Martes 28 de mayo 2024

De Ushuaia a La Quiaca

Redaccion Avances 28/05/2023 - 15.00.hs

En el ciclo “Discos esenciales de la democracia”, los dos músicos fueron acompañados por un grupo de artistas que honró aquellas canciones, con la celebrada presencia de Nora Cortiñas y Estela de Carlotto.

 

Laura Gómez *

 

Este 2023 se cumplen 40 años de democracia ininterrumpida en Argentina y hay mucho para festejar. Algunos artistas fueron fundamentales en ese proceso de (re)construcción democrática y, sin dudas, León Gieco y Gustavo Santaolalla son un claro ejemplo de eso. El domingo pasado fueron homenajeados en el ciclo Discos esenciales de la democracia: 1983-2023, uno de los platos fuertes de la programación del Festival Democracia e Imaginación Política en América Latina, en el marco de la cuarta edición del Proyecto Ballena que continuó toda la semana en sus cinco sedes: la Casa Nacional del Bicentenario, el Centro Cultural Borges, el Museo Cabildo, la Casa Patria Grande y el Centro Cultural Kirchner, donde Barbarita Palacios (cantante y guitarrista) y Javier Casalla (violinista y guitarrista) realizaron este concierto enteramente dedicado a celebrar la histórica producción De Ushuaia a La Quiaca.

 

En primera fila no sólo estuvieron Gieco y Santaolalla sino también dos grandes bastiones de esta democracia conquistada colectivamente: Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, y Norita Cortiñas, referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Ya en el título de aquel trabajo se ponía en juego la dimensión federal de un proyecto que sin dudas marcó un antes y un después en la historia de la música argentina. La leyenda es conocida pero vale la pena subrayar lo inédito de aquella empresa: en 1981 la dupla de músicos reunió a un equipo de veinte realizadores y técnicos con el objetivo de registrar las músicas populares y las sonoridades autóctonas a lo largo y ancho del territorio.

 

Visibilización.

 

Puede decirse que se trata de un proyecto que excedía lo estrictamente musical porque logró dar cuenta de una cultura vasta y diversa que hasta ese momento había sido invisibilizada. “Este disco fue muy importante para la democracia. Gracias a Gieco y Santaolalla por la enormidad que hicieron por el pueblo argentino”, expresó Palacios en el Auditorio Nacional. Durante el concierto se proyectó el material visual original, que incluye fotografías de Alejandra Palacios y videos de Daniel García, piezas registradas durante la grabación del disco. También sonaron las declaraciones de Leda Valladares, que fueron como una consagración anticipada para este proyecto que buscaba elaborar una cartografía de los sonidos argentos.

 

Palacios se ocupó de la dirección artística, voz, guitarra y charango, mientras que Casalla estuvo a cargo de la dirección musical, arreglos, guitarra, violín y programaciones. Los integrantes convocados para la banda que ejecutó las piezas del disco homenajeado fueron el pampeano Nicolás Rainone en arreglos, bajo sintetizado, teclados, guitarra y voz; Juan Manuel Ramírez en batería electrónica y accesorios; María Pien en guitarra acústica, charango y voz; Lucero Carabajal en bombo legüero, batería electrónica, glockenspiel y accesorios; Noelia Sinkunas en piano; Milagros Caliva en bandoneón; Sergio Wagner en trompeta y corno; Laura Urteaga en violín; Sergio Castellani en tuba y trombón. Además, Luciana Jury, Nadia Larcher y Laura Ros participaron en calidad de cantantes invitadas.

 

Segmentos.

 

El concierto estuvo dividido en tres secciones. En la primera se presentaron algunas de las canciones del disco homenajeado, que en realidad consta de cuatro álbumes conforme a la última reedición lanzada por Página/12 en 1999. En medio de un clima emotivo sonaron “Esos ojos negros”, “Don Sixto Palavecino” -canción que Gieco le dedicó a quien se definía como “violinisto sachero”- ,“Chacarera del violín”, “Por el camino perdido”, “Príncipe azul” (creación de Eduardo Mateo y Horacio Buscaglia que fue interpretada por María Pien), “Para Pete” y “Cola de amor”.

 

El segundo segmento estuvo protagonizado por las artistas invitadas. La cantante catamarqueña Nadia Larcher fue la artesana de una versión conmovedora de la vidala “No sé qué tienen mis penas” valiéndose tan sólo de su voz y su guitarra, y luego Barbarita Palacios se arrimó al fogón para interpretar “Vidala del monte” a dúo. También participó de este homenaje una de las voces más potentes de la escena actual: acompañada por Noelia Sinkunas en el piano (reciente ganadora de dos Premios Gardel al igual que los homenajeados), Luciana Jury destacó por su interpretación de la zamba “Maturana” del Cuchi Leguizamón y “En la frontera”, cantada junto a Palacios.

 

La tercera invitada de la noche fue Laura Ros, quien interpretó la célebre “Carito” como antesala de otro de los momentos altos de la noche: la proyección de fragmentos de De Ushuaia a La Quiaca, el recuerdo de la guía espiritual Leda Valladares y la coplera tucumana Gerónima Sequeida, y la impronta federal presente en el disco que aquí estuvo representada por las voces de cientos de estudiantes cantando bagualas en la provincia de Tucumán.

 

 

Afortunadamente Gieco y Santaolalla siguen vigentes y muy activos: este año, sin ir más lejos, Gieco ganó el Premio Gardel a Mejor Álbum Canción de Autor por El hombrecito del mar y Santaolalla a Mejor Album Banda de Sonido de Producción Audiovisual por el soundtrack para The House (Netflix). También siguen convocando e interpelando a su público, que hizo una larga fila en el CCK para tener su butaca en el Auditorio. Para el cierre los homenajeados se subieron al escenario y Gieco aprovechó para anticipar el concierto especial que tiene pensado para 2024. Su colega se mostró entusiasta y emocionado, y juntos interpretaron “De Ushuaia a La Quiaca”, “Canto en la rama” y “Yo vendo unos ojos negros” con todo el grupo de músicxs. Como si faltara emoción, León cerró con una vibrante versión a capella de “Como la cigarra”.

 

Nora y Estela se llevaron las ovaciones de un Auditorio colmado. Al final subieron al escenario junto al ministro de Cultura Tristán Bauer para entregarles a los artistas cuadros con la estampa de los pañuelos, símbolo de la lucha colectiva. En ese reconocimiento se espeja el agradecimiento de todos los que estaban ahí cantando, bailando y aplaudiendo, porque sus creaciones en general y este disco en particular forman parte de la memoria emotiva y la educación sentimental de todo un pueblo. Su trabajo unió a generaciones de padres e hijos que siguen escuchando su música y, sin dudas, contribuyó a fortalecer y consolidar la democracia que hoy se festeja.

 

* Página/12

 

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