Lunes 27 de junio 2022

«Trumpel», un gin con raíces ranqueles

Redaccion 13/08/2021 - 21.01.hs

«Trumpel» es el primer y único gin de origen bien provincial. Juan Ignacio Arias volvió a su Quemú Quemú natal decidido a emprender y encontró en las raíces ranqueles la inspiración para una bebida que ya se vende fuera de la provincia.

 

Carnes, chacinados, lácteos. En los últimos años se sumó la industria del vino con sello pampeano y también las cervezas artesanales de elaboración local. La gastronomía con identidad provincial crece y se amplía y también suma un componente inesperado que ya se impuso con la fuerza de la calidad y la autenticidad. «Trumpel» es el nombre de una bebida que se originó en Europa pero que en La Pampa tiene su propio sabor, el de la chaucha de caldén.

 

«Cuando me puse a pensar en hacer este proyecto, lo primero que quise fue que tuviera una identidad local, que se caracterice por lo pampeano. Elegí el nombre porque los ranqueles le decían trumpel a la chaucha de caldén que es nuestro árbol más representativo, y la chaucha particularmente, luego de molerla y tostarla un poco, tiene un sabor riquísimo, con un aroma a chocolate», describe Juan mientras destapa un frasco que ratifica todo lo que dice.

 

Juan Ignacio Arias Fevrie nació en Quemú Quemú hace 45 años y luego del secundario emigró para estudiar la licenciatura en Administración de Empresas. En 2002 se instaló en la ciudad rionegrina de Cipolletti y comenzó a trabajar en YPF, hasta que emergió una veta emprendedora y esa inspiración le marcó que debía ser en su tierra.

 

«Quería pegar la vuelta al pueblo, venía mascullando el proyecto de hacer algo propio y encarrilar todo por ese lado. Primero pensé en cerveza artesanal pero enseguida vi que había un montón y varios muy buenos, así que me enfoqué en otra cosa y apareció el gin. Empecé a buscar por internet, a instruirme y además se veía que era algo que se venía, que había un crecimiento en el consumo y la producción, de hecho en 2017 y 2018 había un puñado de marcas nacionales y hoy ya son cien», detalla Juan en su propia sala de producción, sobre la ruta provincial 1, en el ingreso a Quemú Quemú, una de las localidades con mayor movimiento industrial de la provincia.

 

«Arranqué con un alambique chiquito y fui probando recetas, le dediqué todo el tiempo necesario a hacer prueba y error, a pedir opinión. A mí siempre me gustó cocinar y hacer recetas, así que hice un montón, hasta que pude decir: ‘ya está, esto es’. Lo mejoré y lo mejoré hasta el punto justo, hoy tengo tres variantes, está el gin clásico, el de infusión de caldenes y uno rosado».

 

«Trumpel» ya se vende en vinotecas y bares de Santa Rosa, General Pico, Macachín, Catriló, Intendente Alvear, Quemú Quemú y en la vecina Trenque Lauquen. Y también empezaron a salir cajas hacia la ciudad de Buenos Aires. El gin tonic, de la mano del ‘boom’ de la coctelería, vive hoy su gran momento y en la capital de la provincia ya funciona una gintonería, un bar especializado en esa bebida alcohólica que se combina con la gaseosa tónica y mucho hielo.

 

Cítricos.
Juan explica el funcionamiento del sofisticado alambique que incorporó a poco de andar el emprendimiento y nombra el enebro, un componente fundamental a la hora de la destilación de un trago que «es ideal para combinar con los cítricos».

 

«El enebro es una planta que produce una baya con un sabor muy particular, parecido al pino, y de ahí viene el sabor original. Se consigue en algunos lugares de la Patagonia y ahora lo que tengo es de Esquel, pero también llega desde India o de algunos lugares de Europa a herboristerías o dietéticas que luego comercializan la planta», señaló Arias, quien agrega que el gin surgió como un derivado de la ginebra y se convirtió en una bebida más refinada.

 

Turismo interno.
En su camino a la mejor receta Juan hizo varios cursos, entre ellos con la destilería Moretti (responsables de Buenos Aires Gin), y hoy es él quien brinda sus conocimientos a quienes se interesan por saber sobre la elaboración de «Trumpel» (Whatsapp 299 – 5117837).

 

«Hace unos días vino un grupo de diez personas de Santa Rosa y Pico, así que armamos una jornada completa, hicimos un costillar para comer y la idea es un poco eso, armar un circuito donde se pueda aprender y pasar el día. Creo que se puede hacer y es algo que la provincia tiene para aprovechar con los distintos emprendimientos, generar un turismo interno con diferentes actividades».

 

Además de las botellas, Juan también ofrece partidas especiales: una caja de madera armada artesanalmente en la que incluye una botella de Trumpel, un vaso y un recipiente para aplicar la medida justa que requiere el gin tonic.

 

«El proyecto, como todo, estuvo atravesado por la pandemia. Hoy parece que vamos saliendo de a poco y la primavera y el verano serán más propicios porque abrirían los bares y demás, así que un producto como el gin tonic puede tener una buena oportunidad. En mi caso estoy preparado para agrandar la producción», se esperanza Juan hacia un presente y futuro bastante más promisorio.

 

Una anécdota pinta de la mejor manera cómo, a veces, una idea que puede parecer risueña luego la realidad la transforma en otra escena. «Al principio, y todavía pasa ahora, cuando decía que iba a hacer gin muchos se confundían y pensaban que me refería al jean, al típico pantalón. Nadie imaginaba un gin pampeano, es algo que lo pensé mucho y mi idea es establecerme definitivamente en este proyecto, creo que tiene potencial. Y por las devoluciones que recibo tiene calidad y me parece importante que tenga este perfil tan pampeano», resalta Juan, tan pampeano como el caldén y su chaucha, el trumpel, como le decían los ranqueles.

 


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