«Ni adelante ni atrás, a la par»

Redaccion 14/04/2021 - 05.45.hs

No resulta novedad a esta altura la presencia de mujeres en lugares de conducción en distintos ámbitos de la vida social. También en los clubes cumplen en estos tiempos con una importantísima tarea, e incluso hay algunas que ocupan la presidencia en la comisión directiva. María Cristina Musso y María Teresa Cabrera dicen que son «bien de la Villa», entidad a la que estuvieron ligadas en sus épocas juveniles, sobre todo porque han tenido relación con Carlos Cabrera -icónico personaje del Club San Martín fallecido el 4 de junio de 1986-, la primera en calidad de esposa, y la segunda como hija del primer matrimonio del inefable entrenador de la primera división allá por los años ’80.

 

Carlos Cabrera, un personaje.
Tanto Carlos Cabrera como María Cristina Musso supieron estar vinculados a este diario con la venta de publicidad, e incluso él actuando más de una vez como fotógrafo o cronista de algún acontecimiento deportivo, llegando además a cubrir algún espectáculo boxístico en el mítico Luna Park de la ciudad de Buenos Aires.
Pero Carlitos («El Mudo» le decían irónicamente) fue además un director técnico de fútbol que aún se recuerda en la Villa. Por su verborragia, por su poder de convencimiento sobre los jugadores, y también -cabe señalarlo- por su generosidad con los que él llamaba cariñosamente sus «negritos», sin que hubiera en esta expresión ni el más mínimo sentido peyorativo.
«No sólo les compraba los botines a varios de ellos, sino que también alquiló una suerte de conventillo de la familia Grandón en la calle Roque Sáenz Peña, donde llegaron a vivir varios jugadores con sus parejas, y hasta se hacía cargo de los gastos de compras que hacían en una despensa del barrio», recordó por estas horas alguien que conoció y mucho a Cabrera.

 

Vinculados a LA ARENA.
Cuando se produjo la movida que iba a culminar con el cese de la comisión que por casi dos décadas detentó la conducción del club, las dos «se anotaron» para ayudar en lo que hiciera falta. Cristina -ahora jubilada- rememora que «con Carlos levantábamos publicidad para LA ARENA. Por varios años íbamos a los pueblos para los aniversarios, y supimos andar bastante por el oeste, por La Humada, Santa Isabel, Victorica, Telén… Pero también nos ocupábamos de las fiestas tradicionales en los pueblos a lo largo del año», rememoró.

 

Criada en el club.
En tanto, María Teresa todavía trabaja en el Hospital Evita, «aunque ahora estoy con el artículo 80», aclaró, y vivió «siempre en la Villa Santillán».
Agregó que «prácticamente me crié en el club. Y no hice deportes ahí porque en esa época no había, pero me acuerdo de todo lo que se vivía allí. Los bailes multitudinarios, las parejas que se armaban y terminaban siendo familia», contó.
Cristina agrega que «ella era chiquita, y a veces acomodábamos sillas contra la pared y ahí se quedaba dormida cuando había bailes…».

 

Bailes multitudinarios.
Narran que «la cantidad de gente que iba a los bailes era tremenda: llegaron a actuar Sandro, Palito Ortega, Rosana Falasca, Jorge Valdez, Los cuatro de Córdoba y tantos… En los carnavales no cabía un alma, y me acuerdo perfectamente que Eliseo Rojas hacía los muñecos del ‘Rey Momo’ que se quemaban al cierre de la fiesta, y por suerte nunca hubo un problema», dijo Cristina.

 

Todos colaboraban.
«En ese tiempo todos los jugadores y los directivos colaboraban, porque los vecinos les daban un paquete de azúcar, fideos, arroz o lo que sea, y además el Supermercado Girard que estaba en la esquina de Alberdi y Roque Sáenz Peña colaboraba y se hacían grandes rifas… y con eso se hizo el piso del gimnasio. Eran otros tiempos, y todo era producto del esfuerzo, porque nunca la plata le llegó de arriba a San Martín», completó.

 

«Daban ganas de llorar».
Pasaron los años y las circunstancias hicieron que se fueran alejando del club. «Pero pasábamos siempre y fuimos viendo que todo se iba cayendo de a poco… y de verdad nos causaba mucha tristeza, y hasta daban ganas de llorar porque las instalaciones, tanto del gimnasio como la Quinta, están en malas condiciones. Por eso cuando desde ‘La ’89’ nos convocaron no dudamos en decir que sí, que íbamos a participar. Y todo fue bastante rápido esta vez, aunque con mucha incertidumbre hasta que se conoció la resolución de Personas Jurídicas…», coincidieron.

 

Tarea por delante.
Saben que a la «Normalizadora» le tocará una enorme tarea. «Sabemos que va a ser así, y suponemos que lo primero que habrá que hacer es un inventario y después empezar a trabajar para levantar el club… para que se vuelva a llenar de gente, para que la gente grande tenga al lado del gimnasio su cancha de bochas, y que se lleven adelante todas las actividades que se puedan hacer acá en el centro. Y en cuanto a la ex Quinta de las Monjas también habrá que hacer mucho para recuperarla, y va a ser un lugar fantástico y de contención para muchos chicos de barrios que se han construido por allí cerca», afirmaron.

 

Miles de socios.
Las dos damas se manifestaron convencidas que «cuando empiece la campaña de suscripción de socios van a ser miles los que se sumen… Es un gran compromiso que tomamos, pero lo vamos a asumir con todo», prometieron.
Sobre el rol de las mujeres en el club dijeron que «va a ser fundamental… Nos van a dar el lugar, y si no fuera así…», se miraron cómplices como reafirmando que van a ir por lo suyo. De todos modos están persuadidas que el resto de los que están en esta movida lo tienen claro y habrá «una perfecta integración. Como corresponde: las mujeres ni adelante ni atrás, a la par», concluyeron.

 

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