El amor más allá de la heteronormatividad

Redaccion 17/05/2021 - 21.26.hs

El homo, lesbo y trans odio pone al descubierto el enorme miedo a la libertad de quienes se encierran en binarismos que jamás fueron interpelados.
VICTORIA SANTESTEBAN*
El 9 de mayo la ley de identidad de género 26.743 cumplió nueve años y ayer se recordó el Día Internacional contra la Homofobia, la Transfobia y la Bifobia. Ayer también se presentó en el Congreso un proyecto de reparación para personas mayores travestis y trans, para incluirlas en el sistema de seguridad social. En estos días fue noticia además que el cine argentino está rodando la película basada en el libro de Gabriela Mansilla «Yo nena yo princesa», basada en la historia de Luana, la primera niña trans a la que el Estado reconoció su identidad. En mayo también continúa la búsqueda de Tehuel, el joven trans desaparecido desde marzo pasado. Entre cales y arenas, entre avances a pesar de los históricos palos en las ruedas, la mirada del mundo en clave de género es la salida a la opresión laberíntica del patriarcado en demolición.

 

Identidad de género.
La ley 26.473 del 9 de mayo de 2012 es la primera en el mundo en reconocer el derecho a la autopercepción del género, esto es, a que el Estado permita a toda persona a identificarse conforme su interna e individual vivencia del género, que puede o no corresponderse con el sexo asignado al nacer. La ley es pionera en despatologizar y así prescindir de diagnósticos médicos o psicológicos para el ejercicio del derecho a la identidad, otorgándonos así un ejercicio de soberanía y autodeterminación inéditos sobre el propio cuerpo. El texto de la ley obliga al Estado al reconocimiento de esa identidad autopercibida, que podrá registrarse en el documento nacional de identidad sin necesidad de judicialización. Conforme los datos del Registro Nacional de las Personas, en estos nueve años de ley de identidad de género un total de nueve mil personas realizaron la rectificación registral del género, el cambio de nombre de pila e imagen en su DNI. La ley también prevé el acceso a la atención sanitaria integral quedando la cobertura de salud garantizada tanto en el ámbito público como el privado. Sin embargo, a nueve años de esta ley, ser trans o travesti en una Argentina en deconstrucción continúa siendo riesgoso: la expectativa de vida de personas trans y travestis es de 40 años porque vivir al margen del mapa supone exclusiones de la familia, de la escuela, del hospital, del mercado laboral. El mundo planteado por esta legislación que abandona la manera binaria y heteronormativa de ver al mundo contrasta con los datos de transfemicidios, travesticidios, desapariciones, prostitución, discriminación y marginalidad.

 

Miedo a la libertad.
El homo, lesbo y trans odio pone al descubierto el miedo a la libertad de quienes se encierran en binarismos jamás interpelados. Es la bronca de ver desde los barrotes a quienes libres no tienen miedo del único amor posible: el amor en libertad. El 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud retiró de entre sus enfermedades a la homosexualidad, aceptándola por fin como una variación natural de la sexualidad humana. Argentina luego de recuperar la democracia en el ’83, Francia, Estados Unidos y Alemania resultan ser los países en los que el movimiento LGBTIQ+ adquiere mayor protagonismo. No es casual que en esta parte tan austral del mundo contemos con leyes de identidad de género y matrimonio igualitario. De los recientes ochenta hasta aquí, el cambio crucial que importó la despatologización de la homosexualidad para su reconocimiento como orientación sexual comenzó a interpelar discursos médicos y jurídicos que con pretensa cientificidad condenaban al amor no binarie ni hetero, a ese que también las iglesias señalaron (y señalan) de sacrílego. En Argentina, la ley de matrimonio igualitario de 2010 nos ubicó entre los primeros diez países en reconocer legalmente al amor más allá de los cánones heteronormativos, comprendiendo a todas las orientaciones sexuales para la conformación de un vínculo matrimonial.

 

Seguridad Social.
En mayo es también noticia la presentación en el día de ayer del proyecto de Reparación para Personas Mayores Trans y Travestis para incluirlas en el sistema de seguridad social en la Cámara de Diputados, justamente en fecha conmemorativa del Día Internacional contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género. El proyecto tiene por fin último la reparación por las violaciones de derechos humanos de las personas mayores trans y travestis, para garantizar una vejez digna a partir de su inclusión en el sistema de seguridad social. Como las leyes de cupo trans, el proyecto da cuenta de la necesidad de políticas públicas que den la mano con fuerza, que tironeen a quienes al borde del precipicio que supone la marginalidad extrema, encuentren por fin el rescate estatal, de ese mismo Estado que estuvo ausente y fue responsable de la exclusión que ahora salva. Como otra noticia en consonancia, «Yo nena, yo princesa» el libro de Gabriela Mansilla, la mamá de Luana, la primera niña a la que se le reconoció su identidad de género, llega al cine argentino para recorrer desde la ficción la historia real de una madre y su hija. En un contexto de avances, aunque parsimoniosos, en el ejercicio de derechos, la llegada a las pantallas de historias de vidas que han padecido la rigurosidad del binarismo acompaña el proceso de reconocimiento en carne y hueso de todo lo luchado y escrito.

 

Tehuel.
En este contexto es urgente reiterar que Tehuel, un joven trans de 22 años del conurbano bonaerense, continúa desaparecido. Su búsqueda incesante sobre todo por aquellxs tan acostumbradxs a tener que lucharla más que el resto, pone al descubierto los riesgos de las vidas de tantos, de tantas, que desde ese margen, atravesados por su género, orientación sexual, color y clase sobreviven desde los bordes. El ejercicio de vidas dignas, de encarnar derechos y hacerlos propios no puede ser privilegio de unas pocas personas en un Estado que se dice de Derecho. La desaparición de Tehuel es muestra cabal del odio a la identidad de género y orientación sexual que acecha en cada rincón del país a quien tiene que ser valiente para salir a una calle intolerante y perversa, incapaz de sentir el amor en todos los colores.

 

Abogada, magíster en Derechos Humanos y Políticas Públicas.

 


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