Viernes 02 de diciembre 2022

El arte de jugar

Redacción 26/02/2022 - 00.10.hs

Inés Montero Swinnen encontró en La Ruana el lugar ideal para conectar con la naturaleza y su amor por los caballos. Una chacra en Toay con una propuesta recreativa diferente que apunta al juego, la imaginación y las ganas de vivir experiencias diferentes rodeados de monte y médanos.

 

Cuando cuenta cada detalle de lo que hizo y hace parecer como si funcionara con dos motores, en realidad como dos bombeadores que en lugar de agua inyectan una energía natural que ella traduce en palabras y acciones. Es la energía de alguien que después de recorrer cientos de caminos encontró una estación que la hace sentir plena y ese lugar es La Ruana, un emprendimiento con el germen de lo natural y el desarrollo de lo creativo. Y con el impulso de Inés como generadora de una alternativa diferente, con el verde de los árboles, el marrón de la tierra y la fuerza de los caballos. Pero, sobre todo, con la propuesta de jugar.

 

"Siempre les digo a las madres y a los padres que los nenes vengan con la ropa más crota y vieja que tengan. Cuando se vayan de nuevo a sus casas es probable que tengan arena, manchas, barro. Y los nenes conectan muchísimo con eso, acá la idea es no darles el juego ya hecho sino incentivarlos a crear e imaginar", explica Inés Montero Swinenn (33 años) que hace un tiempo halló en una chacra que estaba "detonada" en las afueras de Toay, enclavada en el medio del monte y los caldenes, y la transformó en un sitio donde se festejan cumpleaños, se hace equinoterapia, talleres de huerta, colonia de vacaciones o eventos recreativos para empresas que buscan una conexión diferente entre sus integrantes.

 

"Cuando terminé el secundario me fui a estudiar Educación Física a Buenos Aires pero una carrera medio nueva en ese momento que es profesorado y licenciatura en Actividad Física y Deporte, que no es lo tradicional de la educación física, porque no me gustaba ni lo competitivo ni lo muy deportivo. Estaba en duda, me costó mucho, pero uno de mis hermanos me decía que ya le iba a encontrar la vuelta a la carrera. Mientras tanto trabajaba como voluntaria en un lugar de equinoterapia, lo hice durante bastante tiempo hasta que en 2010 volví a Santa Rosa".

 

Inés no estaba a gusto ni en Buenos Aires ni en su lugar natal y dio un golpe de timón contundente: se fue a vivir a Puerto Natales, bien en lo profundo del sur chileno. "Estuvo muy bueno porque trabajé en hotelería, gastronomía, todo lo relacionado a turismo y atención al público y me re sirvió. Después me fui tres meses de mochilera hasta Ecuador conociendo parques nacionales. De ahí a San Martín de los Andes para trabajar la temporada en un hostel, viví un tiempo en Río Cuarto y después recorrí toda la costa uruguaya hasta que me vine de nuevo", enumera como para dejar en claro que su espíritu inquieto siempre invita al movimiento en un paisaje de serenidad. Como el de La Ruana.

 

Nuevo proyecto.

 

"Después de los viajes decidí volver e hice distintos trabajos, vendí frutos secos, productos de limpieza, fui moza, en un lugar de cumples infantiles. Al año mi papá se jubilaba y me dijo que me ayudaba a alquilar algo para encarar un proyecto y encontramos esta chacra que estaba muy destruida. Yo venía con toda la fuerza del viaje y encaré todo con esa energía. Hoy si lo pienso no sé si lo haría, pero toda mi familia me ayudó: mi hermano, mi tía, mis padres. Acá había una chanchería y lo transformamos por completo, había muchísima basura y todo eso lo trabajamos para que los nenes tuviesen un lugar seguro y amable. A partir de ahí comenzamos a trabajar con pedagogías alternativas, con distintos manejos de los grupos basados en el método Montessori que es algo que a mí me gusta mucho, donde hay que poner la imaginación y la creatividad como ejes fundamentales".

 

Durante todo el año La Ruana brinda la escuela de caballos, "que es de monta integral, no es nada deportivo sino que enseña desde el vínculo y la confianza con el caballo y cómo lo vinculamos con lo recreativo y la calidad de vida. Vienen chicos desde los dos años en adelante, adolescentes y salimos a hacer cabalgatas por el monte, los médanos, los senderos. También hacemos talleres recreativos, colonia de vacaciones de verano y de invierno. Vienen distintos profes de Educación Física y seños de jardín porque siempre tratamos de trabajar en grupos reducidos".

 

Practicar arquería recreativa, aprender cómo armar una carpa, prender un fogón, hacer distintos nudos y saber para qué sirven, conocer los secretos de una huerta o conocer el termotanque solar que armaron en La Ruana con botellas y latas. "La idea es reducir la basura que se descarta, aprovechar la energía solar, generar conciencia y a la vez tener fuentes de energía sustentable". Es solo una parte de las posibilidades de hacer y entretenerse.

 

Desconexión.

 

"Es buenísimo ver cómo los chicos se enganchan con distintas cosas. Muchas familias vienen con la preocupación de tratar de desconectar a sus hijos de las pantallas y es buenísimo ver que si vos les proponés algo interesante ellos solos se desconectan. Trabajamos mucho sobre eso, en los valores, en la familia y en los cumples o grupos estamos muy atentos al bullying o que si el chico no quiere jugar o hacer una actividad determinada no obligarlo, respetar su inquietud o decisión", detalla Inés que vive junto a su pequeño hijo en la chacra que se ubica en la avenida 13 de Caballería (Oeste) 2183 de Toay (contacto al Whatsapp 11 6236 0099).

 

Otra característica de La Ruana es la música, presente en los cumpleaños, los talleres o actividades. "Siempre hay folklore, la idea es acercarlos a lo nuestro, a nuestra tradición y que los chicos también asocien lo divertido y el juego con el folklore, por eso está bueno contarles y hacer visitas a campos cercanos. Acercarlos a otras cosas como la tradición o la tercera edad, apuntar hacia esos valores y lo que es la vida en la naturaleza. En algunos casos se llevan la parrilla al monte y hacen cocina rústica por ejemplo".

 

Durante el verano la mayoría de los cumpleaños se hacen en horario nocturno y los juegos se organizan en ese sentido. Inés, como ejemplo, recuerda que en La Ruana hasta se hizo un cumpleaños de 15 "donde se olvidaron de algunas de las conductas típicas de esa edad y se la pasaron jugando, se embarraron, se divirtieron muchísimo con el enfoque en el juego".

 

Pero no todo es para niños y adolescentes. Los más grandes también tienen su lugar y por eso otra de las propuestas es organizar eventos con empresas. "Ya hicimos tres y lo que se hace es realizar juegos cooperativos que fomentan el trabajo en equipo porque en el juego te mostrás tal cual sos. En definitiva tratamos de alargar la infancia, respetando cada edad por supuesto pero sabiendo que siempre hay tiempo para jugar". Como en La Ruana, donde el juego y la naturaleza son la energía de Inés y de quienes la rodean.

 

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