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Sabado 10 de enero 2026

La tentación irresistible

Redacción 10/01/2026 - 00.06.hs

La panadería y confitería “San Carlos” es una de las más tradicionales de la ciudad y la provincia. Abrió sus puertas hace 108 años y desde hace un tiempo, con nuevos encargados, renovó sus sabores aunque mantiene las recetas artesanales y la mejor atención.

 

Las larguísimas palas que esperan colgadas para hacer su trabajo son la mejor muestra de la dimensión de ese horno a leña que ha cocinado toneladas de masas y productos a lo largo de su riquísima historia. Rica porque acumula más de un siglo de vida y rica porque hornea los mejores sabores artesanales para el momento que sea: el desayuno, el almuerzo, la merienda o la cena. Para el mate, la reunión, el relax, el viaje. Cualquier situación se adapta a la propuesta de un lugar con todas las opciones. Un lugar que es referencia y que, más allá de los cambios y las tendencias, mantiene su tradición.

 

“El horno tiene seis metros por siete, es el original y no se puede tocar porque todo el edificio está declarado como patrimonio histórico de la ciudad. El negocio abrió por primera vez hace 108 años y hoy estamos nosotros, desde noviembre de 2024 que nos hicimos cargo y la verdad que ha sido un boom, la gente se ha portado bárbaro y responde a todo lo que proponemos”, resalta José Ovando (52) sobre la panadería y confitería “San Carlos”, desde siempre en esa esquina histórica de O’higgins y Garibaldi, en el macrocentro santarroseño.

 

Panificación, facturas, galletitas, sándwiches de miga o de milanesa, empanadas, tartas son algunas de las muchas y variadas posibilidades que ofrece un lugar cuyo número de teléfono es el 2954-401269 y que tiene su perfil en Instagram (san.carlos.panaderia) para conocer más. Y tentarse.

 

“En principio la panadería se llamó San Pedro, y luego pasó a San Jorge. En 1997 el negocio quedó a cargo de Carlos Zamora, junto a su pareja Zulma, que llegaron desde Bragado, y ellos viven en la casa que está pegada, así que siempre está dando vueltas, dando una mano, asesorando. Con nosotros trabaja su hijo y él está en el horno y en toda la parte de cocina”, cuenta Ovando, que se hizo cargo del local junto a su compañera Jésica Weigel y ambos se reparten el tiempo entre el comercio y la crianza del pequeño Julián.

 

Renovación.

 

“Abrimos de lunes a sábado hasta las 21, las medialunas que tenemos nosotros son únicas, son una de las vedettes; pero además elaboramos todo tipo de facturas, de bizcochos, de productos para el mate. Hacemos un pan con la receta artesanal y lo pueden probar en los sándwiches que preparamos, como los de milanesa que son gigantes y riquísimos”, señala José mientras ofrece otra especialidad de la casa: los de miga. Con más de una docena de variedades, como los increíbles (por exquisitez y originalidad) de lengua a la vinagreta o de vittel toné; bien a tono con las fiestas de fin de año.

 

“Renovamos todo, queríamos darle nuestra impronta, un sello distinto y por eso trabajamos con toda la energía para tener todas las posibilidades. Es decir que vos como cliente entres acá y te tientes, eso nos pasa a nosotros y la clientela nos dice lo mismo. Somos un grupo de gente grande que trabaja día a día y estamos chochos por cómo funciona el negocio. En el horno también está Nahuel, que es pareja de una de mis hijas, y ellas fueron un motor para que me involucre en el local porque estaban sin trabajo, en una situación complicada, y ahora estamos todos en familia, es un emprendimiento de raíz bien familiar. Eso te re empuja y es muy positivo para darle para adelante”, valora José en la charla con LA ARENA.

 

Nahuel, por su parte, trabajaba en otra panadería y conocía el rubro, por lo tanto se adaptó enseguida al nuevo desafío y le dio su impronta, junto al resto del equipo de trabajo de San José.

 

“Está buenísimo lo que hacemos acá, hay una gran variedad de productos y podemos proponer y agregar cosas. La cocina es muy grande, es una panadería construida a la vieja usanza y por eso es que se conserva como patrimonio. Acá tenemos todo impecable y se puede trabajar en el mejor ambiente”, resaltó el joven panadero que compone una de las partes del equipo de trabajo.

 

Estirpe panadera.

 

Carlos, en tanto, sigue la dinastía Zamora y es otro de los motores de ese horno a alta temperatura que le brinda el mejor sabor a las todas las recetas que le proponen.

 

“Empecé desde muy chico a trabajar en la panadería, cuando nos vinimos de Bragado toda la familia se puso detrás del negocio así que es mi ámbito natural trabajar acá. Mi viejo vive en la casa contigua así que siempre anda pendiente y tiene la mejor onda con José. Eso es buenísimo porque aconseja, da su opinión, y todo es para mejorar y ofrecer lo mejor”, señaló Zamora.

 

Las nuevas tendencias respecto a alimentación, salud y cuidado del cuerpo imponen otras costumbres y formas de comer. Y las panaderías se adaptan y modifican sus planes, pero lugares como San Carlos también mantiene lo mejor de su tradición.

 

“Podés llevarte unas facturas pero también ensalada de frutas, tratamos de abarcar todas las demandas pero está claro que nuestro fuerte son las exquisiteces típicas de una panadería, y de una confitería porque los sándwiches de miga, por ejemplo, son una locura. Y lo mismo las empanadas, tenemos todas de masa de hojaldre y también fritas. Son manjares que los probás, y seguro volvés”, destaca José.

 

El horno ya hizo su trabajo en la jornada anterior y ahora descansa, pero nunca pierde temperatura. Las paletas cuelgan a la espera de rescatar desde el fondo de esa estructura centenaria las masas de las que luego saldrán esas caricias para el paladar que ofrece un lugar que forma parte de la historia de Santa Rosa y que, con sus nuevos dueños, invita a tentarse y disfrutar.

 

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