Lunes 15 de agosto 2022

Ángel eligió vivir y seguir bailando

Redacción 04/08/2022 - 08.57.hs

Eran las 3 y media de la noche del 22 de julio de 2017. En un solitario camino que lleva a General Alvear (Mendoza) una moto se desplaza y sólo se escucha el rugido del motor, y su luz es la única que ilumina el asfalto. No anda nadie por la ruta... de pronto vibra un celular en un bolsillo de la vestimenta del conductor que tiene el imprudente gesto de tomarlo para atender y es suficiente: la fatalidad dice presente.

 

"Por atender el celular se me desvió la moto... se desplazó a la derecha y di contra una palmera de cables de electricidad. La rueda trasera se enganchó con el tensor de acero que sostenía el poste y se me enredó en la pierna derecha que quedó casi en un hilo... Estuve varias horas tirado ahí porque es una ruta poco transitada, hasta que a las 7 y media de la mañana pasó un hombre que vio la moto tirada, se acercó, me auxilió y llamó para pedir ayuda", rememora ahora Ángel Oscar Barzola (36).

 

Una amputación.

 

Cuando se despertó estaba en el Hospital de General Alvear, y pronto se iba a enterar que las noticias de lo que venía no eran para nada buenas... "Como estuve varias horas tirado en el piso, con el frío y la pierna apretada por el cable de acero me agarró una gangrena... tuvieron que amputarme un poco arriba de la rodilla... Pero también tuve quebradura expuesta en el brazo derecho, y me tuvieron que poner una placa", cuenta Oscar.

 

"Sí, y todo por atender el llamado del teléfono en vez de parar para hablar. Seguí y me estrellé contra una palmera. Estoy vivo de milagro", agrega reflexivo y casi sintiéndose culpable de lo que claramente fue una negligencia.

 

Después de una primera intervención fue sometido a otra y le cortaron otros cuatro centímetros del fémur "porque me raspaba los puntos de la herida", completa.

 

Un golpe durísimo.

 

Cuando cayó en la cuenta de lo sucedido pensó las peores cosas... "En el hospital estaba el equipo quirúrgico ahí cerquita y a punto estuve de tomar el bisturí y hacer una locura", expresa. "Es que soy bailarín malambista, y eso ya no iba a ser posible en mi vida... por eso se me derrumbó el mundo. Fue un golpe durísimo y no sabía qué iba a pasar conmigo", indica.

 

Pero afortunadamente eligió vivir. "Sí, es eso. Mis hijos me dieron fuerzas; pensé en ellos y de a poco fui saliendo de un pozo depresivo", comprensible por cierto.

 

El caso de Pablo Giesenow.

 

Lo de Ángel Barzola nos recuerda el del abogado cordobés Pablo Giesenow, otro caso de resiliencia difícil de igualar. Como se publicara en este diario, en un accidente de tránsito ocurrido en la ruta 35 en cercanías de Winifreda, allá por enero de 2015, perdió sus dos piernas. Cuando cualquiera podría imaginar que sería una valla insalvable para el resto de su vida, se tornó un desafío que lo impulsó a verdaderas hazañas.

 

Pablo contó su historia en LA ARENA, y dijo que la fortaleza espiritual, y el acompañamiento son vitales para salir delante en circunstancias tan difíciles. "Creo que la mejor terapia es el deporte y el trabajo", sostuvo. Y vaya si él fue perseverante en ese camino, porque hoy practica fútbol, ciclismo, paddle, básquet, pedestrismo, trekking de montaña, y hasta intentó en 2018 hacer cumbre en el Aconcagua (6.692 metros), junto con un grupo que promocionaba los Juegos de la Juventud, y que también integraban grandes deportistas como Fabricio Oberto, Paula Paretto y Silvio Vello. "No pude hacer cumbre, pero lo intenté", expresó.

 

Pablo tampoco se dio por vencido y tomó el desafío que la vida le planteó, igual que ahora lo intenta el joven Ángel Barzola.

 

El desafío de sus hijos.

 

Ángel es nacido en General Alvear, y es hijo de Higinio (jubilado en Salud), y de Elsa (empleada en un comedor comunitario). "Somos siete hermanos; y además tengo a mis hijos que viven en Mendoza capital y a los que veo cada 15 días. Maximiliano (15) y Nasha (10) son los que me desafían todo el tiempo... la nena a tirarme en una pelopincho, y Maxi a subirme a su bicicleta, por ejemplo", indica.

 

La danza, una pasión.

 

En tanto desarrollaba su entusiasmo por el baile folklórico, Ángel "hacía changas como albañil, y también colocaciones de Directv... Pero bailar era mi pasión, porque lo hago desde que tenía 4 años: danzas folklóricas y malambo. Con lo que me pasó estaba destruido porque no iba a poder hacer nada más... Después de estar inconsciente dos días lo primero que hice cuando desperté fue pedir por mis hijos, pero estaba muy mal; y fue ahí fue que estuve entre cortarme con un bisturí que había ahí cerca, o seguir viviendo... Sí, pensé en suicidarme, pero por suerte elegí vivir", dice casi con alivio y entusiasmo.

 

Enorme voluntad.

 

A lo mejor fue precisamente su buen estado físico -a partir de la exigencia de la danza-, y también por su voluntad, que casi puede decirse desafió a la medicina. "Los médicos me habían dicho que iba a estar cinco meses postrado. Pero a los 15 días ya andaba en una silla de ruedas pese a que me lo habían prohibido por la lesión en el brazo. A los 23 días salí del hospital y a los cinco meses, gracias a los compañeros de baile que siempre me apoyaron, a mi familia, y a un profesor, empecé a bailar con bastones canadienses", relata todavía con emoción.

 

Al año le colocaron "una prótesis que me permite moverme mejor, y pude pararme y empezar a caminar, siempre ayudado con los bastones. Y hoy en día por suerte estoy bailando con una pareja y tratamos de hacer una inclusión a la danza", destaca.

 

En La Pampa.

 

Ya el año anterior Ángel Barzola estuvo en Santa Rosa, ofreciendo charlas y seminarios de inclusión en distintos establecimientos educativos. "Llegué por intermedio de la profesora Diana Oliva, que fue quien me contactó, y estuve en el Madre Teresa de Calcuta, del barrio Butaló, y también en otras escuelas. Después de eso vine hace tres meses a vivir a General Pico, pero ahora surgió la idea de instalarme en Santa Rosa y seguir con esta tarea que me parece es muy valiosa", asegura.

 

Peña de los bailarines.

 

Mañana viernes junto a un grupo Ángel estará participando en La Peña de los Bailarines (Centro de Jubilados de Colonia Escalante, Téllez 346), un nuevo desafío presentando una inclusión a la danza con una fusión con chicos de tango que es organizada por el músico Gustavo Díaz". Pero además tiene en su cabeza la idea de armar un estudio de danza inclusiva en Santa Rosa, "en la que bailen todos los chicos, tengan o no alguna dificultad de cualquier índole. Mi vida hoy se basa en esto", se ilusiona.

 

Esa fuerza poderosa.

 

En el final deja algunas reflexiones: "Después de lo que pasé me doy cuenta que los límites los ponemos nosotros, que existen en nuestra imaginación... Y entonces lo que digo es que no hay que abandonar los sueños, por más que uno se caiga. Y por supuesto que no es fácil. Al principio me enojaba y ahora estoy bailando sin muleta, levantando una persona... Sí, no hay que abandonar los sueños...", sostiene.

 

"Existe una fuerza motriz más poderosa que el vapor, que la electricidad y que la energía atómica: la voluntad". Lo decía Albert Eistein. "Y sí, si uno se lo propone todo se puede lograr", concluye Ángel. (M.V.)

 

Bailando con Tinelli.

 

Pasados varios meses Ángel Barzola se contactó "con una chica de Buenos Aires, Rocío Gómez, a la que le falta un brazo, y empezamos a bailar juntos", narra.

 

Con Rocío grabaron un video que llegó a manos de los productores de "Bailando por un sueño", y fue así que recibieron un llamado para presentarse en el programa de Marcelo Tinelli. Una experiencia que jamás pensó que iba a vivir.

 

"Estuvimos dos veces, en 2017 y 2018, y de verdad fue algo increíble... La verdad es que Marcelo es una persona muy sensible, todo su equipo es fantástico y nos trataron de maravillas. Para nosotros fue algo realmente muy bueno, porque a partir de allí empezaron a llamarnos para charlas motivacionales para el público en general. Y en eso estamos", señala.

 

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