Precios: es una pelea política

Redaccion 20/10/2021 - 21.32.hs

El que quiera ver solo una puja económica entre el gobierno nacional y los empresarios por los precios de los alimentos se equivoca. Las grandes corporaciones alimentarias juegan a la política y lo hacen muy fuerte aunque saben disimularlo muy bien. Son muy pocas, apenas unas decenas, pero muy poderosas, y la mayoría de ellas representan a capitales multinacionales.
Lo más curioso es que durante el gobierno del macrismo, con el que mantienen una gran afinidad ideológica, la mayoría de ellas registró pérdidas en sus ejercicios en virtud de la enorme caída del consumo que provocó esa gestión producto de la también enorme pérdida en la capacidad adquisitiva de los salarios, el aumento de la desocupación y el consecuente incremento de la pobreza.
Curiosamente, aunque no tanto, el primer año del nuevo gobierno y con una pandemia que devastó al país, muchas de esas empresas volvieron a tener balances positivos, tendencia que se aceleró durante este 2021 con un sólido incremento de las ganancias según los datos que figuran en sus balances y rendiciones.
Los alimentos vienen aumentando a un ritmo superior al promedio de la inflación. Lo saben muy bien los millones de consumidores argentinos porque lo sufren en sus bolsillos.
En un país que tiene el dólar estabilizado, las tarifas congeladas, los salarios deprimidos (producto de la herencia macrista y, después, del descalabro económico que provocó pandemia) las grandes empresas no tienen excusas para aumentar los precios en la forma desaforada con que lo vienen haciendo. Hay una sola razón por la cual lo hacen: la gran concentración de la producción en muy pocas manos. Muy pocas empresas tienen posición dominante de mercado y esa gran fortaleza les permite aumentar los precios a su antojo. La meneada «mano invisible del mercado» no opera cuando no hay competencia y solo dos o tres corporaciones se adueñan de las góndolas. La venta minorista en los supermercados también está híper concentrada: el 85 por ciento de la facturación corresponde a solo diez cadenas.
El descontrolado aumento de los precios de los alimentos fabrica pobres e indigentes al por mayor. Son 22 millones los argentinos que cayeron debajo de la línea de la pobreza y 10 millones los indigentes que deben acudir a comedores para poder alimentarse. Es una verdadera hecatombe social muy parecida a la que sufrimos en 2001. ¿Se podía seguir tolerando, sin ninguna intervención del Estado, esta brutal transferencia de ingresos desde las grandes mayorías cada vez más empobrecidas hacia un selecto club de empresarios que vienen aumentando sus ganancias a partir de su absoluto dominio del mercado? En un país que se jacta de elaborar alimentos para 400 millones de personas ¿no se podía hacer nada para garantizar el abastecimiento de la mesa de los argentinos?
En verdad esta medida debió tomarse hace bastante tiempo, cuando se advirtió que los pedidos de moderar los precios fueron desoídos con absoluto desdén por los dueños de la industria alimentaria. El poder económico detesta al Estado, salvo para sacar beneficios de él. Pero es la única herramienta disponible en democracia para que no se imponga la ley de la selva.

 


' '

¿Querés recibir notificaciones de alertas?