba, así que hacen su vida. En algunos momentos les insistí como para que se sumen y les mostré que es un rubro que siempre trabaja bien, pero por supuesto ellos eligieron lo que más querían. Y siempre tuve empleados porque en ese sentido el negocio ha sido generador de trabajo y lo sigue siendo. Tengo seis empleados en total, tres en cada local, algunos desde hace más de 20 años así que son más socios que otra cosa. Hoy estoy con ganas de ir retirándome, pero lo cierto es que es muy difícil vender una estructura tan grande, y lamentablemente hoy la gente que tiene un mango lo dedica a la timba financiera y no a la producción", apunta.

 

La Villa trabaja con distintas promociones y ofrece alternativas a la clientela, entre ellas los paquetes de cuotas en compras con tarjetas del Banco de La Pampa.

 

"Funciona muchísimo la promoción del Pampa, y ojalá siga funcionando porque la gente lo recibe muy bien y pregunta siempre. Yo me sumo a todas las promociones y la verdad que nunca apliqué recargos por pagos con tarjetas, cosa que en Santa Rosa no es siempre así, pero creo que la gente se da cuenta y valora la forma de trabajar de cada uno", dice Daniel.

 

En pareja.

 

De la Arada recibe algunos mensajes con pedidos desde el otro local y también la voz de su pareja, que en los últimos años se unió a su tarea y entre los dos llevan de la mejor manera distintos aspectos que hacen a la minipyme comercial.

 

"Ella es María Angélica Marrón, la popular Maggie", se ríe Daniel. "Fue profesora de Química de toda la vida y se jubiló como directora de un colegio. Ella se encarga del área de ventas y acá somos 50 y 50 por ciento del laburo. Por suerte a mí siempre me gustó disfrutar, tener amigos y viajar y eso lo hacemos siempre que podemos porque no sabemos hasta cuándo va a dar el cuerpo", resume con satisfacción.

 

"Tengo claro que hay un punto en el que hay que relajarse. Hace unos años me armé un motorhome así que cuando decimos 'vamos', enseguida arrancamos. Al sur, al norte, lo que sea. Y me gusta andar en moto, ir a las carreras de Turismo Carretera, de todo. Eso sí, el negocio siempre está atendido de la mejor manera", señala.

 

La Villa es de esos lugares que uno observa desde siempre y que, cuando se detiene unos minutos, reconoce que está hace mucho tiempo en la ciudad. Las vidrieras siempre completas, variedad y calidad de calzados y buena atención. "En muchos momentos no ha sido fácil, por supuesto, pero después de tantos años la satisfacción de atender bien al cliente se mantiene. Y si uno lo hace con responsabilidad pero también con alegría la ecuación siempre va a ser positiva", resume Daniel, que parece siempre dar con la pisada justa.

 

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