La lucha contra el abuso sexual infantil

Redacción 23/11/2021 - 00.28.hs

Es fundamental garantizar la educación sexual porque, a partir del conocimiento, el empoderamiento de niños y niñas volverá más difícil la proliferación de los abusos.

 

VICTORIA SANTESTEBAN*

 

El 19 de noviembre es, desde el 2000, el Día Internacional para la Prevención y Lucha contra el Abuso Sexual Infantil. Esta violación de derechos humanos de niños, niñas y adolescentes ocurre a nivel mundial sin distinción de regiones, comunidades ni niveles socioeconómicos: conforme los datos de Unicef, mundialmente, una de cada cinco niñas y uno de cada trece niños es víctima de abuso sexual infantil. El 90% de los agresores son varones y el 75% pertenece al entorno familiar de la víctima. El 53% de los casos suceden en el propio hogar. A nivel nacional, según Unicef, el 11% de las argentinas ha sido víctima de abuso sexual durante la infancia o adolescencia. Desde la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema indican que las denuncias por abuso sexual de niñas y niños ha aumentado en los últimos meses y que la vuelta a la escolaridad presencial ha posibilitado registrar los abusos, en tanto el ámbito escolar aparece para niñas, niños y adolescentes como lugar dónde contar lo sucedido. Estos datos corroboran las estadísticas que indican que la mayoría de los casos de abuso sexual ocurren en el ámbito intrafamiliar, por ello no es casual que con el aislamiento social dado por la pandemia, los casos se agravaran. Los datos de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia también advierten sobre la crecida exponencial de denuncias: los llamados a la línea 102 de atención especializada a casos de abuso sexual infantil se duplicaron en el último año. Entre octubre de 2020 y septiembre de 2021 se efectuaron un total de 2658 llamados en 20 provincias del país. En el caso de La Pampa y conforme los registros de la Defensoría del Niño, Niña y Adolescente, se denuncia un abuso sexual infantil por día.

 

Delito.

 

El abuso sexual infantil comprende prácticas sexuales impuestas por un adulto, independientemente de la forma en la que se ejerza la coerción -violencia física, amenazas, abuso de confianza, por ejemplo-. Los testimonios de sobrevivientes de abusos en la infancia o adolescencia describen una serie de conductas previas que preparan el terreno para acceder al cuerpo de la víctima, para ganar su confianza y asegurar los pactos de silencio que buscan garantizar la impunidad. Las conductas abusivas comprenden desde la utilización de niños, niñas y adolescentes (NNyA) para la obtención de material pornográfico, tocamientos por encima o debajo de la ropa, frotamientos, contacto oral-genital con sin penetración, coito. Independientemente de la modalidad del abuso, siempre se trata de un delito.

 

El 9 de noviembre fue otro aniversario de la Ley 27.206 del año 2015, modificatoria del Código Penal con relación a la prescripción de estos delitos, que establece que el plazo de prescripción comienza a correr a partir del momento en que la víctima -ya mayor de edad- formula la denuncia o ratifica la formulada en su representación. Existe en el país un avance jurisprudencial que interpreta, en consonancia con la Convención de los Derechos del Niño, la imprescriptibilidad de estos delitos además de proyectos de ley que buscan establecerla. Pero, no obstante los esfuerzos legislativos y pretorianos, la incidencia pedagógica de la ESI, las campañas de concientización entre otras políticas, en Argentina se estima que cada 1000 abusos sexuales a NNyA, 100 se denuncian y sólo uno recibe una sentencia de condena.

 

SAP y revictimización.

 

Los artilugios para la impunidad de los agresores no se agotan en los pactos de silencio y en amenazas rudimentarias sino que existe una sofisticada ingeniería protectora de abusadores. El llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP) ha servido en este sentido como invento teórico para descreer a víctimas de abusos y asegurar sentencias absolutorias. Este falso síndrome indica que niños y niñas son manipulados psicológicamente por alguno de sus progenitores -generalmente, la madre- para denunciar al progenitor u otro familiar. La Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familias y más de ochenta instituciones nacionales y referentes en la temática han rechazado la utilización de este falso síndrome, carente de rigor científico y armado específicamente para deslegitimar voces, revictimizar y, por supuesto, continuar reforzando el entramado patriarcal que valida violaciones de derechos. Sin perjuicio de ello, el SAP aparece como argumento en las defensas técnicas de los imputados, con la intención de descreer los relatos de las víctimas y revictimizarlas. Al falso SAP se une la conducta automática y extendida de señalamiento a las víctimas, que juzga cada una de sus fibras y movimientos, que indaga venenosamente en su comportamiento en vez de indignarse por los abusos. Este señalamiento que carga de responsabilidad a sobrevivientes y les exige haberse defendido del manoseo o haberlo contado inmediatamente, es el mismo que también reprocha los años de silencio y pregunta, malicioso: "¿por qué, recién ahora, denuncia?" y, por supuesto, "¿dónde estaba la madre, cómo no se dio cuenta, cómo no hizo nada?".

 

Educación sexual.

 

Frente a los números desorbitantes de los abusos sexuales de NNyA, frente a una cultura de la violación diseminada en cada rincón del mundo y que afecta principalmente a mujeres, niñas y adolescentes, es urgente el compromiso social para desarticular el abuso sistemático de derechos humanos. Y este compromiso pasa por todas y cada una de las personas adultas que integramos el mundo adultocéntrico que vulnera derechos de las infancias. Tarea fundamental es garantizarles educación sexual integral porque es a partir del conocimiento que el empoderamiento de niños y niñas volverá más difícil la sistematización de los abusos. Y esa información para la autoprotección debe acompañarse de adultos que advierten señales, que escuchan y creen aquello que niños y niñas les cuentan, eso que ni siquiera sabían cómo verbalizar. Así, los únicos secretos, los secretos chiquititos que cantan los Cuanticuénticos, serán los livianitos, los que dejan dormir y no dan miedo: el lugar donde me resguardo en la escondida o los caramelos de más que comí en el recreo.

 

*Abogada, Magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles.

 

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