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Miércoles 18 de febrero 2026

Breve historia del engendro libertario (I)

Redacción 18/02/2026 - 10.37.hs

Mientras la ofensiva del gobierno nacional sigue su marcha en contra de los derechos de los trabajadores, se amontonan los análisis que intentan explicar cómo llegó a encumbrarse en la Argentina un partido que hace de la crueldad social su mejor carta de presentación.

 

Los analistas suelen caer en la tentación de culpar a las gestiones precedentes y hacen hincapié en los errores que se cometieron presuntamente en esas gestiones y que dieron paso a la frustración social que abrió el camino al descontento que parió ese engendro político autodenominado libertario.

 

Pero la explicación es mucho más simple y no necesita de tanto argumento basado en el diario del lunes. Desde la recuperación democrática en adelante, fueron mayoría los gobiernos que se dejaron manejar por las reglas del neoliberalismo económico fijadas en la gestión Martínez de Hoz con la autoridad que le daba la dictadura genocida, sus 30 mil desaparecidos y las reglas de disciplinamiento social que dejó imborrables en el cuerpo social y político.

 

Las reglas impuestas en esos años tuvieron un primer colapso económico y social con las hiperinflaciones de finales de los 80 que se llevaron puesto a Alfonsín y su plan Austral y su hijo prematuro denominado Plan Primavera, en los que se intentó infructuosamente anclar la moneda nacional al valor de la divisa norteamericana. Poco después Menem y su ministro Cavallo impusieron una versión mejorada del Plan Austral que se llamó de Convertibilidad, cuya subsistencia por unos años se hizo a costa de entregar todas las empresas públicas y, cuando se terminaron, inició un nuevo ciclo de endeudamiento brutal.

 

El colapso de este plan le estalló en la mano a un presidente inepto como De la Rúa, que siguió creyendo que la continuidad del plan neoliberal de Menem y Cavallo era el reaseguro para ganar las elecciones y por eso repitió como un autómata “un peso, un dólar” y así se fue dejando un tendal de muertos y de deudas económicas y sociales.

 

El siguiente turno político, que se inició con los Kirchner, no se dejó seducir por la receta neoliberal de ajuste, represión, dólar bajo y endeudamiento. Hizo todo lo contrario: expansión económica, dólar alto y desendeudamiento. Y el país comenzó a transitar uno de los períodos más virtuosos en términos económicos, sociales y de expansión de derechos y de distribución de la riqueza. Y pagando la deuda contraída por los experimentos neoliberales desde Martínez de Hoz a De la Rúa.

 

Pero esta fase de expansión económica y social, que tenía como ganadoras a las fuerzas productivas y del trabajo nacionales, tenía una fuerte oposición mediática montada sobre un discurso de descalificación de todo cuanto se hiciera y de fake news sobre los casos de corrupción.

 

Esas fuerzas mediáticas siniestras lograron convencer a enormes contingentes de ciudadanos que la corrupción no se trataba de hechos puntuales, sino que lograron presentarlos como inherentes a la naturaleza política del partido gobernante. Así se logró un estado de opinión de una sociedad que, aún con sus ingresos en el punto más alto de la serie de décadas, creyó que votar contra el gobierno era combatir la corrupción y que no había riesgo de, votando a la derecha, perder todo lo que se había ganado en términos económicos. Ilusos.

 

Y así se llegó a la fatídica elección de 2015 cuando, con los números de inflación, de crecimiento, distribución, empleo, pobreza, desarrollo social, educativo y científico mejores de la serie, el gobierno perdió en el ballotage porque sumó más el relato opositor que apuntaba a la corrupción, la “morsa”, la muerte de Nisman y “no vas a perder nada de lo que tenés” de todo lo hecho en esa llamada “década ganada”. (Mañana parte 2 y final)

 

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