En envase emprendedor

Redaccion 03/09/2021 - 21.01.hs

«En Bandeja» funciona como una fábrica de cajas que brinda distintos tipos de servicios. Patricia Flores es la responsable de diseñar, armar y vender envases de cartón que se utilizan para regalería, comestibles u otros fines.

 

Las historias de emprendedoras y emprendedores suelen fusionar grandes cantidades de ingredientes parecidos hasta lograr esa buscada receta que la haga funcionar. Esfuerzo, dedicación, golpes, ilusión, lucha. En muchos casos es caer y levantarse pero siempre pelearla. Y un ejemplo de todas esas situaciones (y sensaciones) es lo que expone Patricia al contar parte de su recorrido humano y laboral, ese que la tiene hoy al frente de su propia pyme familiar con la que fabrica cajas y envases de cartón y de otros materiales.

 

«En Bandeja» es el nombre de un local del centro santarroseño en cuya vidriera aparece la palabra «fábrica». Porque allí hacen cajas de distintos tamaños, materiales y utilidades. También cortes láser, envases, descartables, cotillón, papeles de regalo, minipastelería.

 

«Apuntamos más que nada al microemprendedor, a quien sale a vender sus productos, sus cosas elaboradas y necesita de un envase, de un packaging que les ayude con la imagen. Trabajamos mucho con quien viene en forma particular y con las empresas que hacen obsequios o regalos, nos adaptamos a la necesidad del cliente», explica Patricia Flores (54), la responsable cada día de servir el trabajo En Bandeja.

 

Patricia es oriunda de Doblas y llegó a la capital provincial para estudiar la carrera docente. Durante varios años trabajó como empleada en un negocio de telefonía móvil y se dio cuenta de que el aula no era su hábitat natural, por eso siguió ligada a la actividad comercial.

 

«Nunca imaginé que podía llegar a tener mi propio negocio o fábrica y vender».
«En 2015 sufrí un ACV (Accidente Cerebro Vascular) y cuando me recuperé me impuse como desafío personal estudiar, fue algo de esa resiliencia de la que mucho se habla hoy lo que me impulsó. Me recibí de martillera con un excelente promedio y me planteé la opción de usar mis ahorros para tener la matrícula o bien abrir un negocio. En ese momento mi hija se iba a estudiar afuera así que decidimos ir por el comercio».

 

En 2018 abrió un local de venta de descartables en la calle Pico y al año siguiente debió mudarse porque el sitio inicial «quedó chico». Con el apoyo de su pareja Alejandro Best, Patricia pudo establecerse y alcanzar un muy buen nivel de ventas. Hasta que llegó un virus mundial que se hizo hiper famoso y obligó a un cambio de planes rotundo y a un cambio de vida.

 

«Hubo que pensar en otra cosa porque todo lo que era eventos sociales se frenó, y eso tiene detrás una cadena muy grande de emprendimientos que hacen cosas muy distintas pero que necesitan de los casamientos, los cumpleaños, las fiestas y demás reuniones presenciales».

 

Cajas.
Patricia vio que las cajas eran una necesidad en tiempos de pandemia. Envíos de desayunos, regalos, mercadería o lo que sea se multiplicó. La no presencialidad hizo florecer la mensajería y, como los antiguos chasquis (hoy subidos a motos en lugar de caballos), los cadetes se convirtieron en protagonistas de las calles desiertas.

 

«Una caja te puede servir para miles de cosas, depende de la creatividad de cada uno para qué la va a usar. El año pasado, para el día del Padre, tuvimos un pedido de 1.100 cajas, y eso abrió una veta que hoy funciona muy bien. Y sumamos una máquina CNC (Control Numérico por Computadora) de corte que nos permite cortar y grabar papeles y maderas, cartones, cartelería y el metal si es muy fino también. Son muchísimas las posibilidades que brinda y por eso ofrecemos un servicio muy completo», resalta Patricia mientras intercambia ideas con Luisina (21) que trabaja codo a codo con su mamá en una micropyme de identidad familiar.

 

«En Bandeja» tiene su local en Lisandro de la Torre 46 (WhatsApp 2954 408318) y se toman los pedidos «a gusto del cliente». El objetivo es sumar otra máquina para la confección con otros materiales respecto a los que ya se trabajan.

 

«Tenemos infinidad de modelos y tamaños, diseñamos cada caja según la demanda y como trabajamos por pedido el compromiso siempre es cumplir en la fecha pactada, incluso antes de lo acordado. En ese sentido soy una agradecida tanto de los clientes como de los proveedores, creo que cuando se pone el mayor esfuerzo la recompensa por algún lado siempre llega», valora Patricia.

 

Estudio.
El ímpetu emprendedor, más allá de vaivenes económicos, cuestiones personales o crisis económicas, siempre dice presente en Patricia y por eso durante los meses de cuarentena impuesta por el Covid 19 ella no se quedó quieta y sumó más estudio.

 

«El año pasado me recibí de organizadora de eventos, hoy está todo frenado pero el conocimiento está. Creo que de a poco la actividad se va a ir reabriendo y en mi caso puedo brindar un asesoramiento completo, la idea siempre es ir sumando y que quien venga a buscar nuestros servicios sienta que le ofrecemos lo mejor».

 

Luisina trabaja en la computadora y en la máquina CNC. Diseña unos stickers y busca la mejor terminación para el producto. Suena el teléfono y los pedidos se suman. Cada caja tendrá su toque especial, su mano artesanal porque, como afirma Patricia, «a todo se le puede buscar la originalidad y la mejor versión, para eso trabajamos». Y el mejor resultado que obtienen se entrega siempre En Bandeja.

 

' '

¿Querés recibir notificaciones de alertas?