Oscar Falcón, hombre de los arrabales

Redaccion 08/02/2020 - 22.57.hs

Se hizo en la calle, vivió entre gitanos, fue boxeador, futbolista, pescador, y peleó por causas que cree justas. Hoy, sin irse de la política, sumó una pasión que lo tiene entusiasmado: baila tangos.
MARIO VEGA
«Hay que conocer de la vida para poderlo bailar… el tango es mágico, sensual, atrapante». Una frase que en realidad no expresa nada que no se haya dicho antes, pero según quien la diga podrá merecer -o no- alguna consideración especial. Dirigente barrial, hombre preocupado por las necesidades de su comunidad, peronista hasta la médula, ex boxeador -pocos lo deben saber-, ex arquero de fútbol, Oscar Alejandro Falcón (67) es reconocido por su militancia política… aunque en los últimos años ha trocado un poco su imagen ante la comunidad, luciendo ahora una impecable figura de milonguero y compadrito en una pista de baile… que -dicen los que dicen saber- así hay que mostrarse para interpretar el tango.
Es que, para quienes superamos determinada edad (sobre todo), el tango tiene una esencia que tiene que ver con la sensibilidad, está íntimamente ligado a la sensualidad.
«Con este tango que es burlón y compadrito/Se ató dos alas la ambición de mi suburbio;/Con este tango nació el tango, y como un grito/Salió del sórdido barrial buscando el cielo;/Conjuro extraño de un amor hecho cadencia…». ¿O acaso no es difícil, cuando se lo conoce un poquito, no compartir el gusto por versos discepolianos como estos?

 

Hombre de los arrabales.
Oscar es un militante de los barrios, y tiene un amplio camino recorrido en la dirigencia de base porque ha sido -entre otras cosas- delegado gremial en el ISS varios años; presidente de la Unidad Básica de Villa del Busto tres veces; en cuatro oportunidades del Malvinas Argentinas; secretario político cuando se creó el Frente para la Victoria (junto con la ex diputada Delia Guette, de quien fue asesor en la Legislatura provincial); y en más de una oportunidad se sentó en la banca del vecino del Concejo Deliberante de Santa Rosa para hacerse escuchar. En realidad para trasladar la inquietud de los pobladores de esos sectores por las condiciones de los cuencos (mal olientes) de los barrios Germinal y Malvinas Argentinas. Incluso por esta cuestión hizo una presentación en la Justicia… nunca le respondieron, y allí siguen los cuencos.

 

Con todos.
En su tarea como referente -no le gusta demasiado lo identifiquen como puntero político-, se puso al frente de organizar diversas actividades. En ese sentido cabe recordar aquellos carnavales que se hicieron en la Avenida Spinetto… «con entrada gratis -recuerda-, que emprendimos cuatro comisiones vecinales. Con lo recaudado con el servicio de cantina pudimos concretar la posta sanitaria del barrio Malvinas Argentinas», indica.
En lo político hay que decir que siempre estuvo muy cerca de Miyi Regazzoli, aunque él mismo admite: «En el PJ tuve diferencias con algunos, pero estuve con todos», resume.

 

Congresal del PJ.
Alguna vez fue congresal del Partido Justicialista, «y me gustaría volver a serlo», admite. Aunque es bien consciente que cuando le toca usar de la palabra «el 100 por ciento me aplaude -dice-, pero al 98 por ciento sé que no le gustó. Pero igual hay que hacerse escuchar: lo aprendí de lo que contestó Perón a un compañero: ‘General invitamos a 300 y sólo 10 vinieron a hablar con usted -le dijo el hombre-, y Perón le contestó: «¿Cuántos éramos cuando vinimos… nos estamos llevando 10 más». Falcón agregó que «las cosas van a cambiar el día de mañana cuando nos dejen ejecutar. Mientras otros ejecuten será imposible, porque mis sueños los conozco yo…». Más clarito, agua…

 

Desde Bahía Blanca.
Antes de llegar a La Pampa recorrió un extenso camino. Nació en Bahía Blanca, vino a Santa Rosa en 1974 pero pronto regresó por donde había llegado. Se habría de radicar recién en 1979, aunque también reconoce algunas «escapadas» a otros lugares por lo menos hasta 1982.
«Mi papá se llamaba Ambrosio, fue gremialista de la Carne en Bahía Blanca, y cuando hicieron una huelga grande lo echaron en 1962, y ahí se vino para La Pampa. Aquí trabajó de maquinista en época de Ramón Turnes en la Municipalidad, y después pasó a APE». La madre se llamaba Rosalía, y el matrimonio tuvo cinco hijas mujeres y un único varón: Oscar.
Por su parte Falcon tiene tres hijos de su primer matrimonio: Alejandra (42) empleada en la Legislatura, Juan que es albañil (37), y Emanuel (28) que vive de changas. «Nietos tengo un montón, y estoy en pareja con Dora Verón», señala, refiriendo a quien es además su compañera de baile.

 

Vivía en Barrio Gris.
En sus primeros años vivió en Pelicurá, «que era una estación de trenes, con 6 ó 7 casitas. Papá tenía un pedazo de campo y algunos animales, y una carnicería. Hace un tiempo volví y observé que se transformó en un pueblo fantasma… como tantos otros… Y ahí vi el caminito por el que me tocaba llevarle a los bolseros la caña y el vino cortado, y ellos me daban una propina», rememora.
En General Cerri hizo hasta cuarto grado, y completó la primaria en Bahía Blanca. «Vivíamos en Barrio Gris, así se llamaba por lo que es fácil imaginar como era de pobre… Y sí, conocimos la pobreza, y lo que me acuerdo es que siempre se hablaba de Perón y Evita… Y la verdad es que yo no sabía que había otros partidos… así que soy peronista más que por razonamiento por herencia».

 

Boxeador y arquero.
Un tiempo dejó la escuela porque la plata no alcanzaba, y salió a vender diarios… «En la calle conocí a los hermanos Carlos María y José María Giménez, que ya habían empezado a boxear… incluso uno de ellos llegó a pelear por el campeonato del mundo. También estuve con Cachín Mendez, que supo enfrentar a nuestro Justino Heredia… bueno, así fue que me metí en el gimnasio y me empezaron a llevar a algunos pueblitos de por ahí, para hacer algunos rounds en las preliminares… siempre como relleno», evoca.
Le tocó hacer una pelea en Río Colorado, y ahí se quedó pero para jugar al fútbol de arquero (en Bahía había jugado en Pacífico)… Su vida era complicada, y se las rebuscaba como podía: «Un día papá se fue y no volvió nunca más… lo encontré de grande, aquí en Santa Rosa», dice sin resentimiento.

 

El pescador y los gitanos.
En Bahía Blanca vivían en un conventillo con la mamá y sus hermanas, y él hacía lo que primero le llegaba. «A 17 me fui a trabajar al puerto… un afiliado me prestaba su carnet para poder ingresar y después tenía que darle la mitad de lo que cobraba; pero ya a los 18 me afilié al gremio de los estibadores. En una ocasión me embarqué 60 y pico de días, y nos tocó ir mar adentro con las redes de arrastre».
En otro momento -de ese tiempo- decidió que se iría «a vivir con los gitanos, y ellos me llevaron a Choele Choel. No sabían leer y escribir y entonces les hacía los boletos de compra venta. Vivía en carpa con uno de ellos de apellido Traico, y hasta pude aprender parte de su idioma, participé de los casamientos que hacen, y podría decir que aprendí su cultura».
En un momento anduvo por Monte Hermoso en cuyo balneario fue guardavidas. «Andaba de aquí para allá, me juntaba con tipos más grandes… y, sí… algún delincuente había. Pero no me tocó vivir cosas malas, aunque me crié mucho en la calle», resume.

 

Reclamando derechos.
Se ríe al recordar que no hace mucho un empleado de la administración pública le dijo: «Falcón… usted siempre con problemas. Le respondí que yo lo que hacía era reclamar derechos, y el pibe me terminó dando la razón», agrega.
Siguiendo con el tema político sostiene que «cada vez que fui a reclamar algo no me identifiqué como peronista… porque embanderado políticamente se deslegitima el reclamo. Pero además, desde la banca del vecino a los que más castigué siempre fue a los nuestros; y puedo decir algo más: yo trabajé para el Estado (empleado del Instituto de Seguridad Social), pero no les debo nada ni me deben nada. Ahí con Rubén Brandizzi como secretario general yo era delegado del gremio», evoca.

 

A vivir en Anchorena.
También trabajó en el Centro Diurno de Menores; más adelante desarrolló tareas en el Centro de Acción Social en el Malvinas, «donde llegamos a tener casi una hectárea de huerta. Después me fui a Anchorena, donde estaba (Roberto) Holgado como intendente y nadie le podía ganar. Tuve la idea que si me radicaba ahí podía hacerlo, y fui como adscripto a Salud Pública… yo tenía muchos parientes en ese pueblo, pero tuve problemas personales que me obligaron a volver. Tuve que vender todo y me quedé sin auto, sin casa ni nada… En ese momento me compré un ranchito frente al cuenco, que cuando los instalaron nos dijeron que iban a ser momentáneos…», sonríe con ironía al recordarlo.

 

Reencuentro con el padre.
Ya en La Pampa, donde llegó un poco de casualidad, se anotó en una empresa que reformaba la escuela Hogar (entonces en manos del Ejército). «Tenía que trabajar con los cielorrasos termoacústicos y me presenté como oficial especializado… pero me terminaron mandando a Alto Río Mayo, en la cordillera. Trabajé ahí y me vine en 1982, antes de Malvinas, y me quedé hasta el día de hoy».
Aquí se había reencontrado con su padre. «Lo encontré porque un cuñado que vivía en Córdoba pasó por aquí y lo conoció… Lo busqué y alguien me dijo que vivía cerca del boliche de Guiñazú… ‘agarre ese caminito y va a encontrar la casa de Falcón… atrás del hospital era monte, cuando llegué golpeé las manos y salió él, al principio no me conoció pero cuando le dije quién era enseguida me abrazó», señala.

 

Con Don José.
En Bahía Blanca había conocido en una reunión de la CGT a Don José Regazzoli… «Hablé en un momento con él y me dijo que el día que quisiera irme a La Pampa lo fuera a ver… Y eso hice cuando llegué, y la verdad es que me trató de la mejor manera», precisa.
Durante mucho tiempo se desempeño como colaborador de su hija, Mireya.
Después se explaya sobre una situación que se dio cuando Rubén Marín con la lista naranja le ganó «por pocos votos» a Don José: «El ‘tío’ lo fue a ver y le pidió el apoyo para ganar la provincia, porque en Santa Rosa Don José era muy fuerte. Regazzoli le respondió que no había ningún problema, pero que la condición era que los que militábamos debíamos tener trabajo… Y lo cierto es que Marín cumplió con su palabra, todos entramos, y a mí me tocó en el Instituto. ¿Si tengo diferencias con Marín? Podría decir que metodológicas, pero puedo conversar con él tranquilamente porque ideológicamente compartimos», expresa.

 

Las siete unidades básicas.
Se entusiasma al mencionar que fue parte de un grupo militante que en Santa Rosa «creo las siete unidades básicas» a partir de las agrupaciones barriales peronistas. «Yo vivía en Villa Germinal, y con Saturnino Ponce y Raúl Núñez creamos la agrupación ’20 y 25′, que fue la hora en que Evita pasó a la inmortalidad. Tenía 28 años en ese tiempo… era un trabajo bárbaro, porque la manteníamos nosotros, vendiendo rifas y empanadas y haciendo bailes populares».

 

Éramos tan pobres.
A Oscar le gusta recordar: «Y cómo no… si eran tiempos de romanticismo político… yo no tenía ni calzado, porque iba al basurero y agarraba algunos zapatos que se veían bien de arriba, pero tenían las suelas todas agujereadas… una vez Don José me preguntó por qué no había una reunión, y le contesté que me daba vergüenza los zapatos que tenía… Ahí nomás lo agarró al ‘Mudo’ Cabrera y le dijo que me diera calzado: ¡Tenían que verme al otro día con unas zapatillas Flecha que eran ‘lo más’…!

 

Nunca candidato.
Con tantos años de militancia, aún cuando ha sido un hombre con inquietudes, Oscar Falcon nunca fue candidato a ningún cargo… «Tuve alguna oportunidad con el Turco Ahuad de ir como concejal en Santa Rosa, pero al final fue otro compañero. Pero siempre trabajé pensando en los que menos tienen.
Obviamente tiene un concepto muy negativo de los cuatro años de Mauricio Macri… «Es que fue muy malo, de lo peor que le ha pasado al país. ¿Lo que viene? Vamos a ver para dónde vamos… el tiempo dará la razón de todas las cosas… Tengo esperanza… pero quiero verla en hechos», dice escueto.

 

La política primero.
De todos modos no abandona una actitud crítica, y reclama que las bases «sean escuchadas… porque mi sueño lo conozco yo. Y mientras el de ellos es un barco, yo sigo en la bicicleta, aunque no me voy a mover un centímetro de mi lucha, y de mi pensamiento acerca del peronismo que quiero», reafirma.
«Me hacés trampa…», responde cuando le pregunto si la política o el tango… cuál de las dos pasiones gana en su alma: «La política no tengo que ensayarla… la conozco desde que nací. Sí, dejo el tango por la política para el bien común…».

 

La pasión por el tango.
Tiene, como que no, apellido de tanguero… Porque es verdad hay un reconocido cantante que se llama Jorge Falcón.
Y cuenta Oscar: «Empecé a interesarme de una manera distinta en el tango cuando desde el departamento que Miyi tiene en Buenos Aires, cerca del Café Tortoni, iba a escuchar y a mirar; y lo mismo en la Confitería Ideal, al lado de la Casa de La Pampa. Me entusiasmé y dije que iba a empezar a bailar… y en eso estoy», sostiene.
Agrega que «aquí encontré a Elsa Figueroa, en el Centro de Jubilados de la calle Villegas. Ella veía que yo le ponía empeño, pero que no sabía, así que me invitó a su casa en vacaciones para ayudarme. Fueron 25 días, dos o tres horas cada vez. Después me invitó a ayudarla para enseñar en el Centro de Jubilados de la calle Pestalozzi, y ahora estoy re metido con el tango», dice sonriente, en tanto anuncia que pronto dará clases en el Centro de Jubilados de la calle Crispiniano Fernández.
Ya todo un bailarín empezó a viajar, primero en la provincia, a los centros de jubilados actuando gratuitamente.
Más tarde, con su compañera Dora Verón, participó como invitado en el Festival Nacional de Calle Angosta, en San Luis en cuatro oportunidades, y hasta se dio el gusto de llevar a un grupo de bailarines que denominó «Naranjo en flor».
Anduvo bailando por Santa Isabel, pero también sumó la satisfacción de viajar fuera del país. «Sí, estuvimos en Costa Rica, en la fiesta de los artesanos; después fuimos a Tamarindo y actuamos dos noches contratados en un hotel contratados», puntualiza.
Y vaya si la danza le da satisfacciones, porque del 4 al 7 de noviembre bailaron en Olmué, en Chile, con un grupo que se llamó Milongueros Pampeanos: «En tango individual sacamos primer premio; recibimos un dinero y una invitación para participar por 15 días todo pago en Arica. La verdad es el tango me llena el alma… su música y su letra. Y digo que si no lo amás no lo podés bailar…», concluye.

 

Noche triste.
Era la noche del 9 de marzo de 1992 cuando se produjo un hecho importante. «Ese día nos encontramos con Miyi Regazzoli y Jorge Lezcano, que era su chofer, y decidimos juntarnos en el bunker que teníamos detrás del Motel Caldén».
Sigue Oscar: «Estábamos Petete Juárez, doña Zelmira (esposa de don José), Potro Ramos y Mabel Mario… al rato me fui con el Potro porque habíamos dejando muchachos haciendo pintadas en Avenida Spinetto. Estaba frente a la Terminal con Horacio Escudero (taxista) cuando vimos pasar los bomberos y ambulancias… Él me dice ‘se han pegado un palo terrible’, y le contesto que debe ser un incendio».
Se emociona cuando cuenta. El taxista tomó su auto y fue a ver que pasaba. Al regresar le dijo a Falcon: «Andá a ver que los tuyos tuvieron un accidente…».
«Cuando llegué no lo podía creer… Petete, que antes me había dicho que estaba muy cansado, manejaba… al dar el auto contra una columna en la rotonda del Avión fallecieron doña Zelmira, Petete, y dos nenas… Iban seis personas en el auto y fallecieron cuatro. Lo viví muy de cerca y fue el golpe más duro de mi vida política», cierra.

 

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