Domingo 02 de octubre 2022

Daniela, la cocinera de la otra cuadra

Redacción 14/08/2022 - 00.04.hs

Él antes fue constructor; ella es una "todo terreno" que bailó (incluso en el Colón), borda, teje y cocina como los dioses. Trabajan entre 14 y 16 horas por día y consiguieron que sus tres hijos sean profesionales.

 

MARIO VEGA

 

Lo he repetido hasta el hartazgo. Cada persona, cada familia, tiene una historia para ser contada, que en algunos casos podrá interesarle más o menos a los demás... pero que todos tienen lo suyo, ni lo dudo. Y es más, habremos de ver que en la medida que hurguemos un poquito algunas de esas historias se ponen sumamente atractivas. Al menos para alguna gente...

 

Viviendo a pocos metros de un comercio, que es algo más que una despensa, en realidad un mercado de autoservicios -emprendimiento que no tiene nada que ver con las grandes superficies, sino que es una pyme familiar- ubicado en Avenida San Martín Este al 500 y pico, debo decir que siempre me llamó la atención ese matrimonio que labura no sé cuántas horas al día... atendiendo el comercio, pero a su vez preparando exquisiteces que le solucionan el almuerzo y/o la cena a muchos clientes. Pero muchos de verdad, eh!

 

Podría decir que en mi caso -por la cercanía de donde vivo con el negocio-, Daniela es "la cocinera de la otra cuadra...".

 

Largas jornadas de trabajo.

 

Me llamaba la atención la cantidad de horas al día que el matrimonio Carlos Alberto Tassone (Lito)-Daniela Claudia Mareque trabaja, porque se puede ver el comercio abierto desde la mañana hasta bien pasado el mediodía; y luego por la tarde desde las 5 a las 10 y media u 11 de la noche.

 

Pero además, calculaba, para preparar los platos de comidas que se exhiben en el comercio deberían disponer de un tiempo extra -hacer las compras, cocinar, llevar la administración, etcétera.-, lo que hace suponer que son varias horas por día dedicadas a... sí, a trabajar.

 

Siempre el esfuerzo.

 

Alguna vez hablamos con Lito y Daniela sobre el tiempo que le dedican al trabajo, que les demanda la mayor parte del día. Y lo cierto es que ese es su modo de vida: "Es un trabajo esclavo, porque no tenemos otra vida social que la interacción con nuestros clientes, que gracias a Dios nos siguen... Pero afortunadamente con Lito logramos lo que ha sido nuestra gran meta: hacer estudiar a nuestros tres hijos. Y aquí tuvo mucho que ver también la ayuda de mi madre... Pero sí, siempre hemos apostado a lo único que sabemos hacer: trabajar", comenta con simpleza Daniela.

 

Ella desde sus 5 años vive en el mismo lugar donde hoy está el negocio -"tiempos de la avenida San Martín todavía de tierra", agrega-, porque es nacida en Pellegrini pero vivió en Catriló, junto a su mamá biológica Elsa y su padre Norberto Noemí (sic) Mareque... ¿Noemí? Si, mi papá tenía Noemí como segundo nombre... porque parece que sus padres esperaban una nena, y apareció él... Y sí, le dejaron ponerle así", cuenta Daniela.

 

Noemí, mamá del corazón.

 

Ya en Santa Rosa su mamá Elsa iba a sufrir un accidente de tránsito y falleció. "Fue en 1978, yo tenía 7, mi hermano Leonardo 8 y Cecilia apenas 3 años. La verdad es que nuestra vida no ha sido fácil nunca... mi padre, comerciante toda la vida, se volvió a casar con Noemí (Mazzaferro Carluccio). Sí, también Noemí", se ríe por un momento Daniela.

 

Y sigue: "Era la mejor amiga de mi madre, que entiendo que ya presentía que algo le iba a pasar, y le había pedido que si eso ocurría se hiciera cargo de nosotros tres. Después de 42 años criándonos nos adoptó. ¡O sea ahora de viejos!", y larga la carcajada.

 

Familia del corazón.

 

Agrega que "con la familia biológica de parte de mi madre nunca tuvimos trato... es más, conocimos a mis abuelos en el velorio de mi mamá, y de sus 10 hermanos sólo conozco a tres. Y de parte de mi padre poco trato ya que no viajábamos a Pico, más bien era ir a Pellegrini todos los viernes y volvíamos los domingos. Así fue por un año, y para ver a mi hermana menor, Cecilia que era muy chiquita y la habían llevado a vivir allá".

 

Daniela no tiene dudas. "Noemí es mi madre de crianza, y mi familia de corazón son todos los que no son de sangre, los que la vida nos puso en el camino, los que nos enseñaron, contuvieron, y amaron. Y lamentablemente ya quedan pocos...", se entristece.

 

Inició la primaria en la Escuela 2, terminó en el María Auxiliadora; y se iba a recibir en el Comercial de Perito Mercantil.

 

Bailarina de danzas clásicas.

 

Mientras en el comercio entra y sale gente, y ambos se las arreglan para atender y a la vez charlar conmigo -no sea que se escape uno sin comprar, ¿no es cierto Lito?-, se entusiasman contando de sus vivencias, de lo mucho que han hecho sin arredrarse ante las adversidades que siempre nos acechan.

 

Lo que no todos saben es que, entre tantas actividades que desarrolló, Daniela fue bailarina de danzas clásicas. "Era demasiado pegada a mi padre, y no quise hacer una carrera afuera, pero sí fui a danzas con Elvira de Pablos de Regalado y disfruté hermosos años, hice cursos en Buenos Aires, participé en el Teatro Colón, di clases...".

 

Al Colón.

 

Y es Lito el que hace su aporte, porque la conoció cuando ella bailaba y le gusta hablar de Daniela y su relación con la danza. "Ella le dio clases a casi todas las que después fueron profesoras", expresa.

 

Y asiente Daniela: "Aquí vino traída por Elvira la bailarina María Zorbhosky, que me dijo que tenía que ir a bailar con ella. Fue un verano y estuve alojada en su casa y me tocó estar en un espectáculo... Era un curso muy intensivo, de 8 a 13 y de 14,30 hasta la noche... Yo tenía nada más que 12 años, y fue una experiencia inolvidable. Pero es cierto, desde muy chica me tocó dar clases, y entre otras que estuvieron conmigo puedo mencionar a Anita Ratto, María Lis Olivera, Sandra Ismael, Mónica Kruber y algunas otras chicas...", completa.

 

Daniela iba a bailar "hasta los 21, cuando quedé embarazada de Agustín, y ahí decidí que era hora de dejar la danza".

 

Casamiento con Lito.

 

Había conocido a Lito (Carlos Alberto Tassone) a los 15 años. "Salimos hasta los 21 años míos y nos casamos dos años después. Había un kiosco aquí enfrente y el dueño siempre decía que tenía un sobrinito para presentarme, así que cuando lo veía yo le decía 'tío'... y bueno, un día lo conocí y acá estamos", se ríe Daniela.

 

Y serían totalmente compatibles, porque si ella era emprendedora Lito no le iba en zaga. "De chiquito, tenía 9 años, y hasta que empecé el secundario en la vieja Escuela Industrial, vendí el diario La Arena... Mi papá que se llamaba Santiago y era policía me llevó el día que empecé... me inicié con 5 diarios, y llegué a vender 150 por toda la ciudad. Lo lindo es que le dejé todos mis clientes a un hombre que recién había salido de la cárcel, y cuando hice eso desde don Raúl (D'Atri) hasta los maquinistas y otros compañeros me aplaudieron por el gesto...", dice y un poco se emociona.

 

En el negocio.

 

Lito es nacido en Santa Rosa y tiene una hermana, Mirta, que es Licenciada en Nutrición, y él por su parte es Maestro Mayor de Obras recibido en la Escuela Industrial, con lo que se iba a involucrar mucho en el rubro de la construcción. "Trabajé bastante en eso, hasta que nos hicimos cargo del negocio", expresa.

 

Daniela recuerda que su padre, Norberto N. Mareque puso un local de joyería, relojería y artículos del hogar en el mismo lugar donde hoy están la armería y el autoservicio, aunque por supuesto el local fue refaccionado. El terreno tiene 50 metros de largo, y en el frente están los dos comercios, pero hacia atrás hay una importante construcción, y arriba la residencia de mamá Noemí.

 

Daniela, "todo terreno".

 

Y sigue contando Daniela: "Lito trabajaba en Buenos Aires y luego estuvo dos años en Necochea, y fue difícil pero así es la vida. Mi otra pasión además de la danza siempre fue el comercio... creo que heredada de mi padre que muchos años salió a vender alhajas por los campos: todo de oro, anillos, pulseras esclavas, relojes. De todo. Después fue que puso la despensa, y en el 2000 cuando él falleció me hice cargo y al año Lito lo remodeló como esta ahora. Pero para no abandonar del todo el arte abrí la mercería enfrente de la despensa. Ahí bordé por años, y disfruté arreglar ropa, hacer vestidos de novias, trajes árabes... tejí y dimos muchos talleres para pasar lo que sabía. Después de 11 años vendí la mercería", precisa.

 

Por si le faltaba algo cabe agregar que un tiempo también con Flavia Labriola daban clases de gimnasia artística en el Club Belgrano; y a la vez era tesorera de la Federación Pampeana de la disciplina.

 

Daniela la cocinera.

 

Alguna vez junto a su hermana habían cocinado "para un grupo de camioneros; también hacíamos panqueques para comercios y salíamos a distribuir caminando con el carrito y mis tres hijos; y además vendía a puertas cerradas bijú, luego ropa y más. Siempre más para poder sobrevivir...", evoca.

 

Comenzaría a mostrar sus dotes de cocinera fuera de su casa, de un modo no pensado: "Cuando Agustín tenía 9 años iba a Scout al Grupo San Francisco de Asís, que acostumbraba a ir de campamento anual fuera de la provincia por 10 días. ¿Y qué pasó? Que el señor que estaba a cargo de la cocina tuvo un infarto unos días antes de la salida, así que pidieron que me hiciera cargo de la cocina del campamento donde había 120 chicos. Fue todo un desafío, pero el grupo de padres que armamos fue increíble. Estaban Guille Blanco, Cecilia y Jorge Pensotti, Coco Petruzzi. Pido perdón por no nombrar a todos pero eran muchos", señala.

 

De pasar de cocinar en su casa tuvo que hacerlo para más de un centenar de pibes. "Estuve en el grupo por trece años y no hay día que no agradezca la educación, respeto y valores que les enseñaron a mis hijos. Aunque Nicolás, el segundo, siempre fue deportista (jugó fútbol en Belgrano y también rugby) por lo que no coincidía con esa actividad que se desarrollaba los fines de semana", aclara.

 

Las recetas familiares.

 

"Me preguntás por la cocina y tengo que decir que para mí es hermosa... sólo lamento en el verano el enorme calor que se sufre, pero no me cuesta. Comencé con recetas de la familia: la torta de manzana de la tía Gladys, el guiso de mondongo de la tía Elsa, el estofado de pollo de la tía Elva, las pastas de la tía Eva, la salsa de 'Ma' (Noemí), las croquetas de la abuela, la torta de chocolate de Lili... y así podría estar un buen rato...", dice después de la enumeración.

 

Aunque no es la única que cocina: "Mi hermano Leonardo es experto en carnes asadas de todo tipo; mi hermana Cecilia en cocina sana; mi primo Eduardo tiene una parrilla en Pellegrini; mi prima Silvana es cheff. Y creo que no hay nadie de la familia a quien no le encante comer...", admite Daniela.

 

No obstante ser una cocinera de primera acepta que alguna vez ha cometido errores en la cocina: Diría millones -exagera-, pero de eso se aprende. Siempre digo que la cocina une, alimenta y llena el corazón. ¿Cuántas horas? Uf! Por lo general 6 ó 6.30 comienzo haciendo los panes; después cerramos un rato a las 14, y ahí ordenamos, limpiamos y ordenamos, por lo que a casa (viven en Villa Martita) llegamos sobre las 15. Y ya a las 17.30 abrimos para cerrar 10 y media u 11 de la noche. Depende de la gente", completa.

 

Motivo de orgullo.

 

Al principio, cuando le propuse la nota Daniela era reticente, no quería saber nada, pero por suerte Lito estuvo mucho más receptivo y ayudó para concretarla. La idea era hablar del laburo que hacen, y sobre todo de "la cocinera de la otra cuadra", y ciertamente cuando ella se sintió más suelta en la charla reveló aspectos de una vida de esfuerzos y sacrificios -junto a Lito y sus hijos-, que bien vale la pena ser contada.

 

Es verdad, la historia simple de una familia como tantas, tenaz, luchadora, que tuvo en el trabajo el sustento esencial del sueño más ansiado... esto es que sus hijos pudieran estudiar, y recibir el anhelado título en una universidad. Y por eso, que lo hayan conseguido, haber estado presentes cuando recibían su diploma tuvo que haber sido un instante de auténtica felicidad, de verdadero orgullo...

 

Ciertamente, a esta altura, debo admitir que Daniela es mucho más que la cocinera de la otra cuadra... ¿No les parece?

 

Daniela y Lito, de verdad, ¡qué linda historia¡ Gracias...

 

Recientes profesionales.

 

Por suerte, y a pesar de las dificultades de la hora -aunque algunos podrán decir que en nuestra querida Argentina todas las horas son de complicaciones, de momentos bravos que a veces desalientan al más pintado-, todavía se conserva ese criterio de la famosa movilidad social.

 

Esto es que un hijo de una familia de trabajadores acceda a un título profesional en alguna universidad de las tantas muy buenas que pueblan nuestro territorio.

 

Hace apenas algunas semanas Lito y Daniela tuvieron su comercio cerrado por un par de días -algo extraño considerando que "siempre" están laburando... porque ese es su modo de vida: trabajar, trabajar y trabajar.

 

Aunque en algún momento del año, y sólo por algunos días, cerrarán por vacaciones y harán algún viaje que los resarcirá de tanto esfuerzo.

 

Gran satisfacción.

 

¿Qué fue lo que pasó para que mantuvieran hace poco el negocio cerrado?

 

Se produjo una gratísima circunstancia: sus tres hijos culminaron sus respectivas carreras universitarias en un momento más o menos coincidente.

 

En la Universidad Nacional de Córdoba se graduaron Agustín y Lucía; y Nicolás en la de Villa María, en la misma provincia. Agustín (29) es Odontólogo; Nicolás (28) hace un mes recibió su segundo título como licenciado en Comercio Exterior (ya era licenciado en Comercio Internacional;, y Lucía (25) se recibió de médica. "Nos llevó, o les llevó a ellos, 11 años. Desde que se fue el mayor hasta que terminaron los tres... ahora afortunadamente ya trabajan y están comenzando a independizarse del todo", dice la mamá.

 

Y vaya si había motivos para tomarse apenas unos pocos días y correrse hasta Córdoba para festejar, para disfrutar que los chicos llegaran donde se lo propusieron. Vaya si los había...

 

' '

¿Querés recibir notificaciones de alertas?