Lunes 06 de febrero 2023

Brazos, islas y lagunas en el humedal del Atuel

Redaccion Avances 31/07/2022 - 06.00.hs

En medio de una revisión de papeles, el autor de este artículo encontró un valioso material cartográfico sobre la entrada del río Atuel en La Pampa antes de ser interrumpido por las obras en Mendoza.

 

Walter Cazenave *

 

La búsqueda entre papeles antiguos con escasa identificación suele deparar sorpresas. En esas circunstancia el autor de esta nota pudo rescatar un muy valioso y original documento cartográfico referido a la entrada del río Atuel en La Pampa –por entonces con la condición política de Territorio Nacional– antes de ser interrumpida por obras en Mendoza.

 

El documento, del que posiblemente habría conocimiento en los ambientes histórico-cartográficos, tiene el valor agregado de haber sido elaborado hacia comienzos del siglo XX –muy posiblemente en 1906– por el agrimensor Eduardo de Chapeaurouge, fundador de General Pico.

 

El trabajo es el resultado de una tarea de agrimensura profesional, con las debidas acreditaciones en el mapa. Se extiende desde el paralelo de 36 grados sur (límite norte del Territorio) hasta la latitud de lo que es hoy Santa Isabel, que ya por entonces era referencia como población. El citado límite norte es arbitrario a los efectos del trabajo y un vistazo superficial al plano evidencia que es continuación del mismo accidente geográfico de aguas arriba, aunque está referido sobre la superficie indicada. La escala es de 1:125.000.

 

Desde un punto de vista absolutamente objetivo se trata de un documento invalorable para la reconstrucción de la hidrografía y el medio ambiente del interfluvio Atuel-Chadileuvú previos a las interrupciones mendocinas, ya que considera un relevamiento que excluye cualquier intención política y antecede en una década al primer desvío cuyano. La hidrografía, aunque se atiene a un límite catastral, es más que evidente que también se prolonga hacia el oeste y el sur.

 

Expresado en cifras el relevamiento tiene un largo preciso de 33 kilómetros y un ancho medio (tentativo por las variaciones de forma en la figura) de unos 7 kilómetros. La superficie posible, medida con métodos computacionales modernos (Google Earth) es de 231 kilómetros cuadrados o su equivalente de 23.100 hectáreas.

 

Dos relevamientos.

 

Sería más que interesante relacionar el plano en cuestión con los escurrimientos del año en que fue levantado, si bien es muy posible que todavía no hubiera aforos regulares sobre los afluentes San Juan, Mendoza, Tunuyán, Diamante y Atuel, que aportaban al colector Salado en las provincias arribeñas. Acaso la dendrocronología podría ser una herramienta esencial al tema. En cualquier caso, al margen de ayudar a la interpretación de este plano, un conocimiento siquiera tentativo de los caudales sería muy importante y reforzaría el panorama ecológico e hidrológico de los reclamos pampeanos.

 

En lo que hace a otro documento fundamental al tema, el del relevamiento oficial del humedal, dentro de la totalidad del Territorio, por los agrimensores Benjamín Domínguez, Juan M. Cagnoni, Antonio J. Carvalho y Rómulo Otamendi, realizado prácticamente un cuarto de siglo antes, el área y adyacencias aparecen indicadas precisamente como “Bañados impenetrables del río Atuel”. En el plano de Chapeaurouge se pueden apreciar detalles y referencias angulares sobre todo el terreno en un ancho y un largo variables, según donde se mida, con islas y brazos mayores y menores.

 

Se supone que, por operatividad, las mediciones deben haber sido hechas en primavera y/o verano, de lo que se desprendería que el relevamiento de Chapearouge se efectuó en un año relativamente pobre en caudales o a principios del otoño, cuando los rigores del clima son menores.

 

Yendo específicamente a lo cuantitativo las cifras son elocuentes y comprenden también un parcial de toda el área de bañados, excluida la parte del Atuel en Mendoza que tiene las mismas características de humedal. Las detalladas trazas de cursos fluviales e islas no dejan dudas de su continuidad hacia el norte por un lado y el sur y el oeste por el otro.

 

Geomorfología.

 

Es pertinente destacar que la geomorfología fluvial cuenta con numerosos parámetros para la caracterización de una cuenca pero en este caso, tratándose únicamente de un sector arbitrario de la misma, se ha optado por tomar los elementales principales que corresponden a dicho sector más alguna relación que exprese la magnitud del conjunto en forma significativa, caso de la densidad de drenaje en el tramo y longitud de los cauces, ya señalados.

 

Altitudes máxima mínima y media del sector, índice de sinuosidad, coeficiente de torrencialidad... serían de mucha utilidad pero no tienen en el mapa un mínimo de fiabilidad en su resolución y con relación a la escala. Todos son meramente indicativos aunque sugieren claramente las tendencias fluviales.

 

Desde el punto de vista hidrográfico –se reitera– se trata de una superficie del orden de los 231 kilómetros cuadrados, sobre la que el río Atuel se derrama en un sistema de anastomosis (trenzado). El borde superior de la figura, paralelo 36, tiene 7 kilómetros de ancho mientras que la extensión del subsistema, con clara dirección NE-SW, hasta la confluencia con el Salado-Chadileuvú es del orden de los 36 kilómetros. El brazo más occidental está indicado como “Río Atuel”, lo que corrobora las informaciones de antiguos lugareños de que ése era el curso principal del fluvio. El trabajo le asigna 43,2 kilómetros de longitud; obviamente la diferencia con la medida lineal se debe a las curvas del curso. Los arroyos y conexiones interiores al área, que son muchos y de diversa magnitud, suman 19 kilómetros. Uniendo longitud, brazos mayores y menores la adición alcanza los 76 kilómetros. Con los valores consignados es lícito deducir una densidad fluvial de 0,3 km/km2. 

 

Las islas.

 

Un rasgo por demás elocuente son las 26 islas, entre grandes y pequeñas, registradas en la superficie medida que es parcial en cuanto a la de la totalidad de los bañados.

 

Un vistazo detallado al mapa pone en evidencia la falta de altitudes, que hubieran permitido calcular pendientes; las mismas, evidentemente no figuran por la índole misma del plano (medición de superficies) y como ya se ha señalado por la escasa o nula fiabilidad del programa de índole satelital en lo que hace a cotas menores al metro. Sin embargo mediciones expeditivas con esa herramienta indican para el brazo más occidental del plano alrededor de 21 metros de diferencia entre el paralelo 36 y la confluencia con el Salado-Chadileuvú, los que daría una pendiente del orden del 0,06 por ciento. Para el propio colector Salado-Chadileuvú la diferencia de altitud es de 18 metros, lo que lleva la pendiente a 0,05 por ciento. Se reitera que son valores meramente tentativos.

 

El plano evidencia por sí mismo la densa hidrografía de la zona, a punto tal que permite la duda si –con excepción del río Salado– los topónimos fluviales son correctos, caso del Arroyo de la Barda que, de acuerdo a mediciones comparativas no parece figurar.

 

La toponimia que, más allá de señalar el límite pampeano-mendocino, determina que las tierras inmediatas, al oeste del área anastomosada, son pertenencia de Juan Parejas. Esa posesión hizo que en mapas antiguos aparezca el topónimo “Isla Parejina”, utilizando la típica desinencia cuyana. También en esas cartas geográficas antiguas figura la ”Isla Matina”, derivada del propietario de apellido Matos o Matus. En la presente no consta ese topónimo.

 

Como conclusión bien se puede afirmar que el enfoque cualicuantitativo que ofrece el plano bien puede ser un aporte original y complementario tanto para el profesional civil/agrónomo como para el abogado que busca destacar razones que hagan al derecho de La Pampa a las aguas del río.

 

Las que aquí se exponen, por cierto, son elocuentes.

 

 

Una síntesis

 

Aunque el plano en cuestión evidencia su condición de herramienta catastral con una detallada base en el aspecto físico-hidrográfico, cuenta también con algunos detalles de carácter antrópico dignos de destacarse. En principio la indicación de alambrados, lo que permite deducir un temprano poblamiento y explotación de las parcelas, circunstancia que ya aparece en documentos anteriores y que parecen reiterarse en el presente.

 

Una síntesis cuantitativa sería la siguiente:

 

-Brazo central (Distancia entre paralelo 36 y confluencia con el Salado): 43.200 metros.

 

-Brazo más occidental (figura como “Río Atuel”; Distancia entre paralelo 36 y confluencia con el Salado): 32.800 metros.

 

-Brazos y arroyos interiores: 19.000 metros.

 

-Suma de brazos interiores, central y occidental: 76.000 metros.

 

-Cantidad de islas:  27 (entre grandes y chicas).

 

-Superficie total del área: 231 km2.

 

-Densidad de drenaje 0,3 km/km2.

 

-Lagunas (tamaño medio a grande), aproximadamente 11.

 

Topónimos que figuran en el mapa: “Provincia de Mendoza; Río Atuel; Juan Parejas”, éste seguramente propietario de esa tierras aledañas al río en su parte occidental. Pudiera ser que, en forma innominada, figure el Arroyo de la Barda, si bien en un recálculo satelital con Google Earth no lo parece.

 

* Geólogo y escritor

 

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