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Viernes 13 de febrero 2026

La contaminación del aire se agrava e impacta en la salud cardiovascular de la población

Redaccion Avances 13/02/2026 - 18.35.hs

Las montañas, los ríos cristalinos, los bosques con pinos y cipreses, la blancura de la nieve son imágenes de la Patagonia que se relacionan con un ambiente sano y limpio, donde el aire se puede respirar de otra manera distinta a las grandes ciudades. 

De alguna forma eso es cierto, pero el problema es que el aire no es tan distinto, o sí, pero también puede provocar serias afecciones de salud porque no es un aire realmente sano.

Por lo menos, así lo determinó la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) que, a partir de mediciones llevada a cabo en una zona de la región sureña del país, se detectaron niveles altos de contaminación del aire que impactan directamente sobre la salud cardiovascular de la población. 

Según publicó RSalud, la plataforma de comunicación de la Fundación de Estudios para la Salud y la Seguridad Social (FESS), las mediciones en la Comarca Andina fueron llevadas a cabo por vecinos, científicos y profesionales de la salud y que el causante de la alerta fue una publicación en el boletín Reduxxion en enero pasado.

César Berenstein, cardiólogo y miembro del Consejo de Cardioecología y Hábitos Saludables de la SAC, describió una iniciativa comunitaria en El Bolsón: la instalación de sensores para medir material particulado fino (PM2,5). 

Este material está compuesto de partículas microscópicas que poseen la particularidad de penetrar en los pulmones cuando una persona respira y llegar hasta el torrente sanguíneo. Lo grave es que hay evidencia científica que demuestra las posibles consecuencias en la salud, porque el PM2,5 aumenta el riesgo de hipertensión arterial, arritmias, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, infarto de miocardio y ACV. 

Según RSalud, está demostrado también que por cada aumento de 10 microgramos por metro cúbico (µg/m³) de PM2,5 incrementa un 11% el riesgo de muerte cardiovascular.

El diario El Patagónico publicó que las mediciones se realizaron, entre otros lugares, en la zona de El Bolsón y Cholila, al oeste de la provincia de Río Negro. A través de sensores instalados por el grupo Eco Comarca se registró, durante la temporada de quemas del 2025, un Índice de Calidad del Aire (ICA) de 200, que es un nivel considerado como “muy insalubre”. 

Sin embargo, a partir de los últimos incendios que se vienen sucediendo en este verano, ese índice llegó a 350, lo cual significa que el ambiente es “peligroso para la salud”. 

“El aire contaminado no afecta solo a los pulmones. El corazón es uno de los primeros órganos en sufrir las consecuencias”, sostuvo Sergio Baratta, presidente de la SAC, en un comunicado institucional.

Berenstein, según indicó El Patagónico, explicó que la polución actúa como un “factor de riesgo cardiovascular silencioso” que acelera procesos inflamatorios y de aterosclerosis, incluso en personas jóvenes y sin antecedentes.

Las autoridades, cuando se registraron los picos de contaminación ambiental, recomendaron a la población que reduzca la actividad física al aire libre, que sellaran puertas y ventanas y que utilicen barbijos N95 en caso de exponerse de manera directa. 

No obstante, la SAC advirtió que esas medidas tienen carácter paliativo y no son suficientes para abordar el problema en su vertiente estructural. Ante ello, los especialistas propusieron que cada jurisdicción provincial posea una red de monitoreo de la calidad del aire y un protocolo de actuación ante casos de contaminación alarmante. En el mismo sentido, señalaron la importancia de ajustar las regulaciones sobre quemas, implementar planes de reforestación con especies nativas y facilitar el acceso a sistemas de contaminación más amigables con la naturaleza. 

“Regiones tradicionalmente consideradas limpias están siendo impactadas por el cambio climático, la expansión de actividades extractivas y el aumento de incendios forestales”, alertó la entidad cardiológica. 

Lo complejo de este fenómeno es que el humo no solo afecta a la zona cercana donde se produce, sino que, por acción del viento, puede viajar cientos de kilómetros y llegar a lugares en los cuales no hay instrumentos para medir la polución ambiental. 

“La buena noticia es que se trata de un factor modificable. Si tomamos decisiones basadas en evidencia, podemos reducir sustancialmente el impacto de la contaminación en la salud del corazón”, concluyó Berenstein.

 

 

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