Con madera de campeona
La joven se sobrepuso a la tragedia y encontró en el levantamiento de pesas una forma de superación. Hizo un gran esfuerzo para poder llegar al Mundial.
A los 20 años, Maribel Benítez es una de las promesas del powerlifting pampeano. Recientemente distinguida con una mención en los Premios Caldén, su presente deportivo es el resultado de una reconstrucción personal. “Me considero una persona bastante libre, me gusta practicar deportes y, sobre todo, me gusta hacer fuerza”, señala quien hoy representa a la provincia en competencias internacionales.
Su llegada a la disciplina de potencia no fue casual sino parte de un proceso de rehabilitación física y emocional. En 2023, un grave accidente automovilístico le arrebató a su padre y a su novio, dejándola con fracturas y una larga recuperación por delante. “Estaba en mi cama sentada, en reposo casi tres meses. No tenía fuerza porque había perdido mucha masa muscular y estaba muy baja de peso”, recuerda sobre el inicio de su vuelta al gimnasio.
Fue allí donde su actual entrenador detectó su potencial. A ocho meses del accidente, Maribel comenzó a prepararse para su primer torneo. Lo que empezó como una vía de escape, se convirtió en una carrera que la llevó al mundial de Brasil.
La práctica de potencia conlleva un esfuerzo económico que Maribel asume personalmente. Trabaja como niñera, cadete y realiza repartos para costear sus viajes y alimentación. “En la parte de potencia no hay mucho apoyo de ningún sector. Todos los gastos del año pasado los sacamos de donde no podíamos. Hice rifas, hice de todo para poder llegar al Mundial porque era un montón de plata”, explica en una charla con LA ARENA.
Para Maribel, el deporte aún enfrenta prejuicios, aunque sostiene que la identidad no está ligada a la disciplina. “Se puede ser muy femenina levantando y moviendo grandes cargas. En el gimnasio es donde menos te miran, pero siento que a la hora que salís a la calle es totalmente distinto; te miran medio raro por cómo estás vos con tu cuerpo”, reflexiona.
Disciplina y objetivos
Su rutina diaria es estricta: entrena entre dos y tres horas en etapas de fuerza, priorizando ejercicios como sentadillas, banco y peso muerto. Además, complementa su actividad con el baile. En cuanto a su alimentación, tras haber competido en la categoría de 44 kilos, hoy busca un ascenso físico: “Preferimos que ese sea el último torneo en donde yo pese eso porque es muy poco para mí. Estaría bueno tener un poquito más de peso y levantar un poco más”.
A pesar de que las dificultades económicas postergaron sus estudios de Nutrición, busca certificarse como entrenadora y sueña con estudiar alguna carrera que le permita crecer profesionalmente. “Me encantaría tener algo que me certifique para la alimentación y el entrenamiento; me gustaría mejorar la vida de las personas”, afirma.
Respecto a su mención en los Premios Caldén, valora el reconocimiento por encima del trofeo. “Un premio no te hace más ni te hace menos. Realmente es el esfuerzo que le pone cada persona cada día. Un premio es un objeto, pero lo importante es lo que uno siente y sabe que hizo en su desarrollo personal”, sostiene.
Sin recurrir a dogmas, Maribel fundamenta su resiliencia en la autoconfianza. “Lo peor que me pudo pasar ya me pasó. Entonces, cualquier cosa que pase a partir de ahora va a estar bien. Me gusta creer mucho en mí, me hablo bien y me motivo”, concluye la atleta, quien ve en el deporte una herramienta de salud para enfrentar la adversidad.
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