Miércoles 29 de mayo 2024

Julian Barnes y el señor Jones

Redaccion Avances 16/07/2023 - 12.00.hs

La columna literaria de Caldenia, que reúne textos de escritores y escritoras de todo el país, presenta en esta oportunidad un relato de Matías Carnevale, oriundo de Tandil.

 

Gisela Colombo *

 

Allá por el 2009 estaba tomando un café con mi viejo en una YPF cuando me topé con un anuncio en el Nueva Era que buscaba “traductor de inglés - corrector” y daba un número de teléfono. Como estaba terminando el Profesorado en esa época, y el trabajo nunca abundó en Tandil, crucé la avenida hasta una de las últimas cabinas telefónicas de la ciudad y llamé. Me atendió un hombre mayor con marcado acento extranjero, y me pasó su dirección.

 

Fui, charlamos un ratito, y parece que convencí a Ken Jones de que yo era el mejor candidato para el puesto, que había sido mal publicado -lo que necesitaba el señor era un amanuense que copiara lo que él le dictaría en inglés. Era bastante difícil entenderle, por su edad y por el acento, aunque no imposible si uno le ponía voluntad.

 

La paga era miserable, pero me servía para cubrir los gastos de fotocopias y otras minucias. Por entonces andaba mucho en bicicleta, así que no gastaba en transporte.

 

Iba tres veces por semana, tres horas cada encuentro. La rutina era bastante similar: me sentaba en la computadora, Karina, quien ayudaba al señor Jones en la limpieza de su enorme -y hasta cierto punto opulenta- casa céntrica, me servía un té con galletitas, Ken subía al altillo/oficina y me relataba episodios de su vida de ex-empresario inglés.

 

Con el tiempo, llegué a sospechar que el británico había ejercido el espionaje industrial, por la cantidad de chirimbolos electrónicos obsoletos que estaban desperdigados por la casa (Palms, teléfonos celulares viejos, tarjetas de memoria y memory sticks, calculadoras, cámaras digitales varias…) y porque en algún momento comentó que la Reina Isabel, después de la Segunda Guerra, envió a algunos empresarios a tomar nota de la producción de acero y otros metales en el resto de Europa, para compilar estos datos en un libro. Esto llevó al señor Jones a Suecia, por ejemplo, aunque también viajó por Africa, gracias al ejército inglés, España, Australia, Italia y un buen número de países. Sus memorias, finalmente publicadas con el título de Algo para leer: el cóctel de la vida, en versión bilingüe y por Dunken, registraron estos viajes y otras desventuras burguesas de la tercera edad. En principio, pese a que la tirada era pequeña y le costó una fortuna, la idea era vender el libro a los institutos de inglés y regalar copias a sus familiares en Inglaterra.

 

Fue un trabajo engorroso de más de cinco años de idas y vueltas, período en el que Jones depositó tanta confianza en mí que acabé haciéndome cargo de su casa y sus pertenencias, una vez que el viejo enviudó y regresó a su país natal.

 

Valga toda esta introducción para llegar a una revelación escalofriante: en algún momento de la confección del libro, Ken Jones me confesó que “se había cogido [sic] a la madre de un famoso escritor inglés”, que no era otro que Julian Barnes. Ken sostenía que había conocido a la madre del autor de El sentido de un final en algún momento de los sesenta, y que había mantenido un tórrido affaire con ella. No parecía ser el producto de una imaginación octogenaria, Ken estaba convencido. ¿Cómo es que un señor inglés que vivía en una ciudad del sudeste bonaerense había conocido a Julian Barnes, consagrado escritor de fama internacional? Lo explica, como puede, en un e-mail que traduzco a continuación.

 

 

Ken Jones | San Martín 276 | B7000GKF Tandil |

 

Buenos Aires | Argentina | Tel: XXX, e-mail: XXX

 

 

Jueves 9 de febrero de 2009

 

Estimado Julian, Es, tal vez, bastante presuntuoso dirigirme a vos de manera tan informal, pero este es el nombre con el cual nos presentó tu madre en tu casa a fines de los sesenta. En aquel momento yo vivía en una de las dos casas en el número 65 de la calle Rickmansworth y era el gerente de una empresa que estaba en la calle Clarendon y acaba de cambiar de locación. Disfruté por algún tiempo del servicio eficiente que brindaba la firma Barnes, ya que tu madre fue siempre muy cooperativa, y cuando decidí lanzar mi propia empresa me ayudó de muchas maneras […]

 

Fuera del trabajo, tu madre fue siempre muy divertida y nos hicimos amigos cercanos. Quizás recuerdes las muchas cenas de bife con champiñones que tuvimos y, también, la noche en que llegué con un piano “eléctrico”. En otra oportunidad, me ofrecí para limpiar la colección de llaves que tenía tu madre, con el resultado poco feliz de haberles cambiado el color, dándole un inapropiado tono bronceado. Los recuerdos juegan malas pasadas, pero creo acordarme de que vos y tu hermano se aprovechaban del olfato inexistente de tu madre ¡y la hacían correr a la ducha o al desodorante! […]

 

Mi nueva empresa empezó a crecer, nos fuimos de Watford y pasé mucho tiempo viajando por el Reino Unido y el exterior, lo que significó, lamentablemente, haber perdido contacto con “Patty Barnes”. ¿Continuó su amistad de larga distancia con el cirujano estadounidense? Sé por PFD que falleció hace varios años y espero que haya tenido paz en los últimos días de su vida. Yo pasé los 81 y tengo presente una lista de cosas que quiero hacer o que debí haber hecho. Ahora vivo en Argentina, a 450 kilómetros de la Capital, y me dio mucha rabia conmigo mismo enterarme, tarde, que estuviste en el país en febrero del año pasado, tan cerca. Sin embargo, pude guardar algunos recortes de diario y tomar una foto de la TV (enviada en archivo adjunto).

 

Espero no haberte aburrido. No obstante, tengo un pedido. Me resulta extraño no poder encontrar alguna foto de tu madre, por lo que te agradecería mucho si pudieras enviarme por e-mail algo que cubriera el periodo desde los 60.

 

Cordiales saludos,

 

Ken Jones

 

Jones, que bien podría haber sido el personaje de una novela de Barnes, omite las alusiones sexuales en su carta, pero parece extrañar a quien fue su amante. Si el escritor hubiera nacido algunos años después, uno diría que podría haber sido el hijo de un viejo gruñón que vivió en Tandil por más de una década.

 

Matías Carnevale (Tandil, 1980) es licenciado en lengua inglesa por la Universidad de San Martín y maestrando en literaturas comparadas por la Universidad de La Plata. En 2019 publicó En la tierra como en el cielo, cine estadounidense de ciencia ficción 1970-1989 (Editorial UNICEN). Coordinó la publicación de los libros Ray Bradbury, el hombre centenario (Catalpa, 2020), Exploraciones: ensayos en torno a Pablo Capanna (Ediciones UNQ, 2022) y Pull my daisy y otras experimentaciones, la Generación Beat y el cine (Alción, 2022). Colabora habitualmente en Infobae y Le Monde Diplomatique edición Cono Sur.

 

 

* Escritora y docente. Compiladora

 

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