Lunes 05 de diciembre 2022

La bodega "Trina" ofrece sus vinos y la mejor comida en Río Colorado

Redaccion Avances 13/02/2022 - 19.44.hs

Ezequiel Naumiec y su familia viven en La Adela y cruzan el río para trabajar y atender un emprendimiento ideal para el disfrute.

 

El viaje desde Santa Rosa es de menos de 300 kilómetros y al llegar, a solo unos metros de la ruta nacional 22, el paisaje ofrece siete hectáreas donde la naturaleza brinda una postal única de río, viñedos, mucho verde, bardas y una arquitectura antigua que se conjugan para un día o un fin de semana de descanso y disfrute gastronómico. Es la bodega Trina, una de las más jóvenes de la producción vitivinícola rionegrina y que recibe a un gran porcentaje de visitantes pampeanos desde su apertura a principios de 2020, justo cuando la pandemia empezaba a dejar su huella.

 

“Estoy muy atento a todo el crecimiento y a la movida que hay en La Pampa con la industria vitivinícola. Hay mucho futuro y ojalá podamos trabajar juntos porque Río Colorado y La Adela es una comarca, es casi lo mismo de un lado u otro y está todo mezclado, sin dudas que el sentir ciudadano es que somos todos uno. De hecho yo vivo en La Adela y la bodega está enfrente, por eso uno de mis objetivos es apuntar al turismo pampeano: viene mucha gente de Santa Rosa, General Pico, Acha. El 60 por ciento de los visitantes en temporada baja es pampeano”, asegura Ezequiel Naumiec (47 años), que junto a su pareja Paula (43) y sus dos hijos, Mateo (22 y estudiante de enología) y la pequeña Juana (4) llevan adelante un emprendimiento que está en plena expansión: el mes próximo inaugurarán la hostería.

 

“El pampeano tiene un paladar exigente, está acostumbrado a buenas carnes y buenos vinos y en su mesa diaria hay vino, entonces queremos ofrecerle el mejor atractivo”, invita Ezequiel, que es licenciado en Comercio Exterior y comenzó en la vitivinicultura desde el sector comercial. Promocionaba en los mercados exteriores a varias bodegas de Mendoza y San Juan y con el tiempo surgió la idea de tener una bodega propia.

 

“Durante tantos años en la industria soñé cada detalle del proyecto. Mi familia y amigos se reían porque yo acumulaba objetos antiguos y atípicos pero no les decía que apuntaban a la gran cantidad de ideas que daban vueltas en mi cabeza para algún día concretar lo que imaginaba”, detalla.

 

El hallazgo a la vera del río Colorado de un paraíso de viñas detenido en el tiempo lo convenció que ése era “el lugar”. Un polo vitivinícola con más de 17 bodegas abandonadas que le permitió desarrollar sus tres ejes claves: Patagonia, historia y Malbec. En 2013 la familia compró las tierras para empezar a desarrollar el proyecto. En 2018, Ezequiel renunció a su trabajo en una bodega de San Rafael y en 2020 se instala definitivamente a vivir en la comarca que une a pampeanos y rionegrinos a través del río.

 

“El proyecto arquitectónico se basó en pilares importantes y uno de ellos es el de los pájaros y su trinar (no hay buenas uvas sin ellos, resalta) y su estrecha relación con la vid; las atrae su color para que llevar su semilla lejos y así la especie continúa. Por ese motivo la bodega es un ala de un pájaro reposando sobre la costa del río. Al entrar a los viñedos ya se empieza a ver a lo lejos esa forma y se sorprende”, destaca el empresario, quien también combinó la historia y la modernidad en un lugar preparado para recibir a familias, amigos, parejas o eventos empresariales.

 

Hostería.

 

“Lo que ofrecemos es una experiencia enológica, queremos que la gente se sienta protagonista de la cosecha y de la elaboración, de todo el proceso del vino. En nuestro restaurante hay comidas regionales y de estación y en marzo vamos a abrir la hostería. Van a ser pequeñas suites al borde del río, con ventanas en el techo para poder observar las estrellas y los grandes ventanales para ver el río, la barda y todo el paisaje increíble que ofrece la zona. Todo eso con un buen desayuno, un lindo almuerzo y una cena servida con nuestros vinos”, cuenta Ezequiel respecto a los próximos pasos que ya están a la vuelta de la esquina, justamente cuando comience la vendimia.

 

“El proyecto va a ir incluyendo más cosas porque en La Adela están los chicos que ofrecen los kayacks, también hay un grupo que hace trekking, y hay gente en Río Colorado que tienen huertas orgánicas y granjas así que todas esas actividades las vamos ir ofreciendo como opciones para poder pasar una buena jornada o un fin de semana de dos días. Las posibilidades son amplias, hemos festejado cumpleaños, reuniones y distintos eventos sociales”.

 

Meditación.

 

Trina, además, abre sus puertas para que empresas realicen encuentros corporativos y en ese perfil Paula adquiere una relevancia importante. “El nuestro es un proyecto bien familiar y Paula tiene un papel preponderante, ella es psicóloga y se especializa en mindfulness, que es una disciplina de meditación científica y que se utiliza mucho en la cuestión corporativa. Esto nos ha puesto en un lugar que no es solo una degustación tradicional sino que ofrecemos otras alternativas más allá de lo que la bodega significa en sí misma”.

 

La bodega está en una zona que tuvo su esplendor de explotación vitivinícola hace 100 años. Los vestigios de viejas plantaciones todavía respiran en el lugar y marcan la impronta de una marca que busca recrear, entre lo antiguo y lo actual, un sitio ideal para el disfrute. Con el sonido del río como banda de sonido de un disfrute para los sentidos.

 

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