Miércoles 29 de mayo 2024

Nos viene a la cabeza

Redaccion Avances 08/10/2023 - 15.00.hs

Cerramos este suplemento especial con una selección de textos del libro “Nos viene a la cabeza”, sobre la trama de hilanderas y tejenderas de la provincia de La Pampa (FEP, 2019), de Ana María Martín.

 

Ana María Martín *

 

Con el tejido las mujeres de todas las edades, aquí, decimos lo que nos va pasando. Por eso, porque las cosas pasan y se mueven, nuestros ponchos están atravesados por esas rayas que nos llevan y nos traen. Antes había caminos secretos, como los que servían para esconder los toldos y que no fueran vistos. Había otros caminos que fueron muy conocidos, rastrilladas les decían. Por ahí arreaban los animales: una nube de polvo, de gritos y de tierra que resonaba a su paso.

 

Igual aquí las mujeres sabemos del tejido; las abuelas enseñan a las hijas, y así se va pasando. Algunas nos enseñan bien, saben mucho ellas, otras se han olvidado un poco. Y las que ya no ven o les duele la espalda hilan la lana, como la querramos, gruesa o bien finita. O bordan en cuero de avestruz.

 

Otras veces los colores me hacen acordar a los sonidos, porque adonde crecen árboles hay pájaros, y en la primavera y en el verano ellos están de amores: y se pasan uno por delante del otro, y se llaman la atención. Se visitan, hasta que después se paran juntos en el alambrado o en la rama, y después se ponen un arriba del otro, para seguir con la vida. Ellos también se mueven, y es un movimiento alegre, saltarín, como cuando se escucha el agua en el río.

 

El triángulo a mí me hace acordar a las flechas, con las que nos defendíamos o atacábamos en otros tiempos, cuando los jinetes metían miedo con sus malones o en la batalla, con su fama de valientes. Luego esa flecha se transformó en pala, cuando nos quedamos quietos en esta tierra desolada que decían que era para nosotros.

 

Los lugares a veces se cierran un poco, como hacemos en los dibujos, y otras veces se abren a lo ancho, ancho, hasta el borde de la prenda. Entonces dejamos un solo color que dice de cuando estamos entre la tierra y el cielo, y es cuando nos sentimos dueños de todo. Y queremos que sea así, queremos cuidar lo que hay, porque aquí vivimos y queremos seguir. Pero no todos han pensado igual, y quisieron sacarle jugo a la tierra, sacarle plata hasta cansarla. Son los que llegaron con armas, y hubo guerras, y entonces no había tiempo para tejer, y hasta las lanas se trenzaban así nomás, porque había que seguir y seguir. Y así fue como nos olvidamos de algunas cosas del tejido. Y de mucho más que eso.

 

A veces hace falta tejer con apuro, cuando se viene el invierno y hay que abrigar a la gente, pero si hay tiempo podemos hacerle un trabajo más complicado, que los hacemos cruzando lanas en otra dirección, y entonces el dibujo queda como entreverado de más de un color. Es algo un poco más difícil porque si te equivocás después se nota, pero si nada se atraviesa a los ojos, es señal de que supimos hacerlo bien.

 

Algunas mujeres saben hacer tejidos lindos cuando tienen tiempo y lana buena, las que nos raspa, y también colores. Hay colores que llaman mucho la atención: parece que te atrajeran, y al que lleva ese poncho, es como si todos lo tuvieran en cuenta, como si le dieran importancia.

 

El poncho es como cuando mirás a lo lejos y ves como un mosaico de colores que parece quieto, pero no lo está, porque ya vino a mí y me despertó cosas. Si está todo seco será una gran pena, porque faltó el agua, y sin el agua no crece nada. En cambio, si todo se pone verde y salen flores, chiquitas como son acá, pero de lindos colores, entonces mi mundo se pone alegre y me dan ganas de seguir hilando y tiñendo. Como queriendo copiar esos colores, y hago como si yo los inventara.

 

Hay mucha gente en mis recuerdos, pero no los puedo poner a todos en el tejido, así que hago pedazos largos del mismo color.

 

Y así vamos, haciendo caminos en la trama: caminos que parecen cortarse pero siguen del otro lado. También hacemos lugares fijos que son como estrellas que están entrecruzadas con otros que se enlazan haciendo un dibujo grande, que no se interrumpe porque lo que parece terminarse no termina del todo. Es que el trabajo tiene que tener equilibrio, y si se hace un dibujo aquí, un cruce, una escalera, tiene que haber otra del otro lado. Y entre las figuras fijas hay muchos caminos pequeños que las unen, las enlazan y las encadenan. Para que nadie se pierda.

 

* Colaboradora

 

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