Domingo 03 de julio 2022

Trayectoria constructora

Redacción 28/05/2022 - 00.04.hs

"Casa Alberto E. Martín" es uno de los comercios más tradicionales de la ciudad. Con más de 75 años de vida se erigió en una referencia ineludible a la hora de buscar todo lo vinculado a la construcción.

 

"Me salvaron, anduve por todos lados y en el único lugar donde conseguí es acá", fue el comentario espontáneo de un joven que no ocultaba su satisfacción por el hallazgo de ese repuesto tan necesario pero que hasta unos minutos antes parecía casi como una misión imposible. Y es que si algo caracteriza a "Casa Alberto E. Martín", entre otras virtudes, es que justamente tiene todo aquello que no se consigue en otro lado.

 

"Son muchos años de trabajar en el rubro, hoy todo lo que se necesita para la construcción está acá, a excepción de los materiales como portland o lo que tiene que ver con el cemento que son cosas que no trabajamos. Creo que en cuanto a grifería debemos ser los más completos en el centro del país, tenemos todo lo que se les ocurra. Y eso con una atención siempre muy especial porque nos dedicamos a que la gente llegue con sus consultas y se vaya con las soluciones", destaca Eduardo Martín quien a sus 66 años sigue al frente de ese comercio que ya es una tradición comercial de la ciudad y la provincia.

 

"Este negocio va a cumplir 76 años, comenzó con mi abuelo Julio Martín Pascual que era panadero en Anguil y luego junto con mi padre, Alberto, vienen a Santa Rosa y ponen una fábrica de mosaicos cuando La Pampa no era todavía una provincia sino un territorio. La fábrica estaba en la calle Quintana 441 y lo que hacían era mosaicos para veredas y calcáreo. Luego, con el tiempo, se fueron sumando elementos básicos para la construcción de viviendas y así se conformó una constructora", relata Eduardo mientras busca la chequera del Banco de La Pampa para contar una anécdota que evidencia la trayectoria de 'Casa Martín'.

 

"Tenemos la chequera de 1958, y el Banco Pampa se inauguró en 1959 así que siempre les hago chistes a los empleados del Banco porque les digo que tuvimos chequera un año antes de que se abra de manera oficial, así que quedó esa diferencia en el tiempo y la guardo como anécdota. Lo cierto es que mi papá Alberto era amigo muy cercano de (el ex gobernador) Ismael Amit y tuvo mucho que ver con la fundación del Banco", puntualiza.

 

Crecimiento.

 

Martín recuerda que ese traspaso de Territorio a provincia abría, especialmente en Santa Rosa que era donde funcionaba la constructora, un gran panorama para la edificación.

 

"La verdad que muchas de las construcciones que hay en la ciudad las hicimos nosotros: son más de 11 edificios y más de 400 casas. Se vivía una situación muy diferente a lo que sucede hoy y gracias a eso pudimos tener una buena expansión", admite Eduardo.

 

Una vez que la provincialización de La Pampa se hizo realidad, desde la Municipalidad santarroseña se exigió a todos los comercios existentes que adquieran un nombre de fantasía al tiempo que debían solicitar la habilitación comunal correspondiente. Fue entonces que el negocio adquirió el nombre de "Casa Alberto Martín" y así se mantuvo hasta que se agregó la inicial de Eduardo.

 

"Creo que voy a ser el último, yo me hice cargo cuando mi papá falleció pero hoy tengo un solo hijo y vive desde hace tiempo en Estados Unidos y allá está muy bien así que no creo que haya chances de que vuelva al país y se haga cargo del negocio. Yo estoy jubilado y puedo hacer mi vida, pero venir al negocio me mantiene activo, es algo que me gusta y me hace bien", destaca quien semanas atrás recibió una distinción especial de parte de la Cámara de Comercio y del Municipio porque es de los negocios de la ciudad con más de 65 años de actividad.

 

Mudanza.

 

"Casa Martín" funciona en la tradicional esquina de 9 de Julio y Centeno, en la zona del club Fortín Roca, y ese local se abrió en 1965. Allí se consiguen implementos y amoblamientos de cocina, de baño, cañerías de agua y gas, grifería, etc. Cada día el negocio recibe a decenas de instaladores, trabajadores de los distintos oficios y clientela en general, en todos los casos con la garantía de que encontrarán lo que buscan.

 

"El local se remodeló en 1990 y se ampliaron las instalaciones porque nos había quedado chico. Acá tenemos un empleado desde hace 35 años y esa confianza entre nosotros también se transmite hacia la gente", apunta Eduardo sobre Sergio Brítez quien cuando deja de atender a uno de los clientes admite: "Èsta es mi segunda casa".

 

"Después de tantos años ya conocemos gente que primero vino el abuelo, luego el padre y ahora los hijos. Hemos visto todo lo que atravesó el país en todo este tiempo y el negocio ha sido como un testigo de todo eso. Hoy ya no participo en las licitaciones por más que nos mandan las ofertas, pero durante mucho tiempo fuimos partícipes del gran crecimiento en cuanto a la construcción que tuvo la ciudad", subraya Martín.

 

Variedad y calidad.

 

En el negocio de Martín se encuentran las diferentes marcas de cada rubro. La variedad permite que cada cliente tenga la posibilidad de comprar de acuerdo a sus necesidades y ese es un plus que el tradicional comercio tiene como ventaja.

 

"Acá hay cosas que son muy específicas y tienen que calzar justo, no es que pueden llevarse algo alternativo. Yo vivo en el departamento que está arriba del negocio y muchas veces me han tocado el timbre un sábado o un domingo porque tienen una emergencia y yo los atiendo sin problemas, sobre todo si es gente que labura en algún oficio y necesita sí o sí solucionar un problema para el que la llamaron".

 

Martín muestra las distintas estanterías y también los amoblamientos. Siempre con una sonrisa ante cada comentario, cuenta que se permite hacer cosas que le gustan y que nada tienen que ver con la rutina comercial.

 

"Integro un grupo de cuatricicleros que salimos a hacer travesías por distintos lugares: ya crucé dos veces la cordillera de Los Andes pero no por el camino convencional sino bien por donde se atraviesan las montañas. Es algo que me encanta y que si no hago ahora ya no lo voy a poder hacer más, pero volver y reencontrarme con el negocio me hace muy bien", pondera.

 

Ingresan nuevos clientes y Martín sale a su encuentro. Hay charlas, diálogos, bromas y sonrisas. Pero sobre todo soluciones, esas que el negocio que es como una casa ofrece todos los días desde hace más de 75 años.

 

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