“Guerreros al servicio de la humanidad”

Redacción Avances 01/05/2021 - 08.50.hs

Miedo, tensión y angustia son algunas de las emociones que sienten los trabajadores y trabajadoras de la salud pública mientras ponen el cuerpo. Un poco más aliviados por la vacuna, no dejan a su suerte a ningún paciente. Su trabajo es al límite.

 

El mundo conmemora nuevamente el Día Internacional de los y las trabajadoras en un contexto signado por la pandemia de coronavirus. En nuestro país, desde que se registró aquel primer caso en marzo del 2020, hubo un sector de la clase trabajadora que hizo un esfuerzo sobrehumano para combatir la enfermedad: el personal de Salud.

 

Miedo, tensión, angustia y preocupación son algunas de las emociones que sienten los trabajadores y trabajadoras de la salud pública mientras ponen el cuerpo y luchan desde la trinchera. Aún así, y pese al alivio que implica la llegada de la vacuna, no dejan a su suerte a ningún paciente y trabajan al límite.

 

Con turnos de seis horas, que en los momentos más críticos se extendió por más tiempo, brindan día a día todo su esfuerzo. “Cuando estuvimos a full era común hacer siete horas, porque no te daban los tiempos”, cuenta a LA ARENA Cristian Viscardi, jefe de Enfermería de la Terapia Intensiva del Centro Emergente de Asistencia Respiratoria (CEAR).

 

En muchas ocasiones, no pasaban menos de cinco horas dentro de la sala con los pacientes. “Hubo días en que ni desayunaba la gente, no tenían ni esos quince minutos”, dice.

 

“Nosotros tuvimos la primera ola que nos pasó por arriba, nos avasalló y fue muy dura para todos, porque era una enfermedad nueva, un equipo nuevo, un lugar nuevo, una situación nueva”, añade.

 

A esto se le suma un extra: el equipamiento de protección. Cada profesional debe estar con dos barbijos, la máscara protectora que cubre todo el rostro y un traje que cubre todo el cuerpo. “Después de varias horas te empieza a doler la cabeza, la nuca, porque no estás respirando normalmente”, comenta.

 

Aunque es pesado, resulta “molesto”. Si bien con el correr del tiempo se fueron acostumbrando, al principio “salíamos y no dábamos más. Y eso que fue progresivo y arrancamos con pocos pacientes, pero salíamos asfixiados”.

 

Viscardi reconoce que también hubo compañeros que se han descompuesto. “Hasta el día de hoy que me sabe dar dolor de cabeza, es incómodo”. A esto se le suma el miedo que atravesaron por contagiarse, circunstancia que se mantiene hasta hoy. “El respeto acá a la enfermedad no se le perdió, todo el grupo se autoexige con la protección, no solo dentro sino también afuera”.

 

Tensiones.

 

Una de las escenas más difíciles de digerir es la muerte de un paciente. Viscardi confiesa que en la Terapia Intensiva se van acostumbrando porque es una realidad con la que lidian cotidianamente. “Lo que a mí me impactó bastante fue ver durante varios días la cantidad”, reconoce y afirma: “No me caía nada bien ver todas esas escenas”.

 

Tener un área colmada de pacientes que padecen una misma enfermedad implicaba un escenario distinto. “Lo que impactó fue la cantidad, tener una sala llena. Digo ‘fue’ porque no volvimos a tener todo lleno acá, pero no sé cuánto va a durar y eso nos genera una cierta tensión y angustia. Cuando aumentan los casos te genera una tensión porque podés volver a tener todo lleno, es preocupante”.

 

“Tenemos 18 camas y cuando están llenas es como si una aplanadora te pase por arriba”, grafica y explica que cuando se colmó todo fue “un escándalo” debido a que “es realmente una condición complicada, porque cada paciente demanda muchísimo trabajo para sacarlo adelante”.

 

Para muchos, trabajar en este contexto tan adverso no fue fácil y para ello tuvieron que acompañarse entre sí. “Acá pasaron muchos compañeros y estuvieron muy poco tiempo. De todos los enfermeros que vinieron no muchos permanecieron, algunos estuvieron pocos días y se fueron llorando, los superó la situación”, explica Viscardi y agrega: “La pasamos mal, tuvimos compañeros nuestros internados acá, la pasamos mal realmente. No es nada lindo atender a un compañero grave”.

 

Con el tiempo fueron incorporando experiencia y tratan de llevar la situación de otra manera. “Nos vamos adaptando y estamos firmes. Tenemos que mejorar como equipo para poder llevar adelante esto y atender lo mejor que se pueda a la gente”.

 

Alivio.

 

De todas maneras, el contexto cambió radicalmente este año. La llegada de las vacunas trajo alivio y esperanza para este sector para el que no alcanzarán las palabras de reconocimiento y con el que estaremos en deuda por siempre. “Un poco más tranquilos”, así define el estado actual del personal. “Al menos yo, y lo noto en mis compañeros, porque estamos vacunados con las dos dosis. Quieras o no, eso nos sacó a la gran mayoría un par de miedos. Durante bastante tiempo estuve muy asustado, esto me da una tranquilidad renovada”.

 

Esto no implica que se haya descuidado y relajado. “Estamos mejor preparados, lo que no quita que estemos muy pendientes del aumento de casos, porque eso replica acá”.

 

Su experiencia indica que, si los casos se duplican o triplican, “empiezan a entrar pacientes a la terapia. Eso sí nos preocupa porque más allá de que tengamos la tranquilidad de que estamos vacunados, sabemos que no queremos que esto se vuelva a llenar como se nos llenó porque se convierte en algo muy tenso. Trabajamos al límite con todos nuestros esfuerzos, con mucha recarga horaria”.

 

Es por ello que también plantea su enojo ante la “actitud egoísta de muchas personas” y recuerda sus expresiones cuando en su momento se le consultó sobre los anti-cuarentenas. “Dije que el que no crea, que venga a hacer una pasantía”.

 

“Valió la pena”.

 

“Guerreros al servicio de la humanidad”, así define Viscardi a sus pares del sistema de Salud Pública. “No me queda otra definición, porque se está haciendo una tarea muy noble, con poco y nada de reconocimiento, luchando contra esta parte de la sociedad que no le interesa”. Siente que se trata de un egoísmo volcado hacia ellos también, porque intuye que muchos piensan que con que se salven ellos y sus familiares ya está”.

 

Sin embargo, se esperanza nuevamente al pensar en los y las pacientes que han logrado recuperarse. “Nos ponemos muy contentos, es un premio al intenso trabajo saber que un paciente se fue y que anda bien”.

 

Muchos de ellos actualmente les hacen llegar videos y saludos. “Es muy reconfortante. Tantas horas, tanta energía, pero el paciente se va bien. Te reconforta el alma”.

 

Incluso, reconoce que muchas veces les saca una sonrisa ver cómo aquellas personas que estaban al borde de la muerte logran salir adelante. “Sentís que de alguna manera es un reconocimiento al trabajo de todos. Te están demostrando que todo lo que hiciste valió la pena”, cierra.

 


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