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Domingo 15 de marzo 2026

Paisaje e identidad en la obra de Prado

Por Redacción 15/03/2026 - 09.00.hs

En este artículo, la autora analiza la presencia del monte y de la chacra en el paisaje y la identidad pampeana a fines del siglo XIX y principios del siglo XX en la obra del escritor pampeano José Escol Prado.

 

María Rosa Barabaschi *

 

Las sociedades surgen y se desarrollan sobre un sustrato territorial, que los geógrafos denominan espacio geográfico.

 

En él confluyen las características propias de la superficie terrestre como también, las de la biósfera. De acuerdo a su localización posee características que lo hacen particular.

 

Es en ese espacio -que en su conjunto constituye la parte visible del mismo a la que denominamos paisaje- donde las sociedades que lo habitan dejan su impronta al establecer interrelaciones con el entorno y entre sus miembros, las que resultan cambiantes a lo largo del tiempo.

 

Es por eso que “Cualquier paisaje que refleje una porción del espacio lleva las señales de un pasado más o menos lejano, desigualmente borrado o modificado, pero siempre presente. Es como un palimpsesto en el que los análisis de las herencias permiten rehacer sus evoluciones. El espacio geográfico está impregnado de historia. (…) Este espacio concreto y localizable, es un espacio cuya apariencia -el paisaje- se describe”. (Dollfus Olivier. 1982:11).

 

En el arte en general y en la literatura, la percepción del paisaje como representación ha estado siempre presente, constituyendo memoria colectiva y dando cuenta de los cambios acaecidos a lo largo del tiempo.

 

En conjunción con el tiempo de la vida humana, es entonces, forjador de la identidad de los pueblos. Quizá por eso, no ha dejado de tener vigencia en la literatura desde la antigüedad.

 

Esta unión de espacio y tiempo -del tiempo de la vida humana, del tiempo histórico dice Bajtín- no es entonces un mero escenario donde transcurren los hechos narrados y el tiempo como medida temporal, sino que poseen un carácter indisoluble dando vida a la narración como hecho poético.

 

Este marco espacio-temporal para el desarrollo de las acciones se identifica claramente con el concepto de cronotopo de Bajtín quien sostiene: “En el cronotopo se enlazan y desenlazan los nudos argumentales. Se puede afirmar abiertamente que a ellos les pertenece el papel principal en la formación del argumento. (…) En ellos, el tiempo adquiere un carácter concreto sensitivo; en el cronotopo se concretan los acontecimientos argumentales, adquieren cuerpo, se llenan de vida.

 

Es el cronotopo el que ofrece el campo principal para la representación en imágenes de los acontecimientos. Y eso es posible, gracias, precisamente, a la especial concentración y concreción de las señas del tiempo -del tiempo de la vida humana, del tiempo histórico- en determinados sectores del espacio”. (Bajtín, Mijail. 1989:400)

 

Cuentos del monte.

 

Se ha hecho referencia a estos conceptos como introducción y por su interrelación para analizar la obra de un escritor pampeano: José Escol Prado, en particular su libro Cuentos del monte y de la chacra, publicado en el año 1988 y reeditado por el Fondo Editorial Pampeano en el año 2005.

 

En el libro -encabezado por un prólogo del reconocido escritor, periodista, docente y ensayista pampeano Ricardo Nervi- se desarrollan siete cuentos (El pique; El instante; El vestido de novia; Misión cumplida; Quincena; La tormenta; Míster) a lo largo de sesenta y nueve páginas.

 

En todos ellos, nos transporta en el espacio a los inicios de la colonización de la Provincia de La Pampa, dando cuenta de las características de su paisaje con la presencia de una especie de árbol única en el mundo (el caldén), en un tiempo (hacia fines del siglo XIX y principios del siglo XX) en que se conjugan tres elementos:

 

El primero: un paisaje prístino en el que prevalece el relieve de llanura; los bosques de caldén que comienzan a ser desmontados para la agricultura y los incipientes pueblos surgidos a la vera de las vías ferroviarias.

 

El segundo: la llegada de los primeros pobladores producto de la gran inmigración de ultramar procedentes de España, Italia, Alemania, Rusia y demás nacionalidades, luego del desplazamiento de los pueblos originarios mediante campañas militares.

 

El tercero: un modo de vida en el que sobresalen características marcadas por la pobreza: contratos de arrendamiento de la tierra de propietarios terratenientes absentistas con cláusulas leoninas, el trabajo esforzado; viviendas muy humildes, escasez y costumbres que se conjugan como un mosaico entre las diversas colectividades. A este escenario nos remite el título cuando alude al “Monte” (caldenal) y a la “Chacra” (espacio rural).

 

Con una impronta realista, reproduce con exactitud el ambiente natural y social de la época y del lugar, como también las voces de los personajes a través de un narrador omnisciente quien nos cuenta el cambio inesperado que se produce en la vida de un linyera -que vive como trabajador golondrina- a partir de un encuentro casual con un perro.

 

Desde los galpones del ferrocarril divisaban su figura: ‘Es el Pique…’ -No. Si viene con un perro… (…) Todos los años llegaba de paso. Sabían así de sus costumbres y de su soledad, y no podían admitir, por lo tanto, que éste que llegaba acompañado, aunque fuera por un perro, pudiera ser él”. (Prado, José Escol. 2005:10)

 

Luego nos relata cómo Alfredo, un joven que se traslada a Capital Federal para continuar estudios universitarios viviendo en una pensión, recuerda el trabajo en el campo, con las trilladoras, la evolución producida con la automotriz:

 

- Para hacer esto que ahora lleva unas horas, antes estábamos días y días, desde la salida del sol hasta bien puesta la noche-. La frase era la demarcación de distancias que Alfredo escuchaba de labios de sus padres.

 

Ese espectáculo de la tierra que se brinda, obtenido el fruto, de una forma u otra era el que anhelaba vivir. Lo llevaba patente desde los años de la infancia, de escuela primaria vividos en la chacra”. (Prado, José Escol. 2005:25)

 

A esa chacra donde viven sus padres y a la que añora regresar, en la que además ha quedado su mascota, quien sufre un episodio imprevisto del cual él no se entera hasta su regreso, ya que nada le comentan durante el frecuente intercambio de cartas con la familia, en las que preguntaba por su perro.

 

Prosigue en los siguientes cuentos con los avatares de una mujer casi niña en el día de su boda; el episodio de una familia y un caballo con un triste final; las penurias de un grupo de hacheros del monte el día en que cobran su paupérrima quincena:

 

Magro fue el jornal en esta hachada. (…) Miró el descampado que ofrecía a cada pocos metros el muñón de un tronco al ras de tierra, como prólogo del cardenal que absorbía a los que se internaban en él.

 

En ese ambiente todos iban convirtiéndose en muñones, en espectros. Y como los restos del Caldén, los hombres al final quedaban en estorbos en medio del camino, sin saber qué hacer y sin servir para nada”. (Prado, José Escol. 2005:53, 54)

 

Continúa con la historia de una familia campesina que luego de superar largos años muy malos que se vivieron en La Pampa, atraviesan ahora nuevamente un período de sequía invadidos por la desesperanza y, por último, relata lo sucedido con un niño de edad escolar que concurre a la escuela rural y posee un tratamiento diferencial por parte del maestro.

 

El autor nos deja siete cuentos realistas hilvanados por un hilo conductor: nos va llevando a lo largo de los textos y al finalizar su lectura se nos representan como una totalidad repleta de imágenes y sentimientos que nos dan una idea concreta de una parte del paisaje y de la historia de la Provincia de La Pampa en momentos de cambios profundos sobre los que se va constituyendo su identidad.

 

A través de su lectura, puede reconstruirse en la memoria ese paisaje y ese modo de vida, haciéndolo así un libro universal y perdurable.

 

El escritor.

 

José Escol “Pepe” Prado es hijo de inmigrantes. Nació en General Acha, La Pampa el 19 de agosto de 1916. Su padre Lucas Prado trabajó como estibador y carrero y su madre Pilar Sarriez como empleada doméstica. En el año 1920 la familia se traslada a General Pico, La Pampa y allí cursó sus estudios primarios. En 1935 se incorpora a trabajar en el Diario La Reforma y comienza su carrera como periodista en crónicas deportivas, sociales y policiales.

 

Ha sido ensayista, escritor de cuentos, incursionó también en la escritura de obras de teatro.

 

Su obra más importante y por la cual se lo reconoce a nivel del país es ¡Pare… y Largue!, -considerada la primera novela pampeana, editada en el año 1956- que, continuando con la temática y el estilo de estos siete cuentos, se basa en el mismo cronotopo. Fue llevada al cine en 1999 con el film ¡Pare… y Largue!, la tierra prometida, bajo la dirección de Manuel Naves y filmada en su totalidad en La Pampa.

 

Presidió durante varios años, la Comisión de Cultura de la ciudad de General Pico. Obtuvo premios nacionales y provinciales y actuó como Jurado de importantes concursos.

 

Fue declarado Ciudadano Ilustre de General Pico y falleció en esa ciudad el 2 de agosto de 2001.

 

* Colaboradora

 

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