Libros para las infancias
La literatura infantil se destacó en la 50º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Se trata de un segmento que se apoya en el libro físico como refugio pedagógico.
Estefanía Bernatené *
La literatura infantil se consolidó como uno de los ejes centrales en la 50º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. En un predio que reúne a cientos de miles de lectores, delegaciones escolares y familias, el sector enfrentó el desafío de concretar ventas en un escenario económico complejo.
Con más de 30 stands dedicados exclusivamente al segmento, las editoriales buscaron un repunte comercial tras el impacto de las importaciones y el crecimiento sostenido de las plataformas de venta online.
Firmas como Gerbera, Pípala, Catapulta, Ojoreja, Unaluna, Iamiqué y Chirimbote presentaron catálogos renovados con espacios de alta concurrencia. La industria editorial argentina transita un proceso de transformación profunda, y la Feria encaró su tramo final bajo una lógica de optimismo cauteloso. Pese a que se registra una baja histórica en la producción de ejemplares, el segmento infantil apostó a la diversidad de sus novedades y a mecanismos de fomento específicos para intentar sostener los niveles de consumo.
Paradoja en las estadísticas.
La edición número 50 de la muestra, que se extendió hasta el 11 de mayo en el predio de La Rural, estuvo marcada por contrastes estadísticos significativos. De acuerdo a los últimos informes de la Cámara Argentina del Libro (CAL), la actividad atraviesa una contradicción estructural. Durante el año 2025 se alcanzó un récord de 36.942 títulos publicados, lo que representa un incremento del 17% respecto al período anterior. Sin embargo, este volumen de novedades no se tradujo en cantidad de libros físicos en la calle.
La producción total de ejemplares sufrió una caída drástica. Mientras que en 2024 se imprimieron 52,6 millones de unidades, la cifra descendió a 34,6 millones en 2025. Este fenómeno de “muchos títulos pero pocas copias” refleja una industria que diversifica su oferta pero reduce drásticamente el riesgo de stock ante la merma del poder adquisitivo.
El retroceso del Estado.
Uno de los elementos críticos en la contracción del mercado es el cambio en las políticas públicas. El rol del Estado como gran comprador y motor de la edición educativa se redujo de manera drástica. En 2024, las compras institucionales y los programas de edición estatal representaban el 29% de la tirada total del país; en 2025, ese aporte cayó a un magro 5 por ciento. Esta ausencia estatal es perceptible en la Feria, donde el libro infantil y los textos de apoyo escolar se vieron obligados a reconfigurar sus estrategias de llegada directa al público.
En este contexto, la carga del consumo se trasladó hacia la economía familiar. Como medida para paliar el impacto de los precios, el Ministerio de Capital Humano y la Fundación El Libro distribuyeron con 60.000 “chequelibros”; por un valor de 10.000 pesos cada uno. Si bien esta iniciativa, dirigida a alumnos de primaria y secundaria que asistieron en visitas escolares, buscó devolver cierta capacidad de elección al lector joven, el sistema presenta limitaciones geográficas y económicas evidentes. El beneficio queda circunscripto exclusivamente a quienes pueden asistir al predio de Palermo, omitiendo la demanda lectora del interior del país. Además, el monto otorgado resulta insuficiente frente a los costos reales de mercado, donde la mayoría de los títulos de calidad superan ampliamente ese valor unitario. Quedando así obsoleta la medida de compra y promoción literaria.
La vigencia del formato físico.
Pese a la digitalización de los contenidos, el informe de la CAL ratifica que el papel mantiene su vigencia, representando el 75% de los registros actuales. En la literatura infantil, esta preferencia es determinante. El objeto físico, que incluye texturas, gramajes, colores y el formato de libro-álbum, constituye una parte fundamental de la experiencia pedagógica. El libro para niños no es solo contenido, sino también una herramienta sensorial.
Las editoriales independientes reforzaron esta idea con propuestas específicas. Pípala presentó más de cinco títulos bajo el formato de libro-álbum para un rango de 3 a 9 años, con temáticas centradas en el mundo animal y la gestión de emociones, tópicos recurrentes en las aulas del nivel primario. Por otro lado, Catapulta centró su actividad en el pabellón amarillo con la presencia de Pablo Bernasconi y su saga Burundí. El éxito comercial de este sello estuvo ligado también a la colección educativa Abremente y a libros vinculados a figuras deportivas como Lionel Messi y el “Dibu” Martínez, junto con la saga infantil de Belu y Micho.
Diversidad de catálogos.
El éxito de sellos como Chirimbote evidencia un interés por propuestas autogestivas con perspectiva de género y derechos humanos. Con precios competitivos, presentaron La pantalla de Lucía, una obra que aborda de manera directa el impacto de las redes sociales en la infancia. Unaluna también captó la atención del público con ilustraciones de artistas como Valeria Docampo y Mariana Ruiz Johnson, destacándose títulos como El Monstruo del Lago y Mamá Vaca.
Gerbera, en tanto, propuso una experiencia visual a través de un stand diseñado bajo la estética de Alicia en el País de las Maravillas, coincidiendo con su edición tridimensional y pop-up del clásico de Lewis Carroll. Este sello mantiene además una línea de accesibilidad con trece títulos que integran sistema Braille, como el caso de Serafina, atrayendo a un público interesado en la inclusión lectora.
Optimismo.
Como corolario, Ezequiel Martínez, director de la Feria, reconoció que aunque los costos del papel y el contexto macroeconómico presentan dificultades, el sector mantiene una dinámica de rotación constante. Las tiradas actuales son notablemente más cortas, con promedios de 1.000 ejemplares o incluso menos de 600 unidades en una de cada cuatro novedades publicadas.
Esta fragmentación del mercado permite una mayor diversidad de autores y estilos, pero bajo un modelo de negocios mucho más cauteloso. La estrategia actual combina la convocatoria de autores consolidados con promociones puntuales para intentar equilibrar la balanza comercial. El sector infantil sobrevive en una industria que, aunque produce una multiplicidad de voces nunca antes vista en términos de títulos, debe operar con volúmenes reducidos ante la situación económica de los lectores.
* Periodista
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