No a reforma destructora
Queridas/os compatriotas:
Desde hace casi ochenta años, las y los pampeanos sufrimos los efectos de un ecocidio sin precedentes en nuestro país. El corte del cauce del río Atuel por parte de Mendoza ha condenado a muerte toda posibilidad de vida en nuestro oeste provincial, incluido el sur mendocino. Consecuencia de ello, flora y fauna presentes en el lugar durante milenios desaparecieron, su población originaria migró de manera forzada y lo que alguna vez fue un ecosistema vivo, se transformó en un auténtico desierto por obra de la mezquindad humana.
Resulta inaceptable que en pleno siglo XXI, un bien considerado un derecho fundamental y estratégico para el desarrollo armonioso de las comunidades sea robado unilateralmente por una provincia en detrimento de otra, sin mediar consecuencias; desoyendo décadas tras décadas los pronunciamientos jurídicos y pactos políticos al respecto. Los gobiernos mendocinos jamás han acatado los fallos favorables a La Pampa, en este conflicto.
Tamaña injusticia pone en evidencia la falla del Estado Nacional, al no haber podido establecer hasta ahora -por imperio de su fuerza- mecanismos efectivos que garanticen de manera equitativa la provisión de agua en todo su territorio, ocasionando una grieta más. De un lado, ciudadanos privilegiados que acceden al agua por proximidad al origen del recurso. Por otro lado nosotros, las víctimas de la apropiación indebida de ese cauce por parte de los primeros. Esa desigualdad de acceso al agua es subsanable con voluntad humana y política, generando las inversiones correspondientes.
Entre los falaces argumentos mendocinos esgrimidos para negarnos el agua, mencionan la baja del caudal en determinados momentos del año y la falta de obras de riego en nuestra provincia para recibir ese caudal y hacerlo productivo. Ambas son erróneas. Mendoza no puede seguir regando por derrame o inundación sus campos, cuando podría optimizar su uso por aspersión o goteo y de esa manera el agua alcanzaría para todos. Mendoza inunda o desertifica el oeste pampeano cuando se le antoja, según su conveniencia.
En un mundo con serios problemas ambientales, afectando gravemente todos los aspectos de la vida –flora, fauna, recursos naturales-, las políticas públicas de los estados deberían pasar de la proclama a la acción, garantizando el acceso igualitario a un bien tan preciado como el agua dulce.
Compatriotas, ayúdennos a viralizar este ecocidio a través de sus redes sociales, compartiendo esta nota. La cuestión es “cosa juzgada” favorable a La Pampa, con todos los estudios técnicos, jurídicos y académicos que avalan nuestro reclamo sobre el tema.
El agua es de todos y de todos la lucha por su acceso y cuidado. De la misma manera que las y los argentinos no renunciamos a Malvinas, las y los pampeanos no renunciamos al cauce del río Atuel sobre La Pampa. Mendoza debe soltar el agua que también nos pertenece. La solución es humana. Por un país más solidario, inclusivo, justo y auténticamente federal, ¡El río Atuel también es pampeano!¡No a la reforma destructora de la Ley de Glaciares!!!
Prof. Silvio J. Arias
Santa Rosa, La Pampa, República Argentina
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