Jueves 11 de agosto 2022

Rescatando Brujas

Redaccion Avances 26/06/2022 - 09.00.hs

Mona Chollet realiza un repaso histórico de la persecución encarnizada contra las brujas para advertir acerca de los métodos persecutorios reversionados en nuestro siglo.

 

Victoria Santesteban *

 

Las brujas, como emblema feminista, encarnan lo condenable patriarcalmente y su persecución hasta nuestros días evidencia el aggiornamiento de las hogueras para neutralizar su peligrosidad.

 

Los feminismos han salido al rescate de las brujas, recuperando sus historias, revisando y reversionando los hechos, contados hasta nuestros días por sus verdugos. Los cuentos comenzaron a narrarse con voz protagónica de las siempre demonizadas. Conocimos y creímos en sus relatos de persecución y exterminio. Nos identificamos en esas narrativas y caímos en la cuenta de los métodos persecutorios contemporáneos que mandan a ejecutar a quienes, como sus antecesoras, se alejan de los modelos patriarcales de mujer. Todavía despierta el afán persecutorio todo atisbo de independencia y sabiduría, de empoderamiento y rebelión. La comunicadora francesa Mona Chollet en “Brujas. La Potencia Indómita de las Mujeres” remite a la historia inquisitorial para dar cuenta de su vigencia, seis siglos después.

 

Brujas.

 

Chollet realiza un repaso histórico de la persecución encarnizada contra las brujas para advertir acerca de los métodos persecutorios reversionados en nuestro siglo, encarnizados contra aquellas mujeres que se alejan de las posibilidades válidas de ser mujer conforme el patriarcado, es decir, madres y reinas del hogar o, en el extremo bien opuesto, objetos hipersexualizados para entretenimiento machista. Como Rita Segato, Chollet habla de una guerra contra las mujeres en referencia a la caza de brujas, y advierte de la liviandad académica con la que se ha abordado a esta matanza sistemática de mujeres, a estos “verdaderos actos de explosión misógina”. En 2016, el museo Saint-Jean de Bruges –en Brujas, Bélgica– fue escenario para la exposición de las Brujas de Bruegel, el primer pintor que se apropió artísticamente del tema. En momentos de la presentación, cuenta Chollet que el director del museo se refería jocoso a que muchas de las personas que hoy residen en Brujas ignoraban hasta el momento que sus antepasadas habían sido condenadas por brujería: “lo decía sonriendo, como si el hecho de incluir en el árbol genealógico a una mujer masacrada en base a argumentos delirantes fuera una anécdota menor y muy simpática para contar ante lxs propixs amigxs. Y nos preguntamos: ¿de qué otro crimen en masa es posible hablar así, con una sonrisa en los labios?”.

 

El nacimiento del mito de la bruja coincide aproximadamente con el nacimiento de la imprenta –en 1454–, recuerda Chollet. La imprenta sirvió a la opereta mediática del momento para la persecución misógina. El texto El Martillo de las Brujas (Malleus Maleficarum) publicado en 1487 –reeditado una treintena de veces y diseminado por toda Europa en treinta mil ejemplares– fue la fuente principal utilizada por los jueces condenadores de brujas para la matanza sistemática de mujeres. La nómina persecutoria comprendía no sólo a curanderas sino a toda cabeza femenina que sobresaliera: “Contestarle a un vecino, hablar con voz demasiado alta, tener carácter fuerte o una sexualidad demasiado libre, ser inoportuna en algún sentido ponía a una mujer en peligro”. Así entonces, el reinado del terror a partir del aniquilamiento de familias enteras para la represión de ciertos comportamientos y prácticas que de allí en adelante se considerarían intolerables, contribuyó a moldear un mundo que hoy es el nuestro.  

 

Capitalismo.

 

La autora también advierte la apropiación capitalista de la brujería: práctica espiritual y/o política, la brujería también es una estética, una moda… y un negocio comercial. Con sus hashtags en Instagram y sus artículos a la venta, sus influencers y autoempoderadoras que venden en línea velas, lecturas del futuro, libros de hechizos y cristales. “No hay nada asombroso en esto: después de todo el capitalismo se la pasa todo el tiempo vendiéndonos, bajo la forma de productos, aquello que había comenzado por destruir”. Y aquí traza el paralelismo entre la ideología del consumo y el pensamiento mágico, elaborada por Jean Baudrillard. Así, la magia tiene sus “símbolos y sus mantras” y las marcas sus “logos y consignas”. Incluso antes de que la brujería pasara al recurso rentable en el que se ha convertido en nuestros días, ya la industria cosmética se había apropiado de la magia a partir de un marketing nostálgico, que refería a pócimas mágicas para el rejuvenecimiento, activos milagrosos con promesas de transformación, pócimas encantadas para la eterna juventud. “El patriarcado nos robó nuestro cosmos y nos lo devolvió bajo la forma de la revista Cosmopolitan y algunos cosméticos”.

 

Neohogueras.

 

El libro de Chollet no hablará mucho más de brujas, y eso nos advierte la autora desde sus primeras páginas. Pero el título “Brujas” nos vaticinaba que la realidad circundante todavía misógina, persigue mujeres con iguales fundamentos que en los tiempos que parecen lejanos. En los capítulos subsiguientes, Chollet relata la cotidianeidad de las mujeres que reversionan a esas brujas, aquellas que se corren de los mandatos tradicionales de relegamiento al hogar, maternidad o femme fatale, y optan por otras opciones de vida, como la independencia en la soledad del pantano a imagen y semejanza de sus antepasadas, con miles de gatos con quienes hablar de hechizos. Las hogueras se han aggiornado, las ejecuciones públicas de brujas ya no son organizadas por el Estado, pero la pena de muerte para mujeres que quieren ser libres de alguna manera se privatizó, explica Chollet: cuando una de ellas es asesinada por su pareja o ex pareja es en general porque se había ido o había mencionado su intención de hacerlo. Y hay otro sin fin de neohogueras, algunas más sofisticadas que otras, que erigen el discurso adoctrinador que nos persigue por descarrilar de las mandas patriarcales de sumisión devota. Chollet va desmenuzando esos discursos y prácticas de adoctrinamiento, legadas del Malleus Maleficarum para hacer notar el reversionado espíritu persecutorio del siglo XV, en pleno siglo XXI. 

 

Solas.

 

En los próximos capítulos, la autora aborda la independencia femenina con un título que resuena a Virginia Woolf: “Una vida propia: la plaga de la independencia femenina”. La mujer aventurera como modelo prohibido y las reacciones contra los atisbos femeninos a un poco de independencia. “Cada progreso en su emancipación, por tímido que fuera, provocó una contraofensiva”, describe la periodista Susan Faludi. Sobre todo luego de la Segunda Guerra Mundial, y como un eco del Malleus Maleficarum, los hombres sintieron la más ínfima brisa de libertad como un tifón devastador, describe Chollet. Advierte sobre todo que durante los ochenta, en Estados Unidos, la avanzada antifeminista significó una inmensa campaña donde se instaló que las feministas habían ganado y ya habían obtenido lo que querían, y que ahora eran infelices y estaban solas. La prensa francesa de la época tampoco se quedó atrás con titulares como “Cuando a la soledad se la llama libertad”, “Mujeres libres pero solas”, “La Francia de las mujeres solas”, “Cuando llego a casa nadie me espera”. A todas estas artimañas, Susan Faludi las entiende como un “asalto cultural prolongado” en su obra “Blacklash”. Chollet hace un repaso también sobre el cine ensimismado en guiones que adoctrinaban en igual sentido.

 

Más solas.

 

“En Europa, el poder político comenzó a mostrarse obsesionado por la anticoncepción, por el aborto y por el infanticidio a partir de la época de la caza de brujas”. Sin hijos, ni deseos de maternar, la posibilidad actual de no querer ser madres si bien más habilitada a gritarse a los cuatro vientos en los últimos tiempos, todavía se enfrenta con el discurso histórico que insiste en la falta de completitud y autorrealización de la mujer sin descendencia. A quienes afirman su deseo de no maternar se les retruca que es porque no encontraron la persona indicada –como si ser madres fuera viable únicamente a partir de un embarazo producto de una unión romántica y heterosexual– o bien, porque aún no ha aflorado un inventado instinto que nos convencería a todas las mujeres del planeta a querer tener hijas e hijos. “Porque en el fondo, naturalmente, todas las mujeres queremos ser madres”, sigue siendo el mensaje. Y cuando no se pone en duda la buena fe de las mujeres que deciden no ser madres, se les busca maternidades sustitutas: las profesoras serían madres de sus estudiantes, las escritoras tendrían libros de retoños y así. Chollet aborda el tema todavía tabú del arrepentimiento de la maternidad, que casualmente en estos días fue material de encuesta de la abogada argentina Lala Pasquinelli, creadora de la cuenta de Instagram @mujeresquenofuerontapa. Conforme estos datos, ¡el 74%! de las mujeres encuestadas se arrepienten en alguna medida de maternar.

 

Viejas.

 

Chollet también escribe sobre otro de los temas que dio inicio a la campaña de Pasquinelli “Hermana soltá el reloj”, en relación a los mandatos de juventud eterna y los apuros por completar tareas –estudiar, casarse, tener hijos– antes de los 35. Ambas llegan a idénticas conclusiones: resulta sospechoso que cuando el sistema nos manda a guardar por viejas, es cuando más seguras y sabias nos encontramos. “Si las cazas de brujas apuntaron particularmente a mujeres de edad, es porque éstas manifestaban una seguridad intolerable”. Chollet remite el artículo de Susan Sontag sobre el doble estándar del envejecimiento en hombres y mujeres para resumir: los únicos autorizados para envejecer son los varones. También, en ese capítulo dedicado al paso del tiempo, resalta las diferencias generacionales en parejas heterosexuales, en las que el varón supera en 10, 20, 30 años a su compañera, mientras difícilmente encontremos mujeres mayores que sus compañeros sexoafectivos. Chollet entiende que para esos hombres, el problema de una compañera que va aumentando en edad es que ya no puede seguir pasando como una jovencita ingenua y de carácter inofensivo sino que con el tiempo, su dimensión de individuo se ha hecho más nítida. “Una mujer segura de sí misma y que afirma sus opiniones, deseos y rechazos pasa muy rápidamente a ser una arpía, una bruja tanto a ojos de su cónyuge como de su entorno”. 

 

Guerra.

 

En el último capítulo, Chollet recapitula la guerra generalizada e histórica contra las mujeres, para abocarse específicamente a su incidencia en nuestro acercamiento a las ciencias, a la educación, en cómo se minan autoestimas femeninas a partir de la necesidad de demostración y chequeo constante de esos saberes. Chollet focaliza sobre todo en la medicina, en la insistencia de ese mundo médico en ejercer control sobre los cuerpos de las mujeres y su relación con la persecución de brujas: “La medicina parece haber sido la escena central sobre la que tuvo lugar la guerra de la ciencia moderna contra las mujeres. La medicina se construyó sobre su eliminación física: las cazas de brujas apuntaron antes que nada a las curanderas”. Así Chollet recolecta la misoginia contemporánea en capítulos que lo revisan todo. En tiempos de rescate de brujas, de revolución de sus hijas y nietas, de danzas heréticas en espacios postergados, esos calderos invitan a cambiar el mundo.  

 

* Abogada, Magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles

 

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