Juntismo desunido

Redacción 22/11/2021 - 00.33.hs

La Propuesta Republicana, reducida a su sigla PRO, se encuentra dividida en tercios. A dos de los grupos que lo conforman, el macrista y el larretista, la trifecta mediática pretende instituirlos como halcones y palomas.

 

Por Jorge Elbaum

 

La oposición no logró festejar su triunfo electoral porque se sintió frustrada por los resultados y porque se encuentra atravesada desde hace un semestre por un intento de reposicionamiento relativo de varios de los sectores que componen la alianza. La Propuesta Republicana, reducida a su sigla PRO, se encuentra dividida en tercios. A dos de los grupos que lo conforman, el macrista y el larretista, la trifecta mediática pretende instituirlos como halcones y palomas. Sin embargo comparten una cosmovisión común respecto a las políticas económicas, y sólo se diferencian en torno al modelo de acumulación política que promueven y la disposición a proteger -o abandonar a su suerte- a Mauricio Macri.

 

La tercer fracción en disputa es el neo-delarruísmo, que pretende renacer de sus cenizas luego de la primera alianza malograda en 2001: los seguidores del carcelero de Milagro Sala, Gerardo Morales, del neurólogo Facundo Manes y del ex gobernador mendocino Alfredo Cornejo se sienten empoderados luego de haber obtenido el triunfo en ocho provincias, el doble de las conquistadas por el PRO. Estos radicales herederos de Marcelo T. de Alvear se subdividen además en tres fracciones: los que responden a Enrique Coti Nosiglia y Martín Lousteau, que mantienen un acuerdo con el larretismo; los que respaldan a Gerardo Morales -que busca ser parte del binomio presidencial de 2023 junto a Bullrich- y los seguidores del mendocino Alfredo Cornejo, que apuestan a promover a los referentes territoriales y a Facundo Manes, y que pretenden reemplazar al cordobés Mario Negri como jefe del bloque en la Cámara de Diputados.

 

Los juntistas se habían preparado para una fiesta el 14 de noviembre. Prometieron un final de nocaut pero terminaron ganado por puntos frente a un contendiente que dio pelea y que se fortaleció de forma incremental en los últimos asaltos. El triunfo de la derecha tuvo, por esas razones, sabor a poco: luego de augurar una transición condicionada para el oficialismo hacia 2023 y de pronosticar cambios estructurales en ambas Cámaras, apenas pudieron obtener una limitación en el quórum en Senadores.

 

Uno de los fantasmas que más aturdió a los juntistas luego del triunfo del domingo pasado no estuvo vinculado al desempeño electoral sino al peligro de que el repunte posterior a las PASO se convirtiese en el piso de un armado pos-pandémico virtuoso. El 28 de abril de 2009, luego del lock out campero patronal, el recientemente nacido Frente Cívico y Social -antecedente del juntismo- ganaba las elecciones de medio término por sobre el Frente para la Victoria. Dos años después, Cristina Kirchner era reelegida Presidenta.

 

Esa aprensión difundida durante la última semana por dirigentes, consultores y propagandistas mediáticos tanto ligados al PRO como al radicalismo, contribuyó a amplificar el internismo juntista. Ese fantasma se articuló con los datos provistos por informes internacionales que insisten en explicar diversos comportamientos electorales recientes como productos anómalos de las crisis pandémicas. La inmensa mayoría de los comicios sucedidos a nivel global, desde 2020 hasta la actualidad, dieron como resultado la derrota de los oficialismos.

 

La explicación más consistente de los analistas respecto a esa deriva postula que los sectores menos politizados -de cada uno de los conglomerados electorales en los diferentes países- han identificado como responsables e incluso culpables de las crisis (sanitaria y económica) a quienes se hallaban circunstancialmente a cargo del gobierno. Esa hipótesis -conjeturan los analistas de diferentes países- postula una gran posibilidad de retorno a escenarios precedentes, una vez que los oficialismos logren contener las versiones más trágicas de la enfermedad y/o vacunar a la mayoría de sus respectivas poblaciones.

 

Conflicto a tres bandas

 

El lunes 15, en el local de Costa Salguero, donde Horacio Rodríguez Larreta buscó constituirse en el factótum último del triunfo, subrayaban que el Frente de Todos -con ese resultado- contaba con dos años para reconstruir el tejido social y económico resquebrajado. Esa presunción, lejos de galvanizar al juntismo, se constituyó en la línea de largada para una confrontación abierta entre las tres fracciones de cara al liderazgo de 2023. Como parte de esa discordia, se desataron las extorsiones a tres bandas: los macristas amenazaron con incorporar a los neoliberales negacionistas de Javier Milei y José Luis Espert, con el indudable objetivo de disciplinar a los radicales y a los larretistas.

 

Los funcionarios ligados al actual jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por su parte, advirtieron que continuarán desplegando la modosa ubicuidad impertérrita -que tanto cautiva a quienes son financiados con su portentosa pauta-. Advierten, además, que continuarán enviando mensajes afables a los sectores ligados a Florencio Randazzo, Roberto Lavagna y/o seguidores del massismo.

 

Las diferencias entre las alianzas postuladas por el larretismo y el macrismo provocaron controversias durante la pretendida celebración del triunfo electoral, el domingo a la noche. Mientras Larreta celebraba la victoria de su lista en la Ciudad de Buenos Aires, Juan Pablo Arenaza -futuro legislador porteño perteneciente a la escudería de Bullrich- interrumpió el discurso de Larreta al grito de "con Massa no se habla". Dicha escaramuza, que sorprendió a los presentes, fue interpretada como una respuesta directa a una situación similar ocurrida en el cierre de campaña de María Eugenia Vidal, en el que se escuchó el cántico "con Milei no se habla" mientras Bullrich se dirigía al público.

 

Al final del acto convocado para ser una celebración, Bullrich les señaló a los colaboradores de Larreta que "no iba a permitir que se queden con la victoria quienes buscan deshacerse de Mauricio y conspiran para invisibilizarnos". Los delarruístas, mientras tanto, previenen que no admitirán formar una coalición que no los tenga como protagonistas, no aceptarán el ingreso de los neoliberales negacionistas, y deberán ser parte indefectible del futuro binomio presidencial. (Extractado de El Cohete a la Luna)

 

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