Lunes 28 de noviembre 2022

"No necesitamos una nueva Guerra Fría"

Redacción 25/11/2022 - 08.01.hs

Es claro que las dos superpotencias han llegado a un límite en que necesitan encauzar el conflicto, no disolverlo, pero sí organizarlo de tal manera que evite escaladas riesgosas.

 

EDUARDO LUCITA*

 

Cuando las relaciones sino-estadounidenses se encontraban en un punto de alta tensión la reunión del G20 en Balí (Indonesia) fue la excusa perfecta para un encuentro personal entre los líderes de las dos superpotencias. Se abrieron nuevos canales de diálogo.

 

"El mundo se encuentra en una encrucijada histórica y las relaciones entre China y EEUU también se sitúan en una encrucijada", supo describir el periódico chino "Diario del Pueblo". Es que la transición del poder mundial enmarcada por la relación disputa/colaboración entre EEUU y China, guerra comercial y tecnológica incluida, se había visto conmocionada por la intempestiva visita de la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense a Taiwán, lo que agregó otro frente de conflicto a un mundo ya conmocionado por la guerra ruso-ucraniana.

 

Territorio peligroso.

 

China alertó que no "jugarán con fuego" y respondió con ejercicios militares que rodearon la isla y suspendió mecanismos de cooperación en áreas como cambio climático, delincuencia y narcotráfico. EEUU declaró que no estaba interesado en escalar las tensiones pero desplegó fuerzas navales en la zona, mientras que Taiwán no se quedó atrás, movilizó fuerzas aéreas y navales y activó el sistema de misiles terrestres.

 

Es que los acuerdos de 1979 definían la relación entre el continente y la isla bajo el lema de "un país dos sistemas", al mismo tiempo que EEUU adoptaba el concepto de "neutralidad estratégica", que implicaba mantener numerosas relaciones no oficiales sin necesidad de ninguna representación diplomática. La visita de Nancy Peloso puso un fuerte paréntesis a ese status quo, agregando mayor inestabilidad a un equilibrio ya de por sí inestable. A tal punto que The Economist no vaciló en calificar a Taiwán y la zona del Mar de la China del Sur como "el lugar más peligroso del planeta".

 

Esta caracterización del renombrado periódico inglés fue anterior al 24 de febrero de este año en que dio comienzo la guerra de Ucrania, con el desarrollo que conocemos y un nuevo campo de divergencias entre las dos súper potencias.

 

Un misil equivocado.

 

En un contexto caracterizado por las tensiones que provoca la guerra y las que arrastra la relación sino-estadounidense fue convocada la reunión del G20, que reúne a las principales economías industrializadas del mundo, en Balí (Indonesia. En la noche previa al inicio de la reunión un misil impactó en territorio de Polonia -frontera de la Unión Europea, también de la OTAN- causando dos muertos. Hasta que se tuvo certezas de que el proyectil no fue disparado por Rusia sino por Ucrania -información aportada por EEUU- el mundo estuvo al borde de una gran conflagración por la eventual aplicación de los artículos 4 y 5 del Tratado del Atlántico Norte que establecen la defensa mutua de los países miembros frente a un ataque de terceros países.

 

Reunión presencial.

 

En este marco complejo y cargado de incertidumbre es que tuvo lugar el primer encuentro personal entre Joe Biden (fortalecido luego de las recientes elecciones de medio término) y Xi Jinping (empoderado luego del XX Congreso del PCCh). ¿Qué es lo que le da tanta importancia a la cita bilateral? No otra cosa que una crisis de características multidimensionales que tiende a profundizarse.

 

Es indudable que la situación de la economía global jugó un papel. El FMI ha recalculado a la baja sus proyecciones para este año. La economía global crecerá solo un 3,2% (6% el año pasado) y un 2,7% el año que viene. Las subas de las tasas de interés de los bancos centrales para frenar la inflación global, que se espera llegue al 8,2% este año (frente al 4,7% del año pasado) y al 6,5% el próximo, son las que, junto con la política Covid cero en China, empujan la rápida desaceleración. La inversión de la curva de rendimientos, cuando los plazos cortos rinden más que los largos, ha sido siempre un aviso de una próxima recesión. Son esas tendencias a la estanflación global, la tensión alcanzada por el caso Taiwán y los riesgos nucleares de una escalada de la guerra en Ucrania los que le dan relevancia a la cita.

 

Bajando las tensiones.

 

No hubo comunicado conjunto de la reunión, sí de los gobiernos por separado. Ambos destinados a bajar la tensión y abrir nuevos canales de diálogo. "No hay necesidad de una nueva guerra fría", dijo Biden mientras afirmaba que su política hacia Taiwán no ha variado, pero que se opone a todo "cambio unilateral", en tanto que para Xi "el mundo es lo suficientemente grande para la prosperidad de ambas potencias", mientras recordaba que Taiwán es "la primera línea roja" que no se debe cruzar. Las guerras comerciales y tecnológicas "no le sirven a nadie", afirmó el líder chino, aludiendo al proteccionismo instalado por Donald Trump y que permanece con la administración demócrata, lo que quedó sin respuesta por parte del presidente de EEUU. Sí coincidieron en rechazar el uso de armas nucleares en Ucrania y revitalizar la cooperación sobre cambio climático y otros temas suspendidos cuando la crisis de Taiwán.

 

Un nuevo período.

 

El período que llamamos pos Guerra Fría parece cerrado y se ha abierto otro de características por ahora indefinibles donde todas esas tensiones se expresan combinadamente. Los mecanismos de coordinación/cooperación entre las dos superpotencias que estaban suspendidos se han repuesto en este encuentro, pero la fractura de la globalización y la rotura de las cadenas globales de valor permanecen sin mayores cambios a la vista, por el contrario los Estados buscan ahora mayor grado de autonomía en cuanto a la producción/provisión de productos y equipamientos estratégicos y se están armando cadenas de valor regionales.

 

Es claro que las dos superpotencias han llegado a un límite en que necesitan encauzar el conflicto, no disolverlo, pero sí organizarlo de tal manera que evite escaladas riesgosas. Pero como sabemos el capitalismo no es planificable.

 

*Integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

 

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