Enemigos inesperados
Mientras prosigue en una zigzagueante actitud de matonismo peligrosamente cercana a una guerra total, con su declarada e insólita actitud de anexionar Groenlandia, Canadá y México a los Estados Unidos, Donald Trump se ve enfrentado a dos enemigos que podrían considerarse como inesperados: uno surgido de su propia inexperiencia política, que parece sugerirle que el “gran garrote” que aplica a Latinoamérica quiere usarlo también en su propio país; el otro brotado de la misma Naturaleza (que al menos en este caso merece ser escrita así, con mayúscula) y acaso relacionado con el cambio climático que él niega y del que su país, junto con otros, es uno de los grandes responsables.
En el primero de los casos uno de los Estados más representativos de la nación, Minnesota, gobernado por el Partido Demócrata, se ha declarado y manifestado abiertamente opuesto a la política inmigratoria que está aplicando y el organismo encargado de llevarla a cabo, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), desplegado en la ciudad de Mineápolis desde hace semanas.
La actitud solidaria –cristiana en el fondo- adoptada por los ciudadanos principalmente estuvo y está motivada por la brutalidad de los agentes del ICE, que obran sin miramiento alguno para con las leyes y las personas inocentes. Los ejemplos sobran pero los más elocuentes son las dos muertes debidas a disparos de esa pandilla, de los que al menos una fue contra una mujer –ciudadana de los EE.UU- madre de dos niños. Además, en una actitud propia del peor racismo, se valieron de un niño de cinco años para atrapar a su padre, presunto migrante ilegal. Increíblemente y hasta las últimas horas al menos, el niño y su padre estaban detenidos. Ante las manifestaciones ciudadanas en protesta por los hechos, uno de los funcionarios de ICE no tuvo mejor explicación que decir que el niño y su padre entraron al país de forma ilegal y son “deportables”.
Trump, empecinado, amenazó con enviar a la ciudad y al Estado a la Guardia Nacional, pero por lo que parece por el momento sus asesores lo han disuadido. Cualquier relación con el nazismo no es casualidad.
En lo que hace a la otra circunstancia muy negativa para su país es poco lo que puede hacer Trump. Se trata de la llegada al continente norteamericano de la peor tormenta invernal de los últimos veinte años, y acaso de toda la historia climática del continente. Las noticias, que hablan de concentraciones de nieve de metros de altura y temperaturas en la costa oeste cercanas a los 40 grados bajo cero, evidencian que, al menos en este aspecto, el país no estaba todo lo preparado que debía. Por de pronto, hasta el momento hay constancia de más de una veintena de muertos
Es comprensible, claro, la excepcionalidad de la circunstancia pero no se puede hablar de una concreción sorpresiva e inesperada de la tormenta. Los servicios de información climática norteamericanos –y los de otros países del Hemisferio Norte- habían anunciado con varios días de anticipación el advenimiento del fenómeno, pero las advertencias y prevenciones no parecen haber bastado y buena parte del país se paralizó con el frío y la nieve.
La singularidad del hecho (cuyo único remedio es esperar que pase) puso en evidencia que las jactancias bélicas presidenciales se ven reducidas ante las potencias de la naturaleza.
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